Rebeca González/@QuecaGonsery

Dentro de este ciclo político tan convulso que vivimos, quiénes nos gobiernan en la Región continúan en la misma línea de trabajo, como si no hubiera una emergencia social que atender, como si el paro juvenil no fuera acuciante, como si la prioridad fuera la movilidad de las clases altas en alta velocidad, como si el problema del agua de repente no existiera, como si la juventud tuviera alguna salida digna de la crisis.

Rebeca González/@QuecaGonsery

Dentro de este ciclo político tan convulso que vivimos, quiénes nos gobiernan en la Región continúan en la misma línea de trabajo, como si no hubiera una emergencia social que atender, como si el paro juvenil no fuera acuciante, como si la prioridad fuera la movilidad de las clases altas en alta velocidad, como si el problema del agua de repente no existiera, como si la juventud tuviera alguna salida digna de la crisis.

En esto último quiero hacer hincapié: hace poco se han aprobado unos presupuestos regionales que se ríen de la situación de la juventud, de esa mayoría social de la que yo me siento parte. Somos una generación que se siente extraña respecto a sí misma, respecto a qué hacer con su futuro y cómo hacerlo. Tenemos unas perspectivas muy inestables gracias al desfalco de la crisis provocado por unos pocos, por las élites capitalistas, y encima de todo los presupuestos tienen una inversión meramente simbólica que no ayudan a la creación de empleo, formación o ayudas para quiénes recibimos de forma directa la herencia de este presente falaz.

Una tesis sociológica dice que los momentos sociales cambian conforme a los acontecimientos culturales, políticos y sociales que los atraviesan. Nuestra generación, la juventud actual, no se vio atravesada por los pactos de la Moncloa, los gobiernos de Felipe González y el entramado institucional que hoy se demuestra quebrado: sindicatos, sistema de partidos. No quiero decir que todo esto no valga, sino que no es sobre lo que pilotará todo lo nuevo. Nuestra generación se ha visto atravesada por el 15M, las reformas educativas, movimiento antibolonia, la crisis… Algo muy distinto a lo anterior, por eso no se puede hacer política como antes, la nueva política que incluya a nuestra generación se debe hacer conforme a los acontecimientos que atraviesan este contexto histórico y desde la empatía, también porque hay distintas formas de comunicarse, de sentirse parte de la sociedad.

Pero como no todo es política, y los acontecimientos sociales y culturales también determinan nuestra generación, tenemos una generación que no sabe qué es tener un empleo para soñar un proyecto de vida, nos hemos visto forzadas a romper lazos familiares por buscar trabajo fuera de nuestra ciudad o país. El fenómeno que atraviesa nuestra generación es la incertidumbre permanente.

Los presupuestos son sólo una señal de ese camino acabado. Esta reflexión la hago por que para entender el país que estamos construyendo y la enorme envergadura que tiene un proyecto de futuro respecto a su generación, hay que entender esos factores. Esos factores ya no los entiende el hombre blanco de mediana edad que viene legislando nuestro futuro, hoy día la juventud, la mujer y la diversidad son el medidor de la realidad que hace falta leer para avanzar.
Hacer política para la juventud hoy es entender los códigos culturales, políticos e incluso emocionales que le son propios y que tenga la oportunidad de construir sus propios códigos económicos y sociales, porque lo que tiene son las migajas de las generaciones anteriores, bajo una misma estructura que las atraviesa a todas, el capitalismo.