FRANCISCO MARTÍNEZ

Espero no hacer un spoiler a nadie si digo que la película Titánic termina con el trasatlántico hundiéndose en las frías aguas de Terranova, que nadie me diga que le he fastidiado el final porque es algo que ya se sabe desde 1914, año de su hundimiento.

 Pero imaginemos que ese trasatlántico se llamase “Educación”, y que ya hubiese iniciado su fatídica singladura hacia ese iceberg que podríamos llamar “septiembre”. En estos momentos “Educación” se encontraría navegando en medio de la espesa niebla de la noche, y sabemos que, entre esa oscuridad, el inmenso bloque de hielo, frío y afilado, espera paciente la llegada del barco para desgarrarlo con su garfio de escarcha, y todos lo intuimos, y contenemos la respiración, como en la crónica de una muerte anunciada.

El puente de mando de ese otro Titánic,  ha comenzado a recibir mensajes de otros barcos advirtiendo sobre el gigantesco iceberg, pero el capitán Edward J. Smith, cree que su barco es insumergible y se retira a su camarote.  A las 23:40 horas el barco indestructible chocará contra el iceberg. La noche es clara, pero la luna no brilla, los vigías solo podrán ver el iceberg cuando esté delante de ellos, aunque ya hemos dicho que desde otros barcos han estado avisando de su proximidad. Sin embargo, todo parece estar escrito, es como si los personajes fuesen incapaces de cambiar el guion, como si el destino ya estuviese trazado en el cielo de esa noche estrellada.

Se dará la señal de alarma y se ordenará virar a estribor, pero ya no habrá margen para realizar la maniobra. Pocos segundos después el trasatlántico chocará contra el iceberg por su lado derecho, tal y como estaba escrito.

En un principio los pasajeros no se darán cuenta de la situación porque el golpe apenas se notará, pero a las 00:05 horas los botes salvavidas ya estarán siendo desplegados y cinco minutos más tarde los operadores de radio habrán comenzado a  realizar desesperadas llamadas de emergencia. Dos horas y cuarenta y cinco minutos después de la colisión, la nave se habrá hundido por completo.

Cuentan los supervivientes del naufragio que la orquesta del barco continuó tocando a pesar de la angustiosa situación: “fue un honor tocar con ustedes” les dijo su director Wallace Henry Hartley, antes de tocar   “Nearer, my God, to Thee