Antonio Gabarrón García

Archivero municipal de Mula

Los estudios sobre la Mujer desarrollados en las últimas décadas han servido, entre otras cosas, para poner de relieve su admisión en la educación universitaria y, con ello, su entrada a un mundo laboral reservado hasta ese momento a los hombres. Fue precisamente un 8 de marzo del año 1910 cuando, oficialmente, las mujeres fueron libres en nuestro país para el acceso a la educación superior, una incorporación que no fue inmediata. Sólo bastantes décadas después se podrá ya empezar a hablar de una normalización de su presencia en el ámbito universitario.

Fachada posterior escuelas de Fuente Librilla

En el mundo de la arquitectura, el ingreso de las primeras comenzó en el curso 1931-1932 cuando Matilde Ucelay Maortúa, Rita Fernández Queimadelos y María Cristina Gonzalo se matricularon en la Escuela de Arquitectura de Madrid, teniendo por compañeros a Fernando Chueca Goitia o Miguel Fisac, entre otros.

De ellas tres, Rita Fernández Queimadelos fue la segunda mujer en conseguir el título de arquitecta en España y la primera en firmar proyectos de obra. Nacida en la aldea de La Torre (Pontevedra) el 12 de abril de 1911 en una familia de clase media acomodada, tuvo claro su entusiasmo por la arquitectura desde muy joven, en contra de la voluntad de su padre. Sólo gracias al empeño de la abuela materna, persona intelectual y adelantada a su tiempo y con la que Rita mantenía una clara sintonía, pudo conseguir su objetivo y finalmente se decidió a preparar el ingreso en la Escuela de Arquitectura madrileña, alojándose durante esos años en la “Residencia de Señoritas”, dirigida por María de Maeztu y dependiente de la Institución Libre de Enseñanza. Dilatada la graduación por la Guerra Civil, el 26 de agosto de 1940 recibía su título de arquitecta, comenzando una actividad laboral muy intensa que se extendería durante más de tres décadas. La trayectoria profesional de Rita se desarrolló principalmente en la construcción de centros escolares para la administración pública y la podemos dividir en dos etapas: una primera etapa madrileña, con proyectos ejecutados en la periferia de Madrid y vinculada a la Dirección General de Regiones Devastadas, con obras como el Gimnasio para el colegio de Santa Bárbara de Carabanchel y una segunda etapa murciana, que va de los años 1960 a 1967, donde va a ejercer principalmente como arquitecta escolar y como arquitecta municipal de Mula entre 1962 y 1967.

En 1942 se había casado con Vicente Iranzo, profesor madrileño que en 1945 obtuvo la cátedra de Química Inorgánica de la Universidad de Murcia. Trasladado el marido a Murcia, la arquitecta se quedaría trabajando en Madrid, reacia a salir de la capital. Hubo que esperar hasta el año 1955 cuando, finalmente, decide venirse, retomando su profesión con algunos trabajos en la actividad privada. En 1960 fue nombrada arquitecto-jefe de la oficina técnica de Construcciones Escolares del Ministerio de Educación y Ciencia (donde adaptaba los proyectos-tipo de escuelas del ministerio a la realidad concreta de cada caso). Sus años murcianos fueron años de largas jornadas de trabajo, pero muy satisfactorios según ella misma contó después, pues sabía que su trabajo estaba sirviendo para que la educación pública llegara cada vez a más gente. Con el estudio unido a su vivienda, la recordaron siempre como una profesional muy exigente con el uso de los materiales que se empleaban en la construcción de los colegios. Con frecuencia, se llevaba los materiales que se estaban empleando para que su marido los analizase (no olvidemos su cátedra de química inorgánica) y más de una vez ordenó el derribo de elementos ya construidos por no encontrarlos de la calidad que ella deseaba: Su idea de una educación pública partía de construcciones bien realizadas.

El 15 de enero de 1962 solicitó su ingreso como arquitecta municipal en el Ayuntamiento de Mula y el 1 de febrero de ese año el Pleno acordó su contratación para una relación laboral que duraría más de seis años. En el Archivo Municipal de Mula conservamos varios proyectos de obras de esta arquitecta, testimonio de su actividad en nuestro municipio, la mayoría de ellos relacionados también con el ámbito de la educación. Las escuelas rurales de La Herreña, El Ardal y La Alquibla son los primeros que aparecen con su firma en 1963, al igual que el Proyecto de catorce viviendas para maestros en la calle del General Valcárcel, promovidas por el Ayuntamiento. En años posteriores vendrían las Escuelas y casas para maestros de Fuente Librilla (hoy destruidas) y las Escuelas y casas para maestros de El Niño de Mula, edificio conservado y destinado a otros fines en la actualidad y último proyecto del que tenemos constancia de su participación.

De 1965 fueron también los proyectos para particulares que hizo en Mula como el de una Vivienda para León Sánchez Dato en su finca de El Casón, en Manzanete y otra Vivienda para Enrique García Valcárcel en la finca El Liberal, así como la Modificación urbanística del entorno de la calle Higuericas, Senda de Chacón y calle del Jardín.

En 1973 abandonó el ejercicio profesional, trasladándose a Barcelona junto a su marido, donde murió en 2008.

El paso del tiempo y la propia evolución de las construcciones ha originado que se hayan derribado bastantes de sus obras. Sería necesario la protección, al menos, de algunas de las construcciones más emblemáticas realizadas por esta mujer, que fue la primera arquitecta municipal de nuestro país.