LAURA CABALLERO ESCÁMEZ/PSICÓLOGA

La Terapia de Aceptación y Compromiso, conocida por sus siglas en inglés “ACT”, siglas que además forman el verbo “actuar” en este idioma, (y así es como se pronuncia, no por sus letras separadas), está dentro de las llamadas Terapias de 3ª Generación en Psicología, un grupo de orientaciones que surgieron en los años 80 y 90. Según esta perspectiva, el sufrimiento está derivado de la evitación de la experiencia, esto es, sufrimos porque evitamos enfrentarnos a nuestras emociones, pensamientos, sensaciones físicas, recuerdos, etc. La evitación parece una solución a corto plazo, pero a largo plazo nos trae más sufrimiento y la propia solución que aplicamos, se convierte en parte del problema porque lo mantiene.

ACT utiliza diferentes metáforas en su aplicación en consulta. Para la aceptación de estos eventos internos y que nos orientemos a actuar conforme a nuestros valores, plantea la metáfora del autobús:

Imagina que vas conduciendo el autobús de “tu vida” y vas recogiendo pasajeros por el camino. En este caso, tus pasajeros son tus recuerdos, sensaciones corporales, emociones condicionadas, pensamientos programados, impulsos generados históricamente y cosas por el estilo. Algunos de estos pasajeros te caen bien, pero también hay otros que no te gustan nada, imagínalos con aspecto de “matones”. Esos pasajeros con aspecto amenazante comienzan a gritarte lo que tienes que hacer, dónde girar, la velocidad a la que tienes que ir…e incluso te insultan: “no vales para nada”, “no sabes conducir”. Para no escucharles y que se vayan al fondo del autobús, haces todo lo que te dicen. Pero un día te cansas y decides enfrentarte a ellos. De manera que paras el autobús y discutes con ellos. ¡Pero has dejado de conducir tu autobús, tu vida se queda en “estado de espera”!

Y así transcurre el tiempo, tomando el rumbo que ellos te marcan o parando el autobús para tratar de echarles. Pero ellos no se van. Así que acabas creyendo que tu camino e  el que ellos te marcan y comienzan a tener el 100 % de poder sobre ti. Fíjate, qué ha pasado: tratando de controlar la situación, le has cedido el control a ellos. ¿Qué paradoja no? Ceder el control tratando de tomarlo.

¿Qué pasaría si siguieras tu propio rumbo y te adaptaras a escucharles?

Los pasajeros molestos, seguirán ahí, cada uno ordenándote una cosa distinta. ¡Habrá que aprender a no hacer caso! Es como cuando los zapatos nuevos te hacen daño, llega un momento en que tus pies se adaptan.

Así que se trata de tener el mando del autobús, de marcar el camino según tu criterio (valores) y que lejos de controlar o echar fuera todo aquello que te resulte un obstáculo, aprendas a aceptarlo. La aceptación conlleva hacernos conscientes de que los pensamientos y las emociones van y vienen y que tú no eres equivalente a ellos, precisamente que solo son eso: “pasajeros”.

Bibliografía:

  1. Hayes, S. “Sal de tu vida, entra en tu mente. La nueva terapia de Aceptación y Compromiso” (2013). DESCLEE BROUWER.