JOSÉ ANTONIO MELGARES

Aún a riesgo de que la referencia a este lugar del calendario estival no resulte agradable a algunos lectores, creo adecuado referirme a ella, celebrada durante el ecuador del siglo que se nos fue, la cual se prolongó en el tiempo mucho tiempo después, y que estuvo en vigor desde 1939 hasta 1975, durante todo el tiempo del gobierno del general Franco.

Como se sabe, la fiesta política en cuestión, tenida durante treinta y seis años como la fiesta nacional española, recordaba la sublevación del General en Canarias ese mismo día de 1936 y el comienzo del sangriento trienio que duró la Guerra Civil que concluyó el 1 de abril de 1939. La conmemoración la instituyeron, evidentemente, los vencedores; y su celebración, durante tanto tiempo, para muchos fue motivo de alegría y para otros muchos de tristeza. En cualquier caso el 18 de julio, durante el largo período de tiempo de su celebración, constituía el comienzo oficial de las vacaciones estivales y el momento de la paga extraordinaria que después se denominó de verano.

Ni qué decir tiene que la carga política que animó la celebración en los primeros años, y hasta la década de los sesenta, fue mucho mayor que la que tuvo después, descargándose de contenido con el paso del tiempo hasta convertirse en los últimos años en una jornada aprovechada por el gran público para marchar a las playas o a los lugares habituales del veraneo caravaqueño. Jornada temida por los empresarios, que habían de pagar, y deseada por el asalariado que, como he dicho, cobraba con ese motivo el doble de sus emolumentos mensuales como sucedía y sucede en Navidad. Sólo los periódicos, en los últimos años, hacían referencia a la efemérides en editoriales y artículos de opinión, siempre favorables al Régimen emanado del 18 de Julio, y al día siguiente de los actos que, a nivel nacional y provincial presidían el General y sus gobernadores civiles respectivamente.

A nivel local, en los primeros años, los más implicados y favorecidos por la política imperante, vestían el uniforme de la denominada Guardia de Franco. El alcalde, que a su vez era casi siempre Jefe local del Movimiento, su indumentaria de tal (pantalón negro, camisa azul, corbata negra y chaqueta blanca con el yugo y las flechas en el pecho, y fajín verde si también era diputado provincial). Los falangistas,pantalón negro y camisa, remangada, azul. Los miembros de la Organización Juvenil Española (la popular OJE), pantalón corto y camisa, también remangada, color caqui. Y las damas de la Sección Femenina con falda gris y camisa azul.

La jornada festiva comenzaba en Caravaca con diana floreada, al amanecer, por la Banda de Música Municipal. A media mañana, las autoridades e invitados se reunían a las puertas del Ayuntamiento para, todos juntos, tras la citada Banda de Música, marchar a la Iglesia Mayor del Salvador donde, con mucho público asistente, se celebraba a toda orquesta y presencia del clero local un solemne TE DEUM, que no es sino un canto de acción de gracias, cuya denominación viene del comienzo del primer salmo (Te Deum laudamus, te Domine confitemur…). El Te Deum no es un canto político como muchos han creído, ni mucho menos propio exclusivamente del Régimen Franquista. Se celebraba, también en El Salvador, con motivo de la elección de un nuevo Papa, y en ocasiones históricas extraordinarias para agradecer a la Divinidad la conclusión de una epidemia, una victoria de las armas españolas en conflictos internacionales y, habitualmente, los sacerdotes al terminar la misa diaria. La ceremonia del TE DEUMla siguen celebrando las naciones católicas hispanoamericanas el día de la Fiesta Nacional, como costumbre heredada de los españoles allende los mares, y lo celebra el Papa cada 31 de diciembre, en la Basílica de San Pedro, junto al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, en acción de gracias por el año que concluye.

Tras el TE DEUMen El Salvador, tenía lugar una recepción en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, acto en el que todos los invitados desfilaban, uno a uno, ante las autoridades locales, demostrando así su adhesión al orden establecido, lo que también servía para comprobar quien faltaba y las razones que motivaban su ausencia.

Al concluir la recepción, que iba seguida de un austero piscolabis en el mismo lugar, pues la economía municipal no dio nunca para excesos en aquellos tiempos, todos juntos se dirigían a inaugurar las principales obras construidas o reconstruidas durante el último año: red de aguas potables, alcantarillado, mejoras en el mercado de abastos, viviendas sociales, asfaltado de calles, apertura de nuevas vías y un largo etcétera entre el que cabe destacar la inauguración de las denominadas Casas Baratasdel Camino del Huerto un 18 de julio de los años cincuenta, el denominado Barrio de la Pazinaugurado en idéntica fecha de 1964, coincidiendo con los fastos organizados en toda España con motivo de lo que vino en denominarse Veinticinco Años de Pazy el conocido Hogar Rural del Frente de Juventudes, de la Carretera de Moratalla, frente al Colegio Cervantes en fecha indeterminada para el Cronista.

La jornada festiva oficial concluía a medio día, tras algún desfile de falangistas y miembros de la OJE, formados en Centurias y Escuadras, con sus banderines distintivos y banda propia de cornetas y tambores, seguidas de las juventudes de la Sección Femenina, también formadas en Margaritas, Luceros y Flechas. No se si en los últimos años se organizaba comida ofrecida por el propio Ayuntamiento, en los salones de Falange (entonces, como se sabe, en la Plaza del Arco, sobre el lugar que ocupó el desaparecido Bar Los Yemas, con gran balcón a la propia Plaza, al que en otras ocasiones me he referido).

Por supuesto que en esa fecha, como a lo largo de todo el año, ondeaban en los edificios públicos, junto a la Bandera Nacional, las de Falange Española Tradicionalista y de las JONS (roja y negra), y la de los Requetés(blanca con la Cruz de San Andrés en rojo)

La fiesta del 18 de julio se celebraba de manera similar en la capital de la Nación, en las de provincia y en los pueblos y ciudades, con mayor o menor solemnidad, presidiendo los actos allí el Caudilloy aquí los gobernadores civiles y alcaldes, con ligeras variantes de ostentación principalmente; y vino a ser durante lustros un alarde público del poder gobernante que a muchos, como dije al principio, enfervorecía los ánimos, y otros, en silencio, detestaban. Con la muerte del general Franco, el 20 de noviembre de 1975 se termino de celebrar, tras unos años en que la ostentación inicial, como también se ha dicho, se fue transformando paulatinamente en sólo una evocación al pasado, sin contenido ni cuerpo escénico.