Juan Gutiérrez García

Este año se conmemora el VIII Centenario del nacimiento de Alfonso X el Sabio (23 de noviembre de 1221), rey de la Corona de Castilla entre los años 1252-1284. Fue uno de los reyes castellanos más carismáticos de la baja Edad Media y un estudioso de las ciencias del saber.

Sentó las bases del estado moderno con reformas económicas y la promulgación de numerosas leyes, como el Fuero Realy Las Siete Partidas. Creó el Honrado Consejo de la Mesta. Impulsó la Escuela de Traductores de Toledo y fundó las de Murcia y Sevilla con la traducción de numerosos textos del latín, judío y árabe al castellano. Escribió numerosos libros y textos literarios destacando las Cantigas de Santa María, la Estoria de España, las Tablas Alfonsíes, el Lapidario, también libros de juegos y magia.

Pero dejemos al rey sabio con sus viejos manuscritos y retrocedamos a su juventud. Allá por 1243, siendo infante, Alfonso enviado por su padre el rey Fernando III el Santo, se dirigía con su hueste al-Andalus a la conquista de nuevas tierras. Estando en Toledo, se presentó una embajada de la Taifa de Murcia encabeza por el hijo del emir murciano Ibn Hud y un buen nutrido séquito de arráez (alcaides) para ofrecerle la capitulación del reino a cambio de protectorado frente Aragón y Granada. Esto cambió el rumbo del infante y en abril se encontraba en Alcaraz firmando la capitulación del Emirato de Murcia.

Esta capitulación tiene su origen a principios de enero de 1238 cuando fue asesinado Ibn Hud al-Mutawakkil, líder de los musulmanes españoles y emir de Murcia, a manos de su amigo el valí de Almería. Su muerte dejó al-Andalus dividido y la taifa murciana sumida en una profunda crisis política. En menos de año y medio pasan por el trono murciano tres reyezuelos incapaces de imponer el orden en el territorio: Al-Wâtiq hijo del asesinado Ibn Hud, enero 1238; Ibn Jattab, agosto 1238; Zayyân Ibn Mardanix, abril 1239.

El caos y anarquía se apodera del reino y el verano de este año, Orihuela proclama su independencia, poco después lo haría Lorca, le seguirían Cartagena y Mula. Ante el rumbo que habían tomado los acontecimientos en la taifa murciana, en 1241 un hermano del asesinado Ibn Hud, del mismo nombre que este e intitulado Bahaodaula, se levanta contra Zayyaninstaurando nuevamente la dinastía hudí en Murcia. Aunque consigue someter al arráez de Orihuela y poner fin a la revuelta de otras medinas, la debilidad de su hueste no le permite acometer otra batalla contra las «taifas» independientes de Lorca, Cartagena o Mula. La impotencia de Ibn Hud Bahaodaula de unificar el territorio, junto con la inestabilidad fronteriza que vive el emirato murciano, le lleva pactar con Castilla.

Los acuerdos fundamentales de esta capitulación serían: protección del territorio ante posibles invasores, respeto a su religión, costumbres, bienes y leyes. A cambio, los musulmanes murcianos pagarían en vasallaje una cantidad de parias y la entrega de las fortalezas. El 1 de mayo de 1243, el infante Alfonso al frente de su hueste hacia su entrada triunfal en la capital del reino sin tan siquiera haber desenvainado la espada. Tomó posesión de los alcázares y abasteció de guarnición los castillos y lugares «en todo el reyno de Murcia, saluo Lorca et Cartagena et Mula que non se quisieron dar nin entrar en la pletesia que los otros» (Crónica General, cap.1060)

Después de dejar los castillos abastecidos de tropa castellana, el Infante se dirige a la conquista de Mula, pero «Mula es villa de grant fortaleza et bien çercada, et el castiello della es commo alcaçar alto et fuerte et bien torrado.» (Crónica General, cap.1065) Ante la dificultad que ofrecían sus murallas y fortaleza, el Infante Alfonso decide no acometer acción alguna y regresa a la Corte. Antes de partir, deja una mesnada de hombres de a caballo para saquear los campos, huertos y aguas de la villa con el ánimo de ir quebrantando la voluntad de sus moradores.

En febrero de 1244, el Infante Alfonso regresa de nuevo al Reino de Murcia acompañado de los maestres de las órdenes militares de Santiago y el Temple y con «grant recua et gran conpanna» para someter las plazas rebeldes. Después de abastecer de vituallas y guarnición los castillos del reino, se dirige con el grueso de tropa al cerco que mantenía su hueste sobre Mula desde el año anterior. Seguramente, el campamento estaría levantado en alguna zona dominante no alejada del río en previsión de un largo cerco. Con la llegada del infante se intensifica el asedio con el fin de asfixiar aún más a los musulmanes muleños impidiendo el suministro de alimentos y agua.

Mientras los muros de la ciudad eran atacados con máquinas de guerra como catapultas, ballestas o trabuquetes, se hacía una cava por mediodía. A medida que pasan los días, los meses, la vida en el interior de las murallas se va haciendo más insostenible. El asedio, enfermedades y hambruna van debilitando la voluntad y capacidad defensiva de los moradores de la villa.

Enterado el Infante de la situación desesperada de los muleños, mandó a sus mensajeros a pleitear con el caudillo de la independiente villa de Mula. Los mensajeros, al pie de la puerta de levante comunican al arráez, Albohazen Belcli, las condiciones para que entregue la villa o la entrarían con las armas. El alcaide, lejos de amedrentarse les contesta desafiante y burlón «que ganaría la villa cuando la mula pariese». Informado el infante de la altanería del moro, dio orden de tomar la villa a sangre y fuego y echó sus huestes sobre ella.

«Mientras algunos peones asaltaban las murallas con escalas y otros ingenios, por oriente (Puntarrón) atacaban los hermanos Zapata y Párraga, caballeros de Santiago, acaudillando a la gente de Cuenca y Zamora derribando las puertas con arietes y palancones, a tanto, una lluvia de flechas cayó sobre ellos y algunos fincaron muertos. Por la puerta de Mediodía (Gradas del Carmen) los primeros que entraron espada en mano fueron los Dato y Saavedra, también de hábito, con las gentes de Galicia y Castilla, y entraron con tanta furia que todo lo llevaban a sangre y fuego. Las huestes de las montañas acaudilladas por los Melgarejo e Ibarra aguardaban en la puerta de poniente (Esquina Palacio) la huida de los moros y muchos fincaron muertos». (Escritura de Población Mula, año 1306)

Así fue ganada la «taifa» de Mula el 23 de mayo de 1244 por las gentes del Infante Alfonso. A continuación «echó a los moros salvo unos pocos que dejó en el arrabal». La repobló de cristianos viejos; de la mejor gente y más noble que venía en su compaña; con ochenta caballeros de armas y un nutrido grupo de peones para defender la plaza reconquistada que había quedado en medio de un territorio hostil dominado por los musulmanes.

«E qe los que quedaron de pobladores se repartieron las moradas, tercias de siembra, huertos frutales e se les dieron otras mercedes. (…) Consagró las dos mezquitas que tenían dentro de la población e las hicieron iglesias, una en onra e gloria de San Miguel, e la otra, en onra de Santo Domingo de Guzmán, (…) Después puso alcaides, rexidores alguaciles e de más cargos para el gobierno e guarda del castillo e villa (…) e le confirmo el nombre de Mula en memoria de la arrogancia del moro.» (Escritura de Población de Mula, año 1306)

Mula fue la única plaza que el infante Alfonso ganó con las armas. Esto le valió el favor regio y un año más tarde Fernando III el Santo y su hijo le concedían el Fuero de Córdoba firmado en Jaén el 8 de agosto de 1245, el primer privilegio rodado del Reino de Murcia. Al igual que Córdoba, los nuevos pobladores tenían derecho de elegir a su alcalde y miembros del concejo todos los años en vísperas de san Juan. A nombrar juez de justicia, escribano y otros oficios. A no pagar peaje y portazgo de sus productos en todo el reino, salvo en Murcia y Toledo. También le concedía el derecho de tener sello y pendón.

Aparte del mencionado Fuero de Córdoba, en su primer viaje como rey a Murcia, Alfonso X concede a Mula las aldeas de Pliego y Bullas con sus castillos, así como todas sus rentas, derechos, heredamientos, ríos…, privilegio otorgado en Murcia el 22 de julio de 1254. En el siguiente viaje de 1257, le entrega el lugar de Campos en las mismas condiciones con privilegio firmado en Alpera el 4 de julio. Con carta fechada en Sevilla a 31 de mayo de 1266, Alfonso X concedía a Mula el derecho de no pagar portazgo de sus productos en Murcia. Por estas mismas fechas también le otorga el derecho de tener mercado los viernes y la dehesa de Caxitán con sus pastos.

Alfonso X el Sabio fue el personaje más importante para la Mula cristiana a lo largo de la baja Edad Media. Sin embargo, han pasado casi ocho siglos de esta epopeya histórica y el pueblo de Mula nunca homenajeó la figura del infante como se merece: que menos que una estatua o una plaza. Pero no, este pueblo «agradecido» con el legado histórico que nos dejó el rey sabio, le dedica una calle en la periferia del pueblo que aún no existe y quizá no veamos nunca. Hora va siendo que el callejero nos traslade y recuerde la rica historia medieval de la villa de Mula.