MICRORRELATOS DE RUBÉN SANTIAGO

 

NADA

El hombre buzo se colocó la escafandra y se sumergió decidido a no regresar a la superficie nunca más. Solo la promesa de amor de la mujer buzo le hizo tornar al mundo terrenal; pero, aun así, ni el día de su boda consintió en quitarse el traje. Sellaron la ceremonia con un choque metálico de sus cabezas en lo que pareció ser un beso de amor. Con sus zapatos de plomo y su traje impermeable se dirigía todas las mañanas a su nuevo trabajo, arrastrando los más de cien kilos que llevaba encima. En la lonja hacía de contrapeso en la balanza, a la vez que de atracción turística, y al terminar la jornada laboral no era difícil verlo en el puerto, mirando el mar que quedaba a sus pies. Una tarde no regresó a casa y cuando consiguieron izarlo a la superficie y quitarle por fin la escafandra, observaron que allí no había nada, excepto unas algas, agua de mar y un suspiro de alivio.

 

ULTRAMAR

Salgamos rápido de aquí. He terminado con ese afán de reunir personas y objetos inútiles creyendo que un día (no se sabe cuándo) podré precisar de ellos. Hay que establecer el destino mucho más allá de lo conocido para dejar de ser un barco varado en este puerto de hastío. Izad las velas hacia los límites del sistema solar. Allí hay un mundo que, en muchos aspectos, es más parecido a la Tierra de lo que habíamos imaginado. Ya, llegados al orbe, cruzaremos continentes por caminos de hierro. Si no sopla el viento, toca remar. Y si no hay remos utilizaré mis propios brazos. Todavía me queda intuición para percibir lo que estáis pensando, pero escribir es lo único que da un mínimo de credibilidad a mi alcoholismo y os puedo asegurar, creedme, que el cielo de Plutón también es azul.

 

PRIMER NAUFRAGIO

Coordenadas en el Atlántico Sur, Lat: 40ºS. Long: 58ºO. La costa está al menos a doscientas cincuenta millas y las olas coronadas en blanco, de más de quince metros, se baten con la lluvia y con vientos de sesenta nudos. Es una tormenta descomunal para mi velero de escasa eslora que se zarandea como un trozo de corcho a la deriva. Quince grados bajo cero congelan el agua que me golpea como si lanzasen piedras. Se acerca el final tan temido para un marino y todo acaba en un instante: mamá quita el tapón de la bañera y el océano desaparece por el desagüe, entre pompas de jabón y ruidos como de chupar cabezas de gambas.

 

EN EL LUGAR EQUIVOCADO

Una calamidad como pescador. Sus mejores días eran aquellos en los que regresaban a puerto con las bodegas vacías. En no pocas ocasiones los marineros lo habían descubierto devolviendo a los peces al mar arropados con palabras de disculpas. En el pueblo, las mujeres de nanas arrulladoras, lo veían pasar abandonando a su paso cierto tufillo a lavanda. Les explicaban a sus pequeños cómo no tenían que comportarse en el futuro. El curso de sanación de lo femenino fue un éxito; ahora su cuello olía a brea quemada, pero aunque nunca lo contó, por las noches, en la soledad de su casa, soñaba con abrir todas las jaulas del mundo.

Rubén Santiago (Cartagena, 1969)portada ultramar

Ha publicado junto con varios autores los libros Cien microrrelatos de Ciencia Ficción (2011), Microrrelatos de terror. Homenaje a Edgar Allan Poe (2011),  Microrrelatos On The Road (2012), Realismo sucio. Microrrelatos homenaje a Charles Bukowski (2013), Homenaje a Julio Cortázar. Ciento cincuenta microrrelatos (2014) y Microrrelatos Erótico Románticos (2014), todos con la editorial ArtGerust.  También ha publicado junto a varios autores Érase una vez el microcuento II (Diversidad Literaria, 2014) e Inspiraciones nocturnas III (Diversidad Literaria, 2016).

Ultramar (Malbec, 2016) es su primer libro de microrrelatos en solitario.