Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

La festividad del Corpus Christi fue durante mucho tiempo una fecha destacada en el calendario festivo caravaqueño. En la ultra católica España de la contrarreforma, esta fiesta alcanzó una gran importancia, rivalizando las principales villas y ciudades por conmemorarla con la mayor solemnidad y esplendor. En Caravaca, la encargada de organizarla era la Cofradía del Santísimo Sacramento, que era asimismo quien tenía que sufragar los elevados gastos que ocasionaba, aunque para ello contaban también con una pequeña aportación por parte del Concejo. Para conocer su desarrollo contamos, además de las referencias incluidas en las actas concejiles, con un documento fundamental conservado en el Archivo de la Parroquia de El Salvador, el Libro delas Quentas delos cofrades del sanctissimo sacramento, donde, además de algunos inventarios, aparece una relación detallada todos los ingresos y gastos de la referida Cofradía durante los años 1582 a 1635, permitiéndonos saber los gastos ocasionados en la festividad y en que consistían exactamente. La celebración tenía un marcado carácter religioso pero como los mayordomos no escatimaban gasto alguno, llegaron a rivalizar en solemnidad, lujo y esplendor con la de la Vera Cruz de mayo, siendo ambas las más importantes del ciclo festivo local. Los actos que se realizaban pueden concretarse fundamentalmente en tres: función religiosa, procesión y juegos y diversiones populares.

El más solemne era la misa, que se oficiaba en la parroquia de El Salvador y era presidida por el Vicario. A ella asistía el numeroso clero local, el Concejo y los elementos más destacados de la sociedad caravaqueña, actuando en ella los músicos y cantores de la parroquial dirigidos por el maestro de la capilla. Para la celebración de la misa, la iglesia se adornaba profusamente, colocándose unos arcos de madera frente al altar mayor y se embellecía todo el conjunto con telas, multitud de elementos vegetales y plantas aromáticas, entre ellos y según recoge el mencionado libro: hinojos, aneas, flores, hiedras, tréboles, cañas, ramos, etc., contratando para su instalación a varios operarios, entre ellos un carpintero. En 1586 el Concejo dispuso que en las fiestas de la Ssma. Cruz y del Ssmo. Sacramento se colocasen en la nave central de la iglesia «dos escaños o los que fueren menester con sus alfombras» para ser utilizados exclusivamente por sus miembros.

El segundo de los actos era la procesión, que también se desarrollaba con gran pompa y ceremonia, correspondiendo su gobierno a la Villa; sin embargo, el Vicario de la Orden de Santiago reclamó dicho gobierno, quedando definitivamente zanjado el conflicto en 1637 cuando la Justicia reconoció el derecho del Concejo ejercido desde tiempo inmemorial. La primera noticia conocida sobre la realización de esta procesión data de 1528, pero su antigüedad es mayor ya que en ese año se suscitó un problema entre la Vicaría y el Concejo sobre a quien le correspondía llevar las andas y varas en dicha procesión. Hasta entonces las llevaban los miembros del Concejo, pero el Vicario quiso que fueran los clérigos quienes lo hicieran, como ambos tenían ganadas Reales Provisiones autorizándoles a hacerlo, finalmente se tuvo que llegar a un acuerdo entre las partes mediante el cual los clérigos llevarían las andas y los regidores las varas. En la procesión participaban el clero, el Concejo en forma de villa con el Alférez Mayor portando el estandarte real, los miembros de la Cofradía y los fieles y devotos; también figuraban representaciones de otras cofradías y de los gremios de artesanos con sus respectivos pendones. En el cortejo procesional se incluían asimismo danzas y acompañamiento musical con chirimías y chanzonetas. Respecto a las danzas hay que señalar que en el referido libro se encuentran reseñados anualmente el pago del calzado para los danzantes, generalmente entre 16 y 21 pares, del que se hacía cargo la cofradía. Se desconoce si las danzas se realizaban únicamente durante la procesión o si también ejecutaban alguna en el interior de la iglesia, considerando su evidente relación con los seises de otros lugares.

A partir del año 1628 se incluyeron también en el cortejo procesional los gigantes; en el libro al llegar a las cuentas presentadas por el mayordomo Juan Torrecilla Merino en dicho año se consignan los pagos efectuados al pintor Tomas Carbonell y al carpintero Alonso Navarro por la fabricación y montaje de cuatro gigantes.

En cuanto a su itinerario, sufrió varias modificaciones a lo largo tiempo. Al principio solamente circundaba el cerro del castillo, hay que tener en cuenta que la parroquial estaba ubicada donde está actualmente la ermita de La Soledad; sin embargo la trasladación del Santísimo Sacramento de la vieja a la nueva parroquial en 1573 hizo que hubiera de cambiarse, decidiéndose en 1602 que en lo sucesivo discurra por las calles del Colegio viejo, Doctor Sierra, Mayrena y por la calle nueva a la parroquial «por ser calles mas deçentes, principales y acomodadas». Posteriormente se ampliaría a las calles Higueras, Juan de Yeste y la Calle Mayor, efectuándose una parada para cantar villancicos en la puerta de la Casa Tercia, donde se disponía un altar para colocar el Santísimo Sacramento mientras tanto.

También se organizaban diversos festejos populares para regocijo y entretenimiento de los vecinos. De ellos el más característico eran las representaciones teatrales, la mayor parte de las veces ejecutadas en tablados levantados al efecto en la plaza pública, los decorados se encargaban a los carpinteros locales costeándose los gastos de los fondos de la Cofradía, que también se hacia cargo de los zapatos y ocasionalmente del vestuario de los actores, ejemplo de ello lo hayamos en el año 1606 en que se sufragaron «diez y seys pares de zapatos para los danzantes que hicieron una danza y una comedia», «vnas mascaras de badana», «seys sayos para los que hicieron una danza» y «un poco de cañamo para hacer unas cavelleras para los danzantes y teñir el dicho cañamo y hacer una diadema y cuerdas que se compraron para las guitarras que se taneron en la fiesta». Además de las representaciones en la plaza, a veces se hacían algunas en el interior de la iglesia; en las cuentas de 1605 figura la siguiente partida «çiento y diez reales que pago a Xriptobal de Ayala, autor de hazer comedias, por raçon de vnos autos que el suso dicho hizo con su compañía a lo dibino en la iglesia parroquial desta villa en la fiesta del corpus». También fueron frecuentes las danzas de gitanos, de gran popularidad en esta época y que normalmente eran ejecutadas por compañías ambulantes, ejemplo de ello, el Corpus de 1653.

Cuando la situación económica lo permitía o lo sufragaba el mayordomo había pólvora, no solo fuegos artificiales sino también cohetes, cuya compra comienza a anotarse en 1607, y toros; de este último caso tenemos noticia de su celebración los años 1667, 1675, 1682 y 1690. En el primero, fue el propio hijo del mayordomo el encargado de comprar los toros, desplazándose para ello a la villa de Segura y otras poblaciones de sus alrededores.

La celebración concluía a la semana siguiente con la festividad de la octava del Corpus, en la que se programaban igualmente diversos festejos tanto civiles como religiosos, también los había durante los seis días de la infraoctava, que son los comprendidos entre la festividad y su octava.