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La Pava: de escuela vaciada a punto de encuentro

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

La Pava: de escuela vaciada a punto de encuentro

Nicolás Sánchez Martínez

Recuerdo haber llegado a estas tierras en mi adolescencia, acompañando a mi padre en su trabajo. La carretera hasta el campo de Béjar era una eterna serpiente de piedra blanca y el camino hasta el Pajarejo era poco más que un sendero de baches y barro helado.

Eran tiempos duros, temerosos, fríos y oscuros.

Recuerdo el humo en todas las chimeneas de todos los cortijos y todos habitados. Todavía paladeo las sabrosas migas, que en alguna ocasión amablemente nos obsequiaban aquellas muy humildes, dignas y sacrificadas familias. También recuerdo pasar por la puerta de una escuela y me imaginaba algún maestro cuasi desterrado y abandonado, abrazado a una férrea vocación y que cada mañana recibía, cuidaba y enseñaba a decenas de niños que llegaban caminando de todos los caseríos dispersos por el Campo de Béjar. Era una escuela nueva, rebosante de vida nueva.

Eran tiempos duros, temerosos, fríos y oscuros.

Ahora, décadas más tarde, tengo la suerte de caminar por estos parajes y disfruto de su cielo azul eléctrico y cautivador, que se duerme en unos montes eternamente verdes. Recorro campos de cereal o me pierdo entre mágicos colores de hileras de aromáticas.

De nuevo me he reencontrado con la antigua escuela, transformada en un entrañable bar familiar convertido en un punto de encuentro de muchos de aquellos niños, hoy hombres y mujeres que fueron expulsados de su tierra para poder buscarse la vida. También recibe a los vecinos que estoicamente se aferran a sus raíces. Da cobijo al caminante amante de la naturaleza. Reconforta al deportista exhausto por el esfuerzo. Acoge a nuevos vecinos ciudadanos del mundo. Alegra al turista rural y nos abraza y mima a moratalleros que, aunque enamorados de nuestras pedanías, hemos vivido ajenos a ella.

Ha renacido, de nuevo, la escuela como punto de encuentro; cuna de amistad, vecindad, solidaridad y resiliencia. Gracias a un corazón fuerte, respetuoso y enamorado que forman dos antiguos alumnos: Loli y Paco.

Paco y Loli. Gracias por vuestro calor, alegría y amabilidad. Ojalá que sobrevivan muchos corazones como el vuestro y podamos devolveros lo que tanto os debemos y contribuir a recuperar esas, mal llamadas, tierras vaciadas, cuando tendríamos que decir olvidadas y maltratadas.

La Pava: de escuela vaciada a punto de encuentro

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