Francisco Fernández García (Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

La historia de los conflictos sociales y de la lucha del movimiento obrero en Caravaca es bastante desconocida, no existiendo estudios al respecto. Por otra parte, también es cierto que entre la documentación conservada en el Archivo Municipal de nuestra ciudad apenas existen documentos relativos a este tema, por lo que resulta bastante dificultoso realizar investigaciones a este respecto. En cualquier caso, vamos en esta ocasión a recordar la huelga de alpargateros que tuvo lugar en el verano de 1920, utilizando para ello las noticias aparecidas en diversos periódicos, tanto de tirada nacional como provincial.

La industria derivada del cáñamo, particularmente las alpargatas y otros tipos de calzado, fue uno de los fundamentos de la economía caravaqueña durante el primer tercio del siglo XX, especialmente en el transcurso de la primera guerra mundial, época en la que se abrieron gran número de industrias dedicadas a este sector. Algunas de ellas se integraron en la Cooperativa de Producción Alpargatera, constituida bajo el amparo del Sindicato Católico el 25 de marzo de 1919, produciendo en su primer año «unas 9.000 docenas de alpargatas aproximadamente». El semanario grafico Renovación, en su especial dedicado a Caravaca el 2 de mayo de 1920, incluye reseñas de dos destacados industriales Diego Hernández Sánchez «dedicado desde el año 1912 a la fabricación de alpargatas, a él se debe que esta industria haya adquirido el relieve que tiene. Su fábrica es una de las mejores de la ciudad» y Manuel Sánchez Nogueras, «tiene este industrial en Caravaca varias importantes industrias, que ha sabido acrecentar con una labor constante y de trabajo, hasta el extremo de que no siendo aún muy lejana la fecha en que empezó a dedicarse a la fabricación de alpargatas (año 1910), ha sabido introducir sus productos en la región catalana, sitio dificilísimo por que allí acuden de todos los mercados, señal evidente de que la fabricación del Sr. Nogueras es excelente y de calidad superior, cuando es la preferida por los catalanes».

A pesar de estos indicativos hay que considerar que la situación económica por la que atravesaba nuestra ciudad a principios de la década de los 20 del pasado siglo era bastante delicada, al igual que el resto del país, ya que aunque había bastante demanda de trabajo el reparto de la riqueza continuaba siendo muy injusto. El capital seguía estando en manos de una minoría formada por patronos, empresarios y terratenientes, en tanto que los jornales que recibían los obreros apenas llegaban para el mantenimiento de las unidades familiares. A lo largo del año 1920 se van a producir toda una serie de conflictos sociales y económicos, mucho más evidentes en el caso de Caravaca que en otras poblaciones debido los problemas generados por la alcaldía ocupada por el conservador don Amancio Musso, siendo los momentos mas críticos la dimisión del ayuntamiento en pleno el 3 de mayo, la huelga de alpargateros que ocupó todo el verano y la carestía y ausencia de alimentos básico, especialmente trigo, durante el último el último trimestre del año.

El conflicto de los alpargateros se inició el lunes 18 de mayo del año referido, cuando el sindicato único de alpargateros exigió un aumento de los salarios que percibían los obreros; ante la negativa de la patronal se optó por declarar la huelga general del sector como medida de presión para alcanzar sus exigencias. El diario católico de tirada nacional El Siglo Futuro, informaba de él a sus lectores en su edición del 20 de mayo: «El Sindicato único de alpargateros ha declarado el boicot a los patronos, y la Federación patronal, a su vez, contesta con el lock-out. Los perjuicios son grandísimos por el enorme pedido de alpargatas que hace toda España». Tras los primeros días de huelga, en la noche del día 20 tuvo lugar una reunión entre los representantes de los «obreros alpargateros afiliados a la Casa del Pueblo y la Unión Patronal», alcanzándose un acuerdo entre ambas partes, que ponía fin al conflicto: «Las negociaciones hasta conseguir el satisfactorio resultado, han sido muy difíciles y laboriosas. En ellas han intervenido activa y eficazmente, el juez de instrucción don Luis Bernanrdo, el juez municipal señor Martínez Alcayna y el exdiputado señor Díez Guirao de Revenga». El periódico regional La Verdad, de ideología católica, deseoso de la resolución del conflicto, informaba precipitadamente en su edición del 22 de mayo de la conclusión del mismo: «Todas las fábricas abrieron hoy, reanudándose el trabajo y fraternizando obreros y patronos. Se calcula que en los cuatro días que ha durado el paro, las pérdidas que ha ocasionado pasan de 42.000 duros. La demanda de pedidos de alpargatas de todas las regiones de España, es enorme. La ciudad ha recobrado su aspecto normal».

Sin embargo la patronal no respetó los acuerdos pactados, por lo que los obreros celebraron una Junta general extraordinaria en la Casa del Pueblo, decidiendo no desconvocar la huelga. El Liberal de Murcia, periódico de tendencia progresista, anunciaba el 23 de mayo que «el conflicto se ha agravado y pasan de cuatro mil los obreros y obreras parados. Parejas de la Guardia Civil patrullan por la ciudad». En su edición de ese mismo día La Verdad matizaba la información: «Anoche, en la Junta general que se celebró en la Casa del Pueblo, hubo disentimientos, al discutirse la solución dada a la huelga de los alpargateros. Algunos alegaron que los patronos podían faltar a lo convenido y esto fue bastante para que el recelo y la desconfianza se apoderaran de los obreros. El conflicto se ha agravado, temiéndose tenga derivaciones. Las fábricas abrieron esta mañana, pero los obreros no acudieron. La guardia civil patrulla por las calles». En este estado de cosas, el exdiputado don Luís Díez Guirao de Revenga, defensor de los intereses de los obreros, pero partidario también de la vuelta al trabajo, dirigió un telegrama al ministro de trabajo, solicitando el envío a Caravaca del inspector regional para mediar en el conflicto. El problema suscitado en nuestra población, unido a los existentes en otras ciudades de la provincia, hizo que el Gobernador Civil adoptase una serie de medidas represivas, entre ellas la clausura de varios centros sindicalistas, amenazando asimismo «que hará lo mismo con todos aquellos que no se ajusten a la ley».

La petición de Díez Guirao de Revenga fue atendida y el señor Rolandi, inspector provincial de trabajo, fue enviado a Caravaca donde mantuvo diversas reuniones con patronos y obreros. El día 27 los socialistas organizaron un mitin en la Plaza de Toros en el que, según el diario, ABC, «los oradores atacaron a los patronos y a los Sindicatos católicos». Según El Liberal de Murcia de 28 de mayo al acto acudió una gran cantidad de público, permaneciendo cerrado el comercio durante el mismo, «hablaron Guirao, Fernández y Avellaneda, tratando de la solución del problema. Fueron ovacionados». A continuación hizo uso de la palabra Revenga «pronunciando un elocuente discurso, de tonos viriles, que fue largamente aplaudido. Reinó orden. Numerosos grupos de obreros recorren las calles». La información publicada por La Verdad, incluye algunos matices poco objetivos: «Hablaron desde la tribuna levantada en el centro del redondel varios obreros y los Presidentes de las Sociedades. Todos trataron con frases duras a los patronos, llamando traidores a los obreros católicos. Presenciaron el acto el inspector provincial del trabajo, señor Rolandi, y el exdiputado señor Díez Guirao de Revenga. Este, terminado el mitin, habló a instancias del público. Recomendó la unión de los obreros. Exaltó el ideal social cristiano, invocando a la Santísima Cruz como la única que puede dar felicidad a Caravaca. Terminó presentando a la multitud al delegado del Gobierno señor Rolandi. Este habló elocuentemente, definiendo su actitud imparcial para conseguir que termine la huelga y se reanude el trabajo». Al día siguiente este mismo diario se hacía eco de un manifiesto que les había remitido Díez Guirao de Revenga dirigido a los obreros de Caravaca en el que «les exhorta a que reingresen al trabajo, abandonando una huelga que ha producido pérdidas de consideración», habiendo decido no publicarlo por ser anterior al mitin socialista.

A pesar de que reinaba gran expectación por el posible resultado de las gestiones realizadas por el señor Rolandi, lo cierto es que estas no dieron ningún fruto por lo que al finalizar mayo la huelga continuaba y entraba en su tercera semana, lo que suponía para los huelguistas muchas dificultades para su mantenimiento por carecer de dinero para comprar los alimentos básicos.