Andrés Lucas Belluga (Orientador Familiar de la Asociación Betania)

En la Asociación Betania nos planteamos la intervención en drogodependencias desde una perspectiva integral, que otorga relevancia a todos los aspectos relacionados con la persona, en todos los ámbitos y en todas las condiciones que conforman tanto los intereses personales de los seres humanos como sus anhelos y necesidades.

No cabe duda de que las relaciones sociales y familiares, son especialmente importantes para los seres humanos y que concretamente las relaciones dentro del entorno familiar, forman en primera instancia la plataforma desde la que se llevan a cabo el resto de logros vitales para la consecución de una vida plena y razonablemente satisfactoria.

“El entorno familiar es casi siempre susceptible de ser regenerado”

Cuando el problema se agrava y la adición arrastra al sujeto al abandono sistemático de su vida, destruyendo las estructuras más importantes: las relaciones sociales, el trabajo, el ocio y los amigos, la pareja y el entorno familiar; este último, el familiar, por muy roto y deteriorado que esté, es lo primero que se recupera.

Los vínculos familiares son tan fuertes, que basta con un leve gesto para que, incluso en los casos de mayor ruptura, se vuelva a contar de nuevo, en un breve espacio de tiempo, con todo el apoyo. Constituyendo a continuación, una base solida desde la que el individuo adicto comienza a pensar en su recuperación, y de la puesta en marcha, cuando es necesario de un proceso activo de rehabilitación.

Es en este punto, donde aparece la necesidad de que la familia reciba la mejor orientación para desarrollar convenientemente su enorme potencial e importancia en este proceso.

Entre la ayuda total y sin condiciones y el apoyo adecuado, media todo un mundo en el que resulta muy complejo encontrar el equilibrio idóneo.

Se da la paradoja, de que una ayuda mal planteada, puede, en la mayoría de los casos, resultar muy perjudicial, porque suele significar el sostén necesario para que el sujeto mantenga por más tiempo su adición, usando inadecuadamente la oferta familiar como un nuevo crédito para alargar su actividad de consumo.

En esta fase, los familiares tienen que deambular por un estrecho margen entre, la tentadora entrega total y desinteresada, y la dificultad de poner límites que exigirán hechos y responsabilidades, porque es ahí, precisamente en la consecución de ese frágil equilibrio donde radica todo el potencial del recurso familiar en el proceso rehabilitador.

Es interesante destacar que, los familiares que se comprometen en un tratamiento de rehabilitación, suelen vivir un proceso paralelo, que aunque no tan intenso, si se encuentra con diversas dificultades y situaciones, muchas veces difíciles de asumir. Situaciones en las que cabe añadir un doble sentimiento contradictorio, a saber: el de sentirse víctimas de una situación de la que no son en absoluto responsables, y el sentimiento de culpa, que casi siempre es el producto resultante de la frustración y la ira que el adicto, generalmente, vierte sobre sus seres queridos, durante al menos las primeras etapas del tratamiento.

El estigma social aparejado a la conducta adictiva tiende al rechazo y a la culpa. Se debe trabajar buscando la conciliación entre los miembros de la familiar, favoreciendo la comunicación y las relaciones de sinceridad y respeto que generen un ambiente de confianza.

Los familiares de una persona que sufre una adición, tienen que lidiar con los problemas inherentes a cualquier enfermedad cuya curación requiere un largo proceso y que encierra cierta gravedad y con la actitud y planteamientos confusos que por efecto de las propias sustancias suelen acompañar con mucha frecuencia al propio paciente en la toma de decisiones.

La familia, se encuentra, por tanto, ante la doble necesidad de entender, por un lado, las circunstancias que rodean todo lo relativo al desarrollo de la adicción, aprendiendo a identificar las diferentes etapas y estadios por los que ha pasado el sujeto adicto, y por otro, cuales van a ser los procesos de cambio que se deberían poner en marchar a partir del momento en que se toma la importante decisión de rehabilitarse.