Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

El espíritu regeneracionista que sacudió la vida social y política española en los años finales del siglo XIX y principios del XX, tuvo también su expresión en nuestra ciudad, manifestándose, entre otras cuestiones, en el resurgimiento de las actividades organizadas por antiguas cofradías, véase el caso de las cofradías pasionales de Semana Santa, que se refundan y reorganizan en estos años, o el de la Cofradía de San Blas, que igualmente se recupera con fuerza, llegando a organizar la festividad de su santo patrón con gran participación popular.


Aunque había gozado de cierto esplendor en los primeros años de su fundación, la Cofradía de San Blas de Caravaca fue perdiendo auge, evidenciando una progresiva decadencia a lo largo del siglo XIX, siendo causa de que durante algunos años dejaran de celebrarse actos tan tradicionales y propios de esa cofradía, como eran la procesión o el reparto de comida a los pobres, manteniéndose tan solo la novena y la misa de su festividad, que se realizaban en la Parroquial del Salvador..
Los primeros signos de resurgimiento, propiciados por el aumento de recursos económicos: «Es de creer que el número de limosnas sea mayor que en los últimos años, por la circunstancia de haber dominado en este la terrible difteria», los encontramos en 1901, año en que ocupó la presidencia de la referida cofradía Dª. Felisa Sánchez Gómez. Ese año, además del acostumbrado novenario, que congregaba a gran número de devotos: «A pesar de lo desapacible del tiempo y ser la primera novena, hubo bastante número de fieles», se organizó también una procesión con la imagen del santo «por las calles de la carrera» incentivando la participación en la misma, «la comisión tiene acordado que asistan al acto cuantos niños lo deseen, debiendo acudir provistos de sus velas correspondientes», procurándose asimismo que la función religiosa de la festividad fuese lo mas solemne posible, concertando para ello la presencia de un religioso franciscano del Convento de las Maravillas de Cehegín para que ocupase la cátedra sagrada. En cuanto al reparto de pan a los pobres, se realizó, como solía ser habitual, en el atrio de la Ermita de Nª. Sª. de la Soledad, contando ese año con la asistencia de la Banda de Música, que interpretó diversas piezas durante el acto.
Vistos los resultados del año anterior, la cofradía, llamada también indistintamente Asociación de San Blas, preparó para la festividad de 1902 un amplio programa, con actos variados incluyendo los religiosos, conveniente publicitado por la presa local: «Por los individuos pertenecientes a la Cofradía de San Blas, se organizan varios festejos para celebrar con gran solemnidad la festividad de dicho Santo, y aumentar el número de limosnas que anualmente reparte dicha Cofradia. Entre otro números sabemos que prepara una buena corrida de novillos en la que actuaran como diestros jóvenes del comercio de esta ciudad; en el mismo circo taurino se rifará un magnífico ramillete de dulce, se elevaran globos y además debutará el don Tancredo Caravaqueño José Andreu (Abanza). En la iglesia parroquial habrá solemne función religiosa predicando un elocuente orador sagrado y en el atrio de la Soledad se efectuará el reparto de comida a los pobres».
Las celebraciones dieron comienzo el 23 de enero con un repique general de campanas anunciando «al vecindario el principio del solemne novenario». La mañana del 1 de febrero tuvo lugar la colecta oficial por los barrios «extremos de la población»; mientras que por la tarde hubo pasacalles a cargo de una comparsa de cabezudos acompañados de dulzaina recorrieron las calles principales de la ciudad. Al día siguiente continuó la colecta por «la carrera y corredera», participando en ella la Banda de Música y los cabezudos del día anterior, recaudándose entre los 2 días la nada desdeñable cantidad de 132 pesetas. A las 3 de la tarde dio comienzo la esperada novillada, en la que se lidiaron reses procedentes de Nerpio, para cuya adquisición se desplazaron varios miembros de la comisión, actuando en ella de manera desinteresada la asociación del comercio y el Don Tancredo local. El día 3 por la mañana se celebró la función religiosa, siendo finalmente elegido para pronunciar el sermón el joven sacerdote caravaqueño D. José Hervás. A su conclusión, reparto de comida a los pobres en la Soledad, consistiendo este año en 500 libras de pan y arroz con carne, resultó ser tan abundante la cantidad preparada «que después de atender suficientemente a los necesitados que se presentaron, aún quedó para para mandar a los asilados del hospital y los reclusos de la carcel». A las 3 la tarde, se ofició la última novena, dándose a adorar la reliquia del santo a su finalización (en el artículo de la semana anterior se daba cuenta de la procedencia y llegada de esta reliquia de San Blas a nuestra ciudad). La procesión dio comienzo a las 5, finalizando los actos con la quema de fuegos artificiales en el balcón del Ayuntamiento. Todos los números «resultaron de gran efecto, proporcionando a este vecindario ratos de solaz y solemnizando dignamente este año la fiesta del glorioso mártir».
Como consecuencia del éxito alcanzado, aumentaron los ingresos en la asociación, planteándose la posibilidad de incrementar el programa festivo para el próximo año: «de algunos de los recién ingresados sabemos que ha presentado un magnífico programa de festejos, que mereció la aprobación de su compañeros, estando unos y otros, dispuestos a que el año que viene sean aún más y mejores los festejos que se realicen en honor a San Blas». Y así fue; en enero de 1903 la todavía presidenta Sra. Sánchez Gómez anunció el acuerdo adoptado por la asociación «de dar este año una magnificencia a los festejos que se dedican a su patrono que supera en gran modo a los que de tradición se le vienen prodigando».
En realidad, fue un programa muy parecido al del año anterior, repitiéndose todos los actos, aunque en algunos casos, como la corrida de novillos, aumentaron el nivel. El festejo taurino consistió en una novillada en la que se lidiaron 3 «moruchos de la acreditada vacada de D. Ramón de la Parra», que salieron malos, aunque el único matador, Pascual González «Almanseño», tuvo una meritoria actuación, siendo del agrado del público, por lo que la empresa del coso caravaqueño le prometió una nueva actuación, que sería durante las fiestas de mayo, que finalmente no llegó a realizarse. La gran novedad respecto al año anterior consistió en el desfile por las calles de una carroza representando a la región de Murcia acompañada de música de bandurrias y guitarras: «A las 2 y media de la tarde entrada en la población, por la carretera de Granada, de la soberbia carroza alegórica de una choza de la huerta de Murcia, con parejas de baile, lo que se dirigirá a la plaza de toros en que hará su debut dichas parejas, acompañadas de la orquesta y habrá cucañas, sartén y fuegos artificiales», siendo también una de las innovaciones el traslado de estos últimos de la Plaza al Castillo. Los fuegos artificiales estuvieron a cargo del reputado pirotécnico oriolano Sr. Cánovas. Los actos religiosos se realizaron con gran pompa, destacando la procesión «por la carrera de costumbre» y la función de la festividad, en la que repitió como orador sagrado el sacerdote D. José Hervás. En cuanto al reparto de comida a los pobres, se verificó en condiciones similares al anterior, distribuyéndose entre los necesitados raciones de arroz y carne y 500 libras de pan. Entre los incidentes sucedidos durante las fiestas figuran el percance sufrido por una niña debido a la imprudencia de algunos participantes en la fiesta: «hubo exceso en este asunto por parte de algunos mozalbetes, pues el día de San Blas quemaron en la cuesta de la Soledad a una niña con una carretilla y estos abusos, claro está, no deben consentirse» y una pelea durante el reparto de comida: «se promovió un fuerte altercado entre varios individuos que se disputaban el primer puesto. La contienda no llegó a mayores gracias a la pronta intervención de una pareja de la benemérita».
El nivel alcanzado este año resultó difícilmente mantenible, y aunque en años sucesivos se continuó celebrando la festividad del santo, esta fue nuevamente entrando en decadencia hasta su desaparición. De las fiestas de 1904 la prensa destacó la «música, cohetes, tronerías, repique de campanas, abundante y suculenta comida a los pobres, con su pan correspondiente, en nuestra Tienda-Asilo, solemne función con orquesta y una novedad traída al púlpito para delectación de los fieles». La novedad referida fue la presencia como orador sagrado en la función religiosa de D. Diego Tortosa, cura ecónomo de Moratalla, que entusiasmó a los fieles con su extraordinaria intervención: «fácil aún cuando velocísimo en la dicción; con más alientos en su espíritu que timbre y sonoridad en su voz, compone discursos con la lógica del raciocinio y con el arte y los primores de la elocuencia, convenciendo y deleitando, sentando tesis y contradiciendo errores, unas veces con la dulce persuasión del Evangelio y otras con los apóstrofes de la indignación culta y severa del sacerdote creyente y del orador de altos vuelos». Este año no hubo novillada ni otros festejos civiles; no obstante, los caravaqueños pudieron divertirse con la compañía dirigida por el reputado gimnasta alemán Mr. Luis Hills, que presentó en la Plaza de Toros un espectáculo gimnástico, acrobático y ciclista, anunciándose seguidamente el debut de «Al Marx, célebre por su descomunal fuerza, y Miss Rossida con sus perros amaestrados. Entre los ejercicios que ejecuta <>, figura levantar un hombre con un solo dedo y el de romper dos cadenas a puñetazos».