LUIS CANTÓ

FOTOGRAFÍA: JUAN DE DIOS MORENILLA

El 30 de Junio de 2018, la ermita de la Encarnación nos abrió sus puertas para un acto de carácter singular.

Amparados en la oscuridad de la noche, en lo alto de una loma, solo se atisba la antigua ermita iluminada en el silencio del bosque, situada a las faldas de la sierra de las Cabras, rodeada de antiguos vestigios de nuestros pueblos, de nuestros ancestros, enclave, testigo de hechos pasados, de piedras que hablan de una remota historia, nuestra historia aún palpitante.

Coro sobre basamento romano. Foto JD. Morenilla

Coro sobre basamento romano. Foto JD. Morenilla

El templo, sobrecogedor, iluminado por la luz de unas velas centrales, se dispone a introducirnos en un acto de historia viva. Sus piedras volverán a escuchar, su bóveda a esculpir la música de antaño.

Durante una hora, la Schola Gregoriano nos transporta a tiempos remotos, tiempos en los que nuestras tierras eran territorio fronterizo con el reino granadino. Sumidos en los antiguos ritos, las voces de los antiguos monjes hacían sonar extrañas y envolventes melodías, ejecutadas con la pasión del regocijo y el amor por la belleza. Años en los que la población precisaba de esperanza, esperanza que aportaban los cánticos contagiando un sentimiento de paz en peligrosos tiempos de guerra.

La oscuridad inunda la sala, el silencio se rompe al son de una campana, la Schola comienza a cantar, el ambiente envuelve a los cantores sumidos en la interpretación de antiguas melodías y el templo, cual instrumento, comienza a sonar. La música corre por el altar, por su nave, por su coro, por cada una de las piedras, testigos ahora del acontecimiento que se celebra.

El público escucha las melodías que siglos antes escucharon nuestros ancestros, nuestro pueblo, en un templo erigido sobre el pasado.

La velada transcurre plácidamente, con una ermita abarrotada de público, con los cantores exponiendo su dominio y conocimiento del antiguo canto, aquel conocido como canto Gregoriano. Al terminar el evento, la Schola nos guarda un tesoro pocas veces escuchado en nuestra era, la desconocida polifonía temprana, en la que los cantores ya no canta al unísono, ni al libre ritmo del antiguo canto, sino en polifonía y al ritmo de una campana que nos transporta aún más si cabe, a la mística, al simbolismo, al misterio de la música viva.