Juan Fernández del Toro

A comienzos del siglo XX, los muleños aspiraban a la consecución de dos grandes proyectos que servirían para alcanzar el progreso tan necesario ante el estancamiento en que se encontraba la ciudad: la construcción de un pantano y una línea de ferrocarril. El primero fue conseguido en 1915, mientras que el segundo tardaría unos años más en hacerse realidad.

Fue constante la lucha de los muleños por conseguir una línea de ferrocarril que enlazase Mula con Murcia, prueba de ello son las manifestaciones al respecto recogidas en los periódicos locales o en las hojas propagandísticas lanzadas por el Centro de Acción Católica, dirigido por el sacerdote don Antonio Sánchez Maurandi. Mientras que en el terreno político, la responsabilidad de conseguir la línea de ferrocarril, como ya había ocurrido con el pantano, recayó en el Ministro de Fomento, don Juan de la Cierva y Peñafiel, y el Director General de Obras Públicas, don Juan Antonio Perea Martínez. El primero, jefe del Partido Conservador murciano, quien había recibido el apoyo constante de los conservadores muleños a lo largo de su carrera (llegando a ser diputado provincial por el Distrito de Mula en varias ocasiones), principalmente de la familia Perea (jefes del partido en Mula), a la que pertenecía Juan Antonio.

Por fin, en julio de 1920 el gobierno aprobaba la petición de una línea de ferrocarril que, tras varios cambios, acabaría por tratarse de una rama secundaria que enlazaría Murcia con Caravaca de la Cruz. Sin embargo, aún habría de pasar un año más para que se iniciaran las obras y fue en ese contexto cuando Mula se tornó en fiesta por varios días en agradecimiento a las gestiones realizadas por Juan de la Cierva y Juan Antonio Perea. Así pues, recibida la noticia del inmediato comienzo de las obras del ferrocarril, se constituyó una comisión de festejos pro ferrocarril, compuesta por prohombres de la sociedad muleña, la cual organizó cuatro días de eventos para festejar la buena nueva.

El día 18 de junio de 1921, la ciudad se despertaba con la alegre diana de la Banda Municipal, a la que siguieron tracas y cohetes, dando inicio a las fiestas.  Tanto ese día como los siguientes, las mujeres de las familias acomodadas repartieron comida a los pobres en el Ayuntamiento. Algo inusual, fue el traslado de las imágenes de Nuestra Señora del Carmen y del Niño Jesús del Balate a la parroquia de San Miguel, quienes permanecieron allí durante los días en que duraron las fiestas. Además, por las noches, las principales calles y paseos de la ciudad brillaban con la iluminación instalada para la ocasión y se organizaron agradables veladas musicales y verbenas en la glorieta y en la plaza, que terminaban con llamativos fuegos artificiales.

Al día siguiente llegaron a Mula Juan de la Cierva y Juan Antonio Perea, quienes fueron recibidos por un gentío que se echó a la calle para manifestarles su agradecimiento. Con tal motivo, se levantaron artísticos arcos de arquitectura efímera en la parte baja de la calle del Caño y a la salida de la plaza hacia la calle de las Boticas; el primero dedicado al ministro, el segundo al director general. Tras el saludo de ambas autoridades políticas desde el balcón de la casa consistorial, se celebró una misa en San Miguel y después pasaron a celebrar la inauguración de las obras. Aquella jornada matutina culminó con un banquete, servido por el repostero del Casino de Murcia, para quinientos comensales, en las instalaciones de la fábrica «La Industrial Muleña», junto a la que había tenido lugar el acto de inauguración. Tras el festín culinario, los muleños despidieron al ministro. El director general, por el contrario, permaneció en Mula durante algunos días más. Esa misma noche, Juan Antonio Perea asistió a una función organizada en su honor en el teatro, donde se puso en escena la obra de los hermanos Quinteros «El Patio», la cual fue representada por jóvenes de la alta sociedad muleña. Además, se leyeron dos poseías, una de la profesora Josefina Salcedo y titulada «Cordial Saludo», otra del jefe de administración de Correos de Mula, Francisco Monreal del Toro, titulada «Alma nueva». Por último se llevó a cabo el estreno de la canción «¡Viva Mula!», con letra del poeta Martín Perea Romero y música del profesor Antonio Sánchez, ambos muleños.

En los siguientes días continuaron los festejos con bailes en el Casino y verbenas en la glorieta con sorprendentes iluminaciones eléctricas y a la veneciana. Las fiestas culminaron el día 22 de junio con una romería hasta el Santuario del Niño Jesús en el Balate, para acompañar a la imagen allí venerada en su regreso, tal y como suele hacerse el 22 de septiembre, durante las fiestas patronales.

Así fue como los muleños agradecieron la consecución de un proyecto tan ansiado como la línea de ferrocarril. No obstante, aun hubieron de esperar más de una década, hasta 1933, para que las vías se pusieran en funcionamiento. Por desgracia para el desarrollo de las comarcas del Río Mula y Noroeste de Murcia, nuestra línea de ferrocarril fue desmantelada al comenzar la década de los setenta y de ella solo queda el recuerdo en aquellas generaciones que tuvieron la oportunidad de coger el tren en nuestra ciudad. Sirva este artículo como recuerdo de aquel proyecto conseguido por los muleños en este 2021 en que se cumples cien años del inicio de las obras del ferrocarril en Mula.