Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Al iniciarse la tercera semana de huelga la situación de los obreros había llegado a ser insostenible, sin jornales y sin apenas recursos económicos, solo contaban con su esfuerzo y perseverancia, así como el apoyo de gran parte de la sociedad: «La huelga de alpargateros ha entrado en una nueva fase satisfactoria, pues a consecuencia de la entereza y abnegación de los obreros, aunque pasando calamidades sigan sin acudir al trabajo, diciendo ¡Antes moriremos de hambre que vivir sin dignidad!». Cuando la situación llegó casi al límite apareció la solidaridad de los obreros de las poblaciones cercanas. «Han recibido socorros de varias sociedades de España, entre ellas de una Cortijada llamada Valentín perteneciente al término municipal de Cehegín, teniendo la ante dicha sociedad 500 pesetas de fondo y su presidente ha traído 400, y entre otras Moratalla, Cehegín y otras muchas. Los obreros parados, mujeres y hombres, ascienden a unos dos mil. Hoy han abierto sus puertas algunas fábricas no federadas a la patronal. El triunfo se considera de parte de los obreros». Por su parte, La Verdad, seguía abogando por el entendimiento entre las partes: «La huelga de nuestra rica industria sigue sin solucionar; muchos son ya los que piden el auxilio de nuestra primera autoridad, con el fin de poner coto a lo que bien puede ser la ruina de nuestra hermosa ciudad. Hora es ya de que tanto patronos como obreros cedan cada uno de sus derechos para una pronta solución». La tensión en la ciudad era cada vez mayor, algunos obreros para conseguir algo de dinero trabajaban de manera encubierta en sus domicilios, produciéndose situaciones comprometidas cuando eran sorprendidos, lo que aprovechaba la prensa afecta a la patronal para criticar el comportamiento de los sindicalistas: «El sábado, al salir de la fabrica de don Arsenio Sánchez Mata dos oficialas con unas docenas de alpargatas para confeccionarlas, fueron sorprendidas y abofeteadas por un grupo de obreros de ambos sexos, pertenecientes a la casa del Pueblo».

El 6 de junio los patronos publicaron un manifiesto titulado A los obreros sensatos, instando coercitivamente a la vuelta al trabajo, anunciando que «desde mañana lunes quedaran abiertas nuestras fábricas para dar trabajo a todos los que comportándose correctamente acudan a ellas, bien entendido que cualquier coacción o atropello será debidamente denunciada para su castigo, como igualmente respetaremos a los que no pensando de este modo dejen de acudir al trabajo en las condiciones de normalidad que existían en la anterior a este conflicto; haciendo constar que caso de faltar algún empleado a su puesto tendremos que reemplazarlo dentro del plazo de cuarenta y ocho horas. Sirva de gobierno que nuestro talleres quedaran abiertos a todo operario ya sea asociado o no, pues desde este momento quedan interrumpidas toda clase de relaciones con el Sindicato Único». Aunque desde La Verdad se informó del gran respaldo entre la población de la actitud de la patronal, lo cierto es que la publicación del manifiesto hizo que la posición de los obreros se radicalizase, al considerarlo «insidioso y agresivo». Tomás López Guerrero, corresponsal y vendedor de El Liberal de Murcia en nuestra ciudad, publicó un artículo criticando duramente el manifiesto: «Entre los párrafos de la hoja célebre se encuentra uno que se refiere a ciertos obreros que desligados de la casa del Pueblo han hecho proposiciones dignas de atención. Pues bien, estos obreros son los odiosos esquiroles entorpecedores del triunfo de la justicia representada en la petición de los verdaderos trabajadores, no de suplantadores y aprovechados como son esos esquiroles que no legan a la docena del fraile. Los patronos, quizá para satisfacer a la opinión, se valen de maquiavelismos repugnantes, diciendo que el asunto va en vías de arreglo y abriran las fábricas con esos obreros, quedando por lo tanto rotas las relaciones con el sindicato único. Esto es una provocación indigna y de esta manera no se pueden solucionar los conflictos. Los obreros en esta huelga llevan la mayor parte ganada: la razón les asiste y la opinión entera está de parte de ellos».

El día 9 de junio el mismo diario La Verdad informaba de la nueva situación: «La huelga alpargatera se ha agravado. Los obreros que pertenecen a la Casa del Pueblo, promovieron hoy disturbios y desórdenes en diferentes sitios. Intervino la guardia civil, restableciendo el orden aparentemente. Reina gran excitación, temiéndose que se reproduzcan los disturbios». El señor Guirao, presidente del Sindicato Único, hizo unas declaraciones dirigidas a la patronal «Nosotros los obreros queremos por bien de Caravaca un arreglo; pero este, que sea honroso para nosotros. Obren en conciencia y cumpliremos sus órdenes al pie de la letra». Esta actitud, en cierta forma conciliadora, hizo que el día 9 tuviera lugar, a instancias del alcalde, párroco y otras personalidades, una reunión entre la federación patronal y la Casa del Pueblo, desplazándose nuevamente el exdiputado Revenga a Caravaca para intervenir en ella. En la reunión «patronos y obreros manifestaron las razones que en pró de sus respectivas causas aducían”, acordando un nuevo encuentro para el día siguiente, que finalmente no llegó a producirse al no comparecer la patronal: «A la hora convenida tribunal y obreros se hallaban en sus puestos; por el contrario, los patronos dejaron de personarse en el lugar convenido dando con ello prueba clarividente de la actuación malvada de estos intransigentes e informales patronos». También el día 10 se celebró una reunión de la Junta de Reformas Sociales, igualmente sin alcanzar ningún acuerdo, por lo que el panorama que comenzaba a evidenciarse era desolador: «Huelgan cuatro mil obreros de ambos sexos. Ayer se cerraron los establecimientos de comestibles y panaderías. La ciudad presenta un aspecto tristón. Está concentrada la guardia civil. Parejas de caballería patrullan por las calles». En este estado de cosas, los albañiles y los jornaleros agrícolas se unieron al paro, decidiendo secundar la huelga. Lejos de alcanzarse una solución, el conflicto se agravaba cada vez más comenzando a afectar a otros sectores de la población; La Correspondencia de España en su edición del 12 de junio presentaba así la situación: «Comunican de Caravaca que siguen cerrados los comercios. Los patronos no acceden a conceder los aumentos pedidos por los obreros. Se han abierto las fábricas, no entrando los obreros asociados. Por solidaridad huelgan también los albañiles y los obreros del campo, produciéndose gran trastorno a la agricultura, ya que los cereales están a punto de ser segados. Las fábricas están custodiadas por fuerzas de la Guardia Civil. Reina la tranquilidad».

En la mañana del sábado 12 los obreros celebraron una nueva reunión en la Casa del Pueblo, para decidir las nuevas acciones a seguir. Para poder tratar los asuntos con total libertad y privacidad un numeroso grupo de mujeres ocupó la puerta impidiendo el acceso a los curiosos. En la reunión se tomó el acuerdo de «elevar a las autoridades municipales un oficio en el que se manifestaba que si para las seis de la tarde no se había resuelto el conflicto se marcharían de Caravaca todos los obreros de la industria alpargatera», pensando que la presencia en Murcia del mayor número posible de huelguistas serviría de presión a las autoridades para buscar el fin del conflicto. Como no hubo respuesta a su demanda, a primera hora de la tarde comenzaron a formarse grupos de obreros dispuestos a emprender la marcha, lo que comenzó a suceder a la hora señalada. Al mismo tiempo, una «compacta y nutrida manifestación de mujeres recorrió las calles de la ciudad, protestando de las autoridades indiferentes y obligando a cerrar el comercio», dirigiéndose finalmente a la casa del alcalde exigiendo la solución del conflicto; la manifestación iba encabezada por el exdiputado Revenga. Desde uno de los balcones de su casa el alcalde señor Musso «prometió hacer nuevas gestiones para solucionar la huelga en un plazo inmediato»”. La Guardia Civil hizo acto de presencia para evitar altercados, pero no tuvo que intervenir debido a la correcta actitud de los manifestantes, finalmente Musso y Revenga propusieron la disolución de la manifestación, lo que se produjo no sin antes requerir al alcalde que se dirigiera a la salida de la población para disuadir a los obreros de su marcha a Murcia. Pero estos, «viendo que nada se había conseguido durante el mes de huelga y que nada satisfactorio se había resuelto después del oficio de este día no creyeron oportuno volver y continuaron la marcha. El número de los obreros que han abandonado la localidad oscila entre 500 y 600. El alcalde ante la decisión irrevocable de los obreros, marchó al ayuntamiento a donde llamó a los patronos, resultando que no vinieron a un acuerdo y el alcalde por su cuenta ordenó que el lunes se abrieran las fábricas y que a ellas podrían ir todos los operarios que quisieran».