Antonio Luis Terrones

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En la Filosofía, al parecer, siempre existe una constante en el tiempo, sobre todo en las últimas décadas, y más aún si cabe, en los últimos años. Esa constante tiene que ver con la justificación de la importancia de la Filosofía en el mundo actual y con la pertinencia, y necesidad, de su presencia en el ámbito educativo. No es esta una empresa aparentemente fácil para las personas que dedican su vida a la Filosofía, pues la diversidad de apreciaciones y postulados que giran en torno a este desafío aclaratorio, destacan por no encontrar, a veces, ya que existe dificultad, un denominador común. Sin embargo, no hay que dejar de insistir en este asunto, pues aquello que llamamos Filosofía en la cultura occidental, ha sido fruto de una incesante construcción en el transcurso de los siglos. Por lo tanto, es necesario ofrecer una contribución a los pilares de dicha construcción desde la óptica del presente.

En la obra Sin fines de lucro, Martha Nussbaum señaló con acierto la importancia de las humanidades para enriquecer las actividades humanas y la necesidad de revertir una situación que ha supuesto una suerte de arrinconamiento de estos saberes esenciales para nuestra historia. En ese sentido, en el ámbito de las humanidades, la Filosofía contribuye  en las actividades humanas desde un enriquecimiento intelectual, pues se sitúa en la senda de la reflexividad y permite enfrentar y esclarecer ciertas problemáticas para las cuales otras disciplinas no se encuentran propiamente dispuestas. Si establecemos un hilo conductor entre la Filosofía y las actividades humanas, puede destacarse un aspecto fundamental que resulta de gran importancia en la actualidad debido a diversas exigencias que son trascendentales. Ese aspecto fundamental hace referencia al sustrato hermenéutico de la filosofía y su aplicación crítica en las actividades humanas para destacar aquellos aspectos que comúnmente, y por diversas causas, entre las que puede encontrarse el sonambulismo tecnológico actual, destacado por Langdon Winner, o las limitaciones de cada campo del saber, no son habitualmente señalados. Así pues, el carácter hermenéutico crítico de las actividades humanas promovido desde la Filosofía contribuye a un esclarecimiento de determinados aspectos que se encuentran ocultos por diversos motivos y que no son percibidos con cierta facilidad.

Este fundamento hermenéutico crítico que ofrece la Filosofía para las actividades humanas puede ser promovido en el ámbito educativo a través del cultivo de un ethos filosófico. Por ello es esencial impulsar la enseñanza de la Filosofía en los sistemas educativos de diversos campos del saber y niveles, no exclusivamente en la educación secundaria. Estoy pensando también en las edades comprendidas en la educación primaria y en los estudios superiores universitarios y técnicos. Así pues, la Filosofía ejerce un papel enriquecedor de las actividades humanas por medio de la forja de un ethos para comprender los fenómenos de la realidad que ocurren frente a nuestros ojos.

Esta función de promover un enriquecimiento de las actividades humanas en términos de una hermenéutica crítica y el cultivo de un ethos comprensivo en el terreno fenomenológico, sitúa a la Filosofía en el espacio público. Lo público entendido, no como la categoría que adquieren la propiedades del Estado o las instituciones públicas, sino como un espacio de confluencia cívica entre las esferas que conforman la compleja realidad de nuestras sociedades (Estado, academia, mercado y la sociedad civil y sus instituciones). En ese sentido, la educación filosófica permite la formación de un ethos caracterizado por la cercanía y la predisposición para la compresión crítica de los fenómenos y las actividades humanas. Es importante destacar el valor que adquiere la Filosofía cuando ejerce una función pública de carácter cívico, fundamentalmente enraizada en la hermenéutica crítica.

Por lo tanto, un espacio para observar el despliegue de la matriz filosófica estriba en la práctica educativa y por lo tanto ahí podría encontrarse un inicio para justificar la utilidad de la Filosofía para el ser humano. Una utilidad fundamentada en la empresa del desocultamiento, del develamiento de aquello que aparece y se impone frente a nosotros y demanda una comprensión necesaria para dotar de sentido a la vida. La Filosofía enriquece la educación favoreciendo el descubrimiento de aquello que se muestra y que si no es sometido a un ejercicio hermenéutico de carácter crítico, permanece invisible para nuestro conocimiento. La Filosofía y su carácter, propiamente dicho, permiten acceder a un mayor y mejor conocimiento de la realidad, pero no solo eso, sino a una abundancia original y una problematización no habitual. En definitiva, es importante destacar la necesidad de reivindicar la Filosofía y su carácter como una disciplina del conocimiento ineludible para la generación de conocimientos esclarecedores sobre la realidad, y también su presencia y despliegue en el contexto educativo como un espacio valioso para el ser humano.