PEDRO ANTONIO GARCÍA HURTADO

La carta de despedida de su hijo Lorenzo, como reconocimiento a su madre y merecida valoración Concha García Campoyde sus cualidades como tal, como periodista y como persona, fue verdaderamente impactante, colmada de sentimientos de hijo y con connotaciones de despedida para siempre repleta de sentimientos en los que rememoraba algunas de las muchas vivencias con ella mantenidas. Todo un ejemplo de sentimiento real de un hijo y un merecido y cariñoso reconocimiento a su querida madre, una carta de la que entresacamos, solamente, un intenso párrafo al que no hay que añadir nada: “No se me olvidará cómo siempre me contabas con envidia sana cómo celebraban muchos amigos tuyos la muerte, y no era otra forma que recordar con la mayor felicidad posible los buenos momentos vividos con esa persona. Y es un ejercicio que intento hacer conmigo mismo: sentirme orgulloso de la madre que he tenido y de lo feliz que he sido a su lado. No puedo evitar recordar momentos y momentos constantemente”. Unos impactantes contenidos que cerró con la gráfica frase siguiente:Te quiere tu niño, tu tesoro, tu vida. Hasta siempre mami”.

 

            Nos estamos refiriendo, como habrán adivinado los lectores, al reciente fallecimiento de la muy respetada, siempre valorada y, todavía, joven periodista Concha García Campoy (Tarrasa28-05-1958 – Valencia10-07-2013), quien con nada más que 54 años y en plena brillantez profesional, tras debatirse, desde Enero de 2012, con la cruel enfermedad de la leucemia que le complicó su trayectoria profesional y su existencia, nos abandonó para siempre nada más publicarse el número anterior de “El Noroeste”, por lo que no podíamos dejar de dedicarle este espacio, en forma de respetuoso obituario, al ver la luz, nuevamente, esta publicación.

 

LA VERDAD Y EL RIGOR INFORMATIVO

COMO PRINCIPIOS PROFESIONALES

 

            Concha García Campoy fue siempre una mujer valiente, decidida y consecuente con sus actuaciones, pero sobre todo progresista y comprometida con sus principios profesionales amparados en las buenas prácticas, la claridad de ideas, el trabajo bien hecho y el respeto a los demás, sin decantarse nunca por nada ni por nadie, salvo por la verdad y el rigor informativo.

 

“A VIVIR, QUE SON DOS DÍAS”,

SU PROGRAMA ESTRELLA EN LA CADENA SER

 

            Pero, sobre todo, fue una mujer valiente, de mente muy despejada y cabeza perfectamente amueblada que, en pleno éxito televisivo y apareciendo diariamente en el informativo de la cadena pública, tuvo el arrojo de abandonar esa exitosa tarea para buscar experiencias, aventuras y placeres profesionales en la radio, su gran pasión. Fue, entonces, cuando se incorporó al matinal de fin de semana de la Cadena Ser titulado “A vivir, que son dos días”, un magacín por el que han pasado muchos profesionales como presentadores y conductores del mismo, pero pocos han aplicado el nivel de cercanía, esplendor, importantes incrementos de audiencia y nivel de aceptación que, otros compañeros posteriores, solamente se han tenido que limitar a mantener y, si acaso, ir incrementando al rebufo del boca a boca de su millonaria audiencia, consolidada en la época en la que su conductora era la fallecida periodista catalana.

 

            Se ocupó y preocupó de potenciar los espacios culturales, dentro del programa, con la divulgación de nuevos libros, reseñas sobre la publicación de las últimas novedades discográficas, entrevistas a escritores y autores culturales de todo ámbito, así como una minuciosa y muy cuidada selección de sus invitados, sin olvidarse de la participación popular a través de las líneas telefónicas y los diferentes medios que iban ofreciendo las nuevas tecnologías, aspectos en los que fue pionera y con los que se consagró como joven periodista, ya que su edad, en aquel momento, le otorgaba juventud envidiable y, al mismo tiempo, un respeto profesional que muchos hubieran querido para sí.

 

EXIGENTE, CON ELLA MISMA, COMO CON NADIE

 

            Porque Concha García Campoy cuidaba al máximo sus entrevistas, las preparaba con mimo y minuciosidad hasta perfilar el último detalle, medía los tiempos al segundo, calculaba la repercusión y se presentaba a las mismas con contenido sobrado para poder ejercer cambios de rumbo sobre la marcha, según las respuestas obtenidas y el mandato de la actualidad más palpitante y rabiosa. Profesional como la copa de un pino a la que se le encargaron misiones importantes por la confianza que las empresas de comunicación a las que perteneció depositaron en ella, pues tuvo que encargarse de entrevistas a personajes de relevante altura, tanto en el mundo de la política, como de la economía, empresa, cultura, deportes, sociedad y otras muchas disciplinas. Y, siempre, con una brillantez, un sosiego, una tranquilidad aparente y una profesionalidad incuestionables.

 

            Sabía muy bien lo que llevaba entre manos y hacía sencillo lo complejo, entre otras cosas por sus grandes virtudes humanas, pues se alejaba de protagonismos innecesarios, sabía dar siempre un paso atrás, mantenerse en segundo plano y no restarle ni un ápice de pantalla o micrófono a su entrevistado, lo que ponía de manifiesto, además de una gran humildad, una inteligencia extraordinaria volcada en engrandecer su trabajo antes que engrandecerse a sí misma, porque sabía que logrando lo primero, lo otro llegaba de forma natural.

 

UN ICONO DEL PERIODISMO SERIO Y RIGUROSO DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XX Y LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XXI

 

            A esta mujer, que nos ha dejado para siempre, podemos catalogarla como un icono del periodismo serio y riguroso del último cuarto del siglo XX y la primera década del siglo XXI, ya que fue en la Cadena COPE, en Ibiza, donde comenzó su trayectoria profesional en el año 1979, con solamente 21 años, un comienzo con el que fue escalando peldaños y elevándose a sí misma con programas como “Las mañanas de Radio 1” (RNE), “Antena pública” (Cope), “Días de radio” (Antena 3-Radio), “Noches de radio”, “La Brújula” y “Hoy es domingo” (los tres, en Onda Cero), “Campoy en su punto” (Punto Radio) y su programa estrella antes mencionado de la Cadena Ser. También estuvo, en lo que a televisión se refiere, en “La 1” y “La 2” (de Televisión Española), Telecinco y Cuatro. Una trayectoria amplia, colmada de éxitos, llena de reconocimientos y no exenta de premios, lo que pone de manifiesto una vida plagada de trabajo incesante, henchida de creatividad y siempre presidida por un afán perfeccionista y de pulcritud que el tiempo, el público y las empresas de comunicación en las que ha trabajado, así como la sociedad lectora, oyente y televidente, deberemos reconocerle y premiarle con el más alto galardón profesional que pueda concederse a una comunicadora de su talla, su dedicación y su alto nivel de autoexigencia, reconocimiento que habrá que sumar a sus Premio Ondas, Micrófono de Oro y algunas Antena de Oro que recibió en vida.

 

CONCHA Y LA FAMILIA

 

En el aspecto personal y familiar, cabe recordar que su familia era de origen andaluz y que son sus hermanos Francisco y Asunción. Con el abogado ibicenco Jaime Roig estuvo casada, en primer lugar. Posteriormente, lo estuvo con el sociólogo manchego Lorenzo Díaz, quien se convertiría en el padre de sus dos hijos, Lorenzo, nacido en 1992 y Berta, en 1998. Tras separarse de este último esposo, en Octubre del año 2000, recompuso su vida sentimental junto al productor de cine Andrés Vicente Gómez, pero su vida privada siempre la mantuvo al margen de la profesional, no vendiendo exclusivas y queriendo ser discreta en todo momento para demostrar, como siempre hizo, una coherencia, profesional y personal, verdaderamente envidiable.

 

COMO SI ELLA FUERA LA QUE EMPEZABA EN LA PROFESIÓN

 

Hace unos años, tuve la oportunidad de coincidir con ella, en el Museo del Prado, en Madrid. Le saludé y me correspondió como si nos conociéramos de toda la vida, concediéndome la agradable oportunidad de charlar durante un largo rato, manifestarle mi afición y vinculación con el mundo de la comunicación e interesándose en la conversación como si ella fuera la que empezaba en la profesión, lo que levantó mi admiración para siempre y realzó su sencillez, simpatía, saber estar y sentido social por encima de popularidades o mitos que otros crean y potencian en torno a sí mismos.

 

            Como dijo en el propio velatorio Manuel Campo Vidal, compañero y amigo, además de uno de los mentores profesionales de la fallecida, “el periodismo español ha quedado empobrecido con la desaparición de Concha García Campoy”. Y es que, indudablemente, era una mujer envidiable, una periodista de altura y una persona que engrandeció la profesión y se hizo grande a sí misma con esa actitud. Una mujer que, quizás en una premonición de vida, quiso proclamar siempre con alegría y convencimiento, adelantándose al destino, eso que muchos escuchamos y hasta pronunciamos, pero no con el entusiasmo que ella lo hacía, ni respetando toda su intensa dimensión. Nos referimos a su famoso, sólido e incomparable “A vivir, que son dos días”. Las cenizas de la periodista, ahora, ya reposan esparcidas en la isla de Ibiza, donde tuvo lugar su primera incursión radiofónica.