Francisco Fernández García

El pasado 15 de diciembre por fin volvió a colocarse en su lugar original la lápida erigida para señalar el lugar donde fue herido de muerte don Diego Gabino de Uribe y Samaniego, tercer Marqués de San Mamés.

La lapida antes de su colocación

La lapida antes de su colocación

Desmontada hace casi tres lustros con motivo de las obras del inmueble donde estaba colocada, la lápida fue restaurada en el año 2005, no pudiendo reintegrarse a su lugar debido a la paralización de los trabajos antes de su conclusión definitiva, siendo su localización la confluencia de las calles Poeta Ibáñez y Nicolás Pérez, correspondiendo al número 34 de la primera de ellas. Para mantener vivo el recuerdo del Marqués y recordar su funesto final sus familiares dispusieron la colocación en el lugar del suceso de una lápida de mármol negro portoro, procedente de La Spezia (Italia), con inserciones de pan de oro en el interior de los caracteres de la primera parte del texto, según se detalla en el informe de su restauración.

El suceso que recuerda tuvo lugar en las primeras horas del 15 de enero de 1822, cuando el joven marqués y su administrador fueron atacados con disparos de fusil resultando ambos heridos, aunque este último de poca gravedad. Por el contrario, la herida del marqués fue de consideración, falleciendo al día siguiente como consecuencia de la misma. El entierro se verificó el día 17 en el panteón de los sacerdotes de la Iglesia Parroquial del Salvador “con asistencia del clero regular y secular, misa, oficio entero de nueve lecciones y Cruz mayor”, consignándose en su registro que “murió violentamente”.

A pesar del tiempo transcurrido (o tal vez a causa de él), este suceso es bastante desconocido, sin haberse precisado las causas exactas en que se produjo, contribuyendo también a esto la ausencia de documentación al respecto en los fondos municipales, ya que no se conservan las actas de las sesiones del ayuntamiento correspondientes a ese año, consistiendo la única referencia la breve anotación realizada por don Pedro Luis de Reyna en su cuaderno de cuentas, en donde junto a apuntes domésticos y comerciales incluye algunos sucesos de transcendencia nacional y local. El escueto registro dice así: “El Marqués: fue herido el 15, y murió el 16”.

La tradición popular lo achaca a los amores del joven marques con una dama casada, aunque no existe, al menos que yo conozca, ninguna referencia documental o bibliográfica que lo corrobore. También se han insinuado otros motivos como las deudas de juego o incluso las ideas políticas, no hay que olvidar la difícil situación que atravesaba España en esa época. Sea como fuere, el caso quedó grabado en la memoria popular como una historia de amor romántica e imposible con un trágico final. El fallecido contaba tan solo con 22 años de edad (en el registro de defunción señalan 21 años mientras que en texto de la lápida 22), siendo natural de Murcia y además del referido título del marqués era capitán de granaderos del primer batallón de la Milicia Nacional de Murcia. Entre los escasos datos conocidos figuran los nombres de Antonio José Bernard, José María Picón y Joaquín Medina, investigados por este suceso aunque se desconoce si fueron los autores del mismo y la suerte que corrieron posteriormente.

El escritor, periodista y aficionado a la historia caravaqueño Francisco Ruiz de Amoraga, hijo del alcalde don Manuel Ruiz de Amoraga y Torres le dedicó un artículo a este asunto dentro de la serie “Anales de Caravaca”, que publicó en diversos periódicos locales, entre ellos “El Siglo Nuevo” y “Heraldo de Caravaca”, en el que según declara el propio autor en la conclusión de esta serie muestra “conceptos erróneos que la historia juzgara con agrado su revelación”. Desgraciadamente no he encontrado el ejemplar donde fue publicado, por lo que desconocemos las revelaciones a que alude y la información ofrecida al respecto. No obstante, lo que si recoge el referido epílogo publicado en la edición del “Heraldo de Caravaca” correspondiente al 6 de diciembre de 1917 es la noticia de una restauración anterior de la lápida promovida y costeada por el propio Ruiz de Amoraga “acompañado de otros nueve amigos amantes de las glorias artísticas de Caravaca” ante el lamentable aspecto que ofrecía llegando hasta ser cubierta de yeso.

Finalmente, en 1998 el murciano Faustino Fernández evoca el caso que nos ocupa en su novela “El joven San Mamés”, inventando un nuevo desenlace en el que el protagonista se suicida envenenándose

El texto de la lápida está divido en dos partes: en la primera se refiere el suceso y la segunda es un soneto anónimo, cuya composición imagino encargó el Marqués y es como sigue:

 

EN MEMORIA DEL SITIO DONDE FUE HERIDO DE MUERTE,

POR UNA BALA DE FUSIL, EL JOVEN MAR-

QUÉS DE SAN MAMÉS DE ARAS, EN LA NOCHE DEL XV DE

ENERO, ORA DE LAS II DE SU MAÑANA, A LOS XXII AÑOS DE

SU EDAD Y EN EL ACTUAL DE MDCCCXXII.

SONETO:

AUNQUE INSENSIBLE LÁPIDA ME VIERES,

TAMBIEN SOI SUSCEPTIBLE DE QUEBRANTO,

Y SI TU NO LO FUERES HOI AL LLANTO,

AUN MAS DURA QUE YO DIRE QUE ERES:

SI INMÓVIL CUAL ESTATUA PRESISTIERAS

INFLEXIBLE AL DOLOR, QUE CISNE CANTO,

SERAS CON INHUMANO, CON ESPANTO

PROSCRITO DE LA LISTA DE LOS SERES;

MAS YO NO TE CONDENO HASTA EL MOMENTO

EN QUE PUEDA DECIRTE ALGO SERENA,

LA TRISTE CAUSA DE ESTE MONUMENTO:

POR AHORA SABRAS, QUE EN ESTA ESCENA,

AL JOVEN SAN MAMES YO REPRESENTO,

QUE AQUÍ MURIO GRABANDO EN MI SU PENA.