HABLANDO DE EDUCACIÓN  02

JOSÉ CLEMENTE RUBIO GARCÍA

Es una tarde fría otoñal. Antonio nos recibe en su casa de Barranda a José Esteban y a un servidor, una casa llena de vida y de historia.

Nos juntamos para hablar de educación, maestros de tres generaciones, entre los que me incluyo. Antonio Aznar Martínez y José Esteban Martínez – Iglesias Martínez son los protagonistas. Antonio con  47 años de experiencia y José Esteban con 17 años dedicados a la enseñanza en el medio rural.

Pronto se empieza con la conversación y pronto sale la palabra clave: “maestro” y el gran recuerdo que tienen de ellos. Antonio en esa escuela de la posguerra en su pueblo de Barranda, y José Esteban en Caravaca de la Cruz en una España ya democrática.

Un nombre sale continuamente de la boca de Antonio: Eduardo Flores, maestro posterior a aquellos “maestros ruleros” que iban de pueblo en pueblo, de caserío en caserío, enseñando las “cuatro reglas y a escribir y leer”…, y ya llegó el maestro,  don Eduardo, que de forma magistral supo ilusionarme con el saber, con la ilusión por aprender y recuerdo de forma muy especial su Diario de Clase. Años después tuve la suerte de volver a tenerlo en mis manos, ya que su hija lo conservó y volví a recordar como nos trataba, con un respeto total, conociéndonos a cada uno y con tal conocimiento de nosotros, que su exigencia era adaptada a la capacidad de cada uno. Nos animaba continuamente y nos hacía, con su buen humor y alegría, a disfrutar y a ser felices cada día en clase. Me ganó y me cautivó. Le gustaba mucho la música, su laúd y su guitarra siempre le acompañaba, y nos hacía disfrutar, reírnos y aprendíamos mucho con él y todo eso con las necesidades tan brutales que había por aquellos años, que aunque no se pasaba hambre, pero sí se carecía de casi todo.

Don Eduardo nos guiaba de forma magistral, la clase era activa y práctica, manipulábamos mucho y nos respetaba a cada uno por lo que éramos y nos quería.

Y yo ya me planteé : ¿sabes que merece la pena ser maestro? También interioricé que  podíamos transformar la sociedad en la que vivimos y eso me ilusionó.

Cuarto de bachiller ya lo hice en Murcia, mis padres tuvieron que hacer grandes esfuerzo y siempre les estaré muy agradecido y recuerdo el gran apoyo que tuve de mi madre, esa mujer que tanto hizo para que yo fuera lo que soy. Mis hermanos no quisieron estudiar… Cuando recuerdo estas cosas me emociono.”

José Esteban se siente muy identificado con las palabras de Antonio…recuerdo a casi todos mis maestros y maestras, y con nombres y apellidos. Para mí fue esencial el ejemplo que me dieron y en cierta forma, fueron los que me animaron a ser maestro.

Yo desde los 10 o 12 años ya quería ser maestro. Mis estudios de Primaria y Secundaria los hice en Caravaca, mi pueblo, y lo compartía con los estudios musicales en la incipiente Escuela de Música, para continuar después en el Conservatorio de Murcia.

En la carrera de Magisterio, a veces estaba algo perdido, ya que no se parecía en lo que me ensañaban en el Conservatorio, pero buenos profesores me ayudaron a comprender que yo, como maestro, no iba a enseñar música, que lo que un maestro va a hacer es educación musical, que junto con el resto de asignaturas, ayudará a formar personas. Actualmente estoy convencido de que yo no enseño música, uso y utilizo la música para intentar hacer ver al niño que con los juegos, las danzas, con la practica musical, se vaya descubriendo valores como : integración, colaboración, ayuda mutua, respeto, concentración, diversión…el ser feliz y, sobre todo que le guste la música.

Yo así me siento muy realizado.”

La conversación sigue y el tiempo pasa muy deprisa. Seguimos hablando y sale un tema, creo, muy importante: ¿La labor del maestro es educar o simplemente la de enseñar?.

Antonio y José Esteban coinciden perfectamente, ya que a pesar de ser dos generaciones muy distintas, en la esencia de la enseñanza,  tienen una gran sitonia, como es el ver que la educación tiene una clara relación con el aprendizaje y es bidireccional.

El aprendizaje se ha entendido mal, como si fuera una cosa conceptual y educación como una globalidad, aunque son dos conceptos que se deben complementar.

En toda enseñanza hay cosas que son tediosas, pero ahí está nuestro  trabajo, que el maestro sepa darle infinitas vueltas para llegar al alumnado de forma general y a cada niño en particular.

Y surge la lectura…, la “magia de la lectura”, que le haga al niño entrar en ese mundo de aventura y a través de la misma al conocimiento.

El resultado de la educación es mucho más, es algo de cómo entender la vida y en convivencia con los demás.

El maestro no nace como maestro, si no que se va haciendo. Un niño, es posible que desde una tierna edad, quiera serlo, como es el caso de Antonio y José Esteban, pero se va haciendo, primero cuando es cautivado por tus maestros y maestras, y luego cuando decides estudiar la carrera, pero nunca termina de hacerte. Muchas veces, cuando ya está trabajando, ves como algunas prácticas que hiciste hace unos meses, ahora ya no sirven, que tienes que reinventarlas, esto es un continuo aprendizaje.

Y sigue la conversación, cada momento más interesante y estos dos maestros, no solamente de escuela, sino de la palabra, del pensamiento nos lleva a hablar de la libertad …, al niño hay que darles las herramientas e instrumentos necesarios para pueda llegar a donde quiera ir y vaya construyendo su propia personalidad, capaz de ser y de pensar, buscando su propia libertad. Nuestro trabajo es muy delicado, es muy difícil. El adoctrinar es un peligro y, sobre todo, en los cursos de  Secundaria. Es cierto que es un arte, casi de artesano, de cómo el maestro, es capaz de impresionar al alumnado y de darles herramientas capaces para que ellos mismos puedan descubrirla.

El maestro nunca debe de ser una figura revolucionaria, sobre todo en los últimos años, se nos mira “con lupa” por parte de las familias y hay gran presión social. Es necesario hacer ver a las familias que cada niño es diferente a otro y cada uno tiene su propio ritmo de aprendizaje y de ahí es la acción concreta con cada uno. A veces nos cabreamos si el niño no nos responde y nos mira con esos ojos transparentes que nos quiere decir algo parecido a esto: “si yo quiero contestarte bien, pero es que no lo entiendo, por favor explícamelo de otra forma, que yo quiero aprender” y, ahí está nuestra figura, nuestro trabajo que empieza por conocer a cada uno de nuestros alumnos, quererlos, respetarlos y darles las herramientas necesarias para que él mismo vaya formando su carácter y y que la escuela le sirva para elegir su camino en la vida. Esta es nuestra ilusión.

 

Nota: Usamos en lenguaje masculino, pero en ningún momento de la conversación, se mantuvo estilo sexista.