Ricardo Montes Bernárdez/Presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales de la Región de Murcia

La iluminación de las calles de las localidades del Noroeste fue una conquista importante, un paso hacia la modernidad. Comenzó con faroles de aceite, pasó después al uso del petróleo, terminando por electrificarse. El paso inicial lo dio Caravaca en 1843.

Salto de Cañaverosa. Foto Payá. Archivo Ricardo Montes

Salto de Cañaverosa. Foto Payá. Archivo Ricardo Montes

C A L A S P A R R A

En marzo de 1860 el ayuntamiento elabora sus presupuestos incluyendo una partida para el alumbrado que se pretende inaugurar a comienzos de 1861.  En 1872-73 sabemos que el sereno ya disponía de un ayudante. Desde 1874 continuó bajando el presupuesto que no se recuperó hasta pasados los años. En este año el sereno alternaba su trabajo con el de «voz del pueblo». Curiosamente en 1890 se incluyó en los cometidos de los serenos, que ya hacían rondas de vigilancia, que cantaran las horas.

En torno a 1900 el presupuesto anual para iluminación fue de 1.750 pesetas. Empezó entonces a oírse hablar de un cambio de energía para el alumbrado público. El pueblo sigue con el alumbrado por petróleo que surtían los hermanos Ginés y Joaquín Hernández Peñalver. El encargado de la reparación de faroles era José Pacheco Díaz. Sin embargo, el alumbrado con petróleo tiende a su fin.  De hecho, en noviembre de 1903, Roque Piñero, vecino de Calasparra y gerente de la Sociedad Calasparreña de Electricidad solicitó derecho de servidumbre para transportar desde Moratalla el fluido necesario para el alumbrado público.

En octubre de 1904 el ayuntamiento da cuenta de que la Sociedad Electro-industrial va a instalarse en el pueblo para proporcionar luz eléctrica a la población.  En enero de 1905 es oída la citada sociedad, iniciando en mayo la colocación de los postes necesarios desde la fábrica, ya asentada en el Esparragal, hasta Calasparra.  El salto de luz de la Esperanza, como se denominaba al paraje, intentó también facilitar energía a los «trenes aéreos» para transporte de mineral desde las minas de Gilico hasta la estación de ferrocarril.

En septiembre de 1914 se concedió a Luis Alcayde Peris el uso de 20.000 l/s en Cañaverosa, sin embargo, en 1925 era la compañía Eléctrica del Segura la que controlaba la producción de energía eléctrica.

C A R A V A C A

Este término fue uno de los primeros en gozar de alumbrado público colocándose, por lo que a tal signo de prosperidad se refiere, en un honroso cuarto lugar tras Murcia, Cartagena y Lorca.  En febrero de 1843 ya se disponía del correspondiente presupuesto para la compra de farolas.  Y es que el alumbrado era requerido «por la ilustración de la época… y el deseo ardiente de los vecinos».  Al tiempo, se iniciaron las obras de mejora de la Glorieta y en mayo se realizó una nueva y teórica distribución de faroles con un ligero aumento de los mismos.  Pero en julio aún no se disponía de liquidez para afrontar la inversión, situación que conocemos gracias a la petición formulada por el regidor Julián Martínez Oliva para que se le pagara todo lo que había ido poniendo de su bolsillo. Para finales de 1843 se fueron abonando las deudas, concretamente a Pedro Latorre se le liquidó la fabricación de los faroles el último día del año y, a partir de entonces, se inicia la serie de subastas anuales de rigor, necesarias para contratar el aceite-combustible de los faroles.

En cuanto al incremento de faroles, sabemos que de los poco más de 100 repartidos por todo el casco urbano y extrarradio a comienzos de la década de los sesenta se aumentaron en 36 que se compraron en noviembre de 1868.

Parece ser que el primero en hablar de traer luz eléctrica a Caravaca fue Antonio de Béjar Ciller en marzo de 1890 pero fue a comienzos de septiembre de 1897 cuando se inauguró la empresa Eléctrica Caravaqueña, presidida por Antonio Faquineto. Esta empresa instaló 700 bombillas en la localidad. Esta empresa se ubicaba en el molino del Camino de las Fuentes del Marqués.

En julio de 1906 Electra-Caravaqueña anunciaba al ayuntamiento que iba a dejar a oscuras el municipio si no le se hacía efectivo todo cuanto se le adeudaba. En enero de 1910 se autorizó a Ricardo Godinez Leante para construir presa en el río Quípar, concretamente en el sitio «Casa de Vargas» a fin de producir energía eléctrica con destino a Caravaca, Moratalla, Cehegín y Bullas. La empresa comenzó a funcionar en 1911.  Casi al mismo tiempo, en julio de 1910, Francisco Sala Nougarón, delegado de Electra-Caravaqueña, solicitaba la legalización de una instalación de fluido eléctrico producida por las Fuentes del Marqués. En marzo de 1919 Domingo Corbalán Martínez solicitó poder transportar energía desde su fábrica harinera para proporcionar electricidad a Barranda.  Además de éstas hubo otra fábrica en Archivel: Electro-harinera, cuyo gerente fue Pedro Martínez.

Casa de máquinas de La Luz del Quípar

C E H E G I N

Cehegín inaugura su alumbrado público a comienzos de 1865 tras convocar la correspondiente subasta para la instalación de 20 faroles cuyo costo ascendió a 1.200 reales a los que hubo de sumarse un costo anual en combustible de 6.500 reales.  En 1869 se ocuparon de las composturas Alfonso Pérez Chirinosy Pedro de la Torre; como arrendatario figuraba Juan Campos Moya por 526 escudos al año, cantidad que resultaba prácticamente la mitad que la del año anterior.  En 1894 el presupuesto anual de combustible para el alumbrado era de 2.500 pesetas, cifra que subió a 3.000 pesetas para los últimos años del siglo.

Con el inicio del nuevo siglo, concretamente en julio de 1900, Juan de Dios Sandoval ofrecía sus servicios para la instalación del alumbrado mediante electricidad y lo hacía en nombre de la sociedad eléctrica La Cruz y Las Maravillas, cuyo gerente era en aquél momento José Martínez Carrasco.  El servicio se inauguró a comienzos del mes de abril de 1901.

A finales de diciembre de 1907 se creó la empresa La Luz del Quípar cuya fábrica si bien estaba radicada en Caravaca, en tierras propiedad de Ricardo Godinez y Leante, proporcionaría fluido eléctrico a un amplio espectro geográfico (Navares, Singla, Almudena, Pinilla, Los Prados, Barranda, Archivel y Caravaca). Con un capital inicial de 300.000 pesetas se designó como presidente a José Sánchez y Ruiz de Asín y se nombraron dos tesoreros, uno para Cehegín, y otro para Caravaca.

Con motivo de la inauguración el viernes 21 de mayo de 1911 el periódico El Siglo Nuevo sacaba a la luz un monográfico provisto de todo lujo de detalles sobre el evento, fotos, personajes asistentes al acto, etc. llegando a describir incluso la obra: «varios kilómetros de canal, cinco acueductos, un tunel de 200 m., un sifón, redes para las dos poblaciones, potencia de la turbina, etc».

El promotor y mentor había sido Ricardo Godinez pero la obra de ingeniería fue realizada por la empresa Bernardo H. Brunton, de Cieza.  En 1930 era presidente Blas R. Marsilla Melgares.

Joaquin Payá, impresario de la electricidad, con su esposa. Archivo Ricardo Montes

M O R A T A L L A

A mediados del siglo XIX, siendo alcalde Antolín Aguilera Cascales, se inauguraba el alumbrado público por aceite en Moratalla.  Sabemos que en 1860 se invertían por este concepto 4.097 reales, cantidad que se mantuvo sin alzas los dos años posteriores.  En 1868 se produjo el cambio de combustible en el alumbrado: de aceite se pasó a petróleo.

En abril de 1900 se realizó el contrato de alumbrado eléctrico con Eléctrica Moratallera. En el mes de enero de 1902 la Sociedad Eléctrica, cuyo director era Alfonso Cabello, causó destrozos al realizar las obras de instalación en las calles del Hospital, Cánovas y Platería.  Esta empresa hidroeléctrica aprovechaba para la producción de energía un salto del río Alhárabe.

En 1904 el alumbrado público por electricidad costaba anualmente al ayuntamiento 3.000 pesetas que pagaba por mensualidades vencidas.  Ese mismo año se hizo con el contrato municipal, por un periodo de 10 años, Antonio de Béjar Ciller, hermano del alcalde de Cehegín que ya en 1890 había hecho la misma propuesta a Caravaca sin que llegara a concretarse en nada. Sin embargo, en marzo de 1910 la situación económica obligó a revisar el contrato,. Joaquín Payá entró al en el mercado de electricidad moratallense a finales de 1927, instalando una línea que partía desde el Barranco de los Moros, en Caravaca.  En cuanto a la expansión de la electricidad por el término municipal sabemos que en 1935 había llegado a la Cañada de la Cruz.