José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la Región de Murcia

En el ecuador del pasado siglo, y concretamente en 1951, un grupo de jóvenes entre quienes se encontraban algunos de los refundadores de las Fiestas de la Cruz pocos años después, animados por los Padres Carmelitas del convento de la Corredera, decidieron dar un nuevo impulso a las fiestas que arropaban la festividad litúrgica de la Virgen del Carmen, en el comienzo de la canícula estival caravaqueña.

Mercedes Muñoz Marsilla. La primera Reina del Carmen

Mercedes Muñoz Marsilla. La primera Reina del Carmen

La fecha del 16 de julio había sido celebrada tradicionalmente en la ciudad con doble contenido. Por una parte, era una de las tres fiestas litúrgicas anuales de la Cruz: la del Triunfo, que conmemoraba la victoria de las tropas cristianas frente a los musulmanes, ese día de 1212; y por otra la fecha en que el mundo cristiano celebra la fiesta de la Virgen del Carmen. Tras la desaparición del calendario litúrgico de la fiesta del Triunfo de la Cruz, sólo permaneció en el mismo la conmemoración carmelitana, celebrada en Caravaca desde el S. XVI, en que S. Juan de la Cruz puso y dejó su huella humana y espiritual en nuestra ciudad.

Las Fiestas del Carmen, que sin dura fueron durante décadas las más importantes del año local, tras las dedicadas a la Patrona, la Stma. Cruz, tuvieron un especial auge con la presencia como conventual y prior del convento de la Glorieta, del recordado Padre Amado en los últimos años cuarenta. A él se debe el comienzo de la celebración de las verbenas nocturnas durante la víspera y la fiesta propiamente dicha (con la presencia de María Rodríguez, Pedro José Martínez Nevado, Matías Albarracín y otros músicos que amenizaban la misma). Para ello D. Blas Marsilla cedía la sabina de sus montes con que vestir los palos que sostenían los hilos de los que pendían papelillos, banderitas y bombillas multicolores; y Feliciano Morenilla y su equipo de electricistas se encargaban del montaje eléctrico. A ello se añadía la presencia del “chambilero”, los carritos de helados y el rociado vespertino por el camión cisterna municipal (que conducía el también recordado Ponce), colaborando todo ello a la alegre celebración de dos verbenas nocturnas en La Glorieta, los días 15 y 16 de julio de cada año, en un ambiente totalmente familiar en el que Dª María tocaba el piano del propio Convento, Pedro José el Violín y otros cantaban, bailando las gentes al ritmo marcado por éstos.

También al P. Amado se debió la creación de la Rondalla Carmelitana a la que me referí en el número 343 de EL NOROESTE cuando traté del alma de ésta que siempre fue Paco el López.

La Pía Unión de Sta. Teresita. Cantera de reinas y damas

La Pía Unión de Sta. Teresita. Cantera de reinas y damas

En 1951, el grupo de jóvenes antes mencionado, todos ellos vinculados al convento y sus frailes (entonces los padres José Manuel y Pedro Tomás), quienes animaron el proyecto, decidieron dar mayor realce aún a los días de las fiestas carmelitanas, con la elección de una reina y un grupo de damas que integraran la corte de honor de la misma. Se eligió como reina a Mercedes Muñoz Marsilla, una preciosa muchacha prototipo de la mujer caravaqueña de todos los tiempos, y como damas a su hermana Victoria, Marisa Nevado, Maruja Asturiano, Carmen Reinón y Carmina Sánchez Robles, todas ellas muy cercanas física y espiritualmente al Convento a través de la Pía Unión de Santa Teresita del Niño Jesús. Junto a ellas, pero en la organización, otro grupo de varones, amigos de aquellas, entre quienes se encontraban Manolo Marín Fuentes, Eladio Sala, Paco Muñoz Marsilla, Pedro el Caillo, Manolo Mané, Juan Miguel Guerrero, Rosendo López Bolt y Emilio Robles, junto a otros. Con ello se consiguió aportar colorido, juventud y alegría a la hasta entonces exclusivamente celebración religiosa de la fiesta, la cual en nada se vio afectada por la incorporación de elementos hasta ahora extraños a la misma.

La participación de la Reina y Damas se limitó aquel año, y en los inmediatamente posteriores, a asistir al ejercicio de la novena la víspera y el día de la fiesta, a su presencia destacada en la procesión el 16 de julio, y a presidir las verbenas. Con el paso del tiempo se incorporarían otros actos como la ofrenda de flores, la presentación pública en el teatro y la organización de juegos populares callejeros.

Tampoco la indumentaria fue uniforme aquel primer año, sino que cada una de ellas vistió como quiso, eso sí: tocadas con mantilla blanca, que sustituía al velo o pañuelo en la cabeza, con que las mujeres asistían a los actos religiosos, bien tuvieran lugar en el interior del templo o en la calle. El vestido blanco de reina y damas vino, también después.

Aquella aportación prendió con fuerza entre la sociedad caravaqueña, ávida de transformaciones sociales, como pocos años después se pudo comprobar con la reconversión de las Fiestas de la Cruz; y durante medio largo siglo prosiguió habiendo una reina y corte de honor, animando con su presencia las Fiestas del Carmen. Fueron muchas las reinas y las damas que, a lo largo del tiempo, se han sucedido. Entre aquellas Carmen Reinón, Caridad García-Esteller, María Teresa López Bolt; Carmen y Marianita López, María Engracia Hervás,  Pilar Marín, Carmen Tudela, Mari Cruz Carrascal, María Encarna Pérez Muñoz. Mari Carmen López Navarro, Miriam Teruel, Olga Melgares, y más recientemente Lali Juárez, María de León, Rebeca, Eva y Susana Villanueva Sánchez, y Mari Carmen Sánchez Alarte, junto a otras muchas cuya relación es imposible en un texto de limitada extensión como este.

Aquel año de 1951, los padres de la reina: Tomás Muñoz Gor (conocido popular y cariñosamente como Tomasín) y Pascuala Marsilla Muñoz, obsequiaron a la corte de su hija y organizadores, con un día de asueto en su finca de Guarinos, hasta donde todos se desplazaron en la caja de una camioneta, seguramente cedida por  el Picaor, transcurriendo la jornada en alegre camaradería y dando buena cuenta de un cordero asado en el campo.

Como se ha dicho, el esquema festivo descrito se vino repitiendo con ligeras variantes durante más de cincuenta años, con otros protagonistas y la incorporación de los recordados maromos o acompañantes masculinos. Con periodicidad anual (aunque no continuada), se editaba una revista con colaboraciones históricas y literarias, financiada por el comercio local, y se organizaron actos de presentación en el Gran Teatro Cinema (que para el efecto cedía gentil y gratuitamente la empresa Orrico), y luego en el Tuhíllier, de gran brillantez y calidad estética.

Durante el período de mandato como Superior de la Comunidad Carmelita  de la Glorieta del P. Eduardo Sanz de Miguel, hace un lustro, y debido al camino que había tomado la corte de reina y damas de honor, alejado totalmente del espíritu y formas iniciales en el viejo proyecto tantos años aceptado, se decidió prescindir de ello, quedando para el recuerdo lo que antaño fue y ya no es, pero que podría volver a ser si se encuentra la justa medida entre el proyecto original y lo que a él se ha ido aportando con el discurrir de los tiempos.