PAQUI VALERA LÓPEZ
Lo cierto es que no nos encontramos precisamente en la época de la dolce vita. Sin embargo, a pesar de que siempre destacamos los aspLa Dolce Vitaectos negativos de nuestra España, tan suya, a mí hoy me apetece determinar que nuestro país no es tan, tan malo como lo pintan.
Y esto lo digo precisamente porque España es una especie de circo, y qué mejor que el humor para paliar el dolor que causa una crisis de semejante repercusión como la actual, ya no solo económica, sino también cultural y social. Lo cierto es que puede que a los españolitos no nos resulte muy gracioso que nuestra idolatrada península sea el caldo de cultivo de espectáculos muy variopintos. Sin embargo, en el extranjero es toda una novedad y, claro, ciñéndonos a lo vigente es obvio que no nos tomen en serio. Somos el hazmerreír de nuestros convecinos, y no es de extrañar con la parafernalia que tenemos montada.
Quizá la imagen que proyectamos al exterior sea como la de las  sombras de la cueva platónica, que solo mostraban el mundo sensible, sin dar paso a poder apreciar el inteligible. No lo sé. Lo cierto es que España es un país en el que el virtuoso tiene que ocultarse para no ser descubierto de ningún modo (pues otra de las maravillosas características de los españoles es la capacidad de inventarse multitud de  defectos del prójimo, de cualquier índole) y en el que el ladrón campa a sus anchas, delinquiendo sin mesura alguna. Somos los reyes de los paraísos fiscales. El cielo será nuestro completamente, estoy segura. Qué curioso, hasta el mismísimo cielo hemos sido capaces de adquirir.
El magnate humano, y más concretamente el español (por cierto, muy bajito), está llegando a ser un ente muy, muy poderoso. Ya decía con frase acerada el padre Miguélez, tal y como aparece en “El Jardín de los Frailes” de Manuel Azaña, que no era necesario que el septentrión los lanzase, pues los bárbaros se hallaban en España. Dicho y hecho, así es.
Además, otra de las principales virtudes de nuestra España es la dieta mediterránea, la más saludable de todas. Quizá por eso no se requieran personas cualificadas pertenecientes al gremio de la salud y estemos emigrando a gran escala, dejando relegada a España a un mero pueblo fantasma. Anda, otra ventaja, se podrán grabar películas de terror, nos convertiremos en la nueva Españolywood. Quizá dé empleo a los ancianos jubilados que tienen tanto tiempo libre. La juventud, claro, estará en “La Conchinchina” buscando un plato que llevarse a la boca. C’est la vie.
Y otro de los aspectos más destacables de nuestro país es la cultura, una cultura que ha sido desarrollada muy intensamente en siglos previos y que nos ha dejado un legado espléndido, qué duda cabe. Tuvimos la gran suerte de que en España naciese y viviese el manco de Lepanto (no podía evitar hacer alusión a los apodos, tan frecuentes aquí, hoy soy muy autóctona), o sea, Cervantes, y que aquí escribiese la obra más importante de la historia, porque sí, ese libro tan, tan gordo lo es, una maravilla: El Quijote, el loco más cuerdo de todos.

Y por todo ello, como regalo a su enorme contribución nuestro querido Cervantes está enterrado, si así puede llamarse, en una fosa común, para mayor escarnio, situada en una calle llamada Lope de Vega, su enemigo enérgico, así como lo fueron Quevedo y el hombre que se hallaba pegado a su nariz, Góngora. Incongruencias de nuestra Españajá. Qué risa, ¿verdad?
Ya es hora de que nos tomen más en serio, somos un país muy, muy valioso. Aún un diamante en bruto, pero un diamante, que es lo primordial. Somos payasos que simulan ser personas halladas en una normalidad muy relativa. ¿Por qué negar lo evidente e intentar ocultar que somos payasos? No hay nada más sano que el humor, y la sonrisa, reporta, de hecho, muchísima satisfacción y, en última instancia, felicidad, el objetivo último de todo ser humano, entre el que también se encuentra el español hasta que no se demuestre lo contrario.
Dicho esto, pues, feliz noviembre. Nos seguimos viendo en el circo. ¡Voilà, se cierra el telón!