Francisco Fernández García
(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

En Caravaca desde antiguo tenían lugar dos ferias, una en mayo y otra en septiembre coincidiendo con las festividades de la Invención y Exaltación de la Memorias de la Ciudad de CaravacaCruz. Desde el punto de vista económico la de septiembre tenía mayor relevancia ya que su fecha de celebración propiciaba en mayor medida la actividad comercial por ser este el momento en que la población tenía que asegurarse el abastecimiento de alimentos y productos que habría de necesitar durante los duros meses del invierno.
Las primeras noticias documentales datan de 1573, año en el que el Concejo solicitó licencia para celebrar dos ferias francas, ambas de siete días de duración, con motivo de las festividades referidas. El lugar donde se realizaban era la plaza pública, aunque pronto fue extendiéndose por las calles adyacentes. El progresivo aumento de participantes determinó al Concejo a ordenar su disposición y ubicación atendiendo a los productos ofertados ya que, aunque fundamentalmente eran de carácter agropecuario, también acudían mercaderes que ofrecían en sus puestos todo tipo de productos y mercancías. En 1597 la plaza quedaba reservada exclusivamente para los puestos y tiendas trasladándose los ganados a la cercana calle del Corral del Concejo.
Con el paso del tiempo se amplió la superficie ocupada por el ganado, quedando establecida en el Ejido de San Francisco y en el terreno situado entre los barrancos del Nevazo y de San Jerónimo, alterándose solamente en casos excepcionales como el sucedido en 1678 en que ante la noticia de la existencia de enfermedades contagiosas en varias ciudades se ordenó el hacerla dentro de los muros de la villa señalándose la Corredera para el ganado mular y el Cabezo de la Cruz para los restantes, incluyendo el vacuno. El término muro no hace referencia a la muralla sino al perímetro de la población que en casos de epidemias se cerraba tapiando las calles exteriores dejando tres o cuatro puertas abiertas y vigiladas para control de los que entraban y salían de la villa. En 1786 se estacionaba el ganado vacuno en las Cantarerías y el equino en el Ejido de San Francisco; este cambio produjo muchos problemas de tráfico ya que dificultaba el acceso al Convento de San Francisco y el tránsito por el camino que se dirigía a Moratalla, por lo que tan solo dos años más tarde el mercado de ganado vacuno volvió a celebrarse en la Loma del Arca, como también se conocía el sitio de las Cantarerías.
La celebración de la feria reportaba importantes beneficios a la hacienda municipal ya que a los impuestos que gravaban el comercio se añadían los ingresos por alquiler e instalaciones de puestos y los procedentes de la realización de determinados festejos. La mayor parte de ingresos procedían de los derechos que tenían que satisfacer los ganaderos por sus ventas, el arancel de 1734 nos aporta información sobre el tipo de ganado que acudía a la feria: mulas y muletos romos, mulas y machos castellanos, yeguas, potros y novillos, asnos, reses de vacuno y burras con rastro mular. En momentos de acentuada crisis económica el Concejo eximía del pago de impuestos favoreciendo de este modo la actividad comercial que aseguraba el necesario abastecimiento de la villa.
La feria de Caravaca atraía a gran cantidad de gentes de los pueblos circunvecinos por lo que además las actividades propias de la misma se organizaban diversos festejos para entretenimiento del personal, entre los que destacaban los juegos y corridas de toros, que llegaron a convertirse en espectáculo indispensable en esos días. Para el mantenimiento del orden y la moralidad durante los días feriados se dictaban disposiciones especiales ya que entre los que acudían a la villa había timadores, tahúres y toda clase de pícaros dispuestos a desvalijar a quienes pudieran.
En cuanto a la fechas de realización comenzaron siendo del 11 al 17 de septiembre. Paulatinamente se fueron retrasando pasando a celebrarse generalmente entre el 21 y el 28 de dicho mes. La coincidencia con otras ferias en poblaciones cercanas decidió al ayuntamiento en 1853 a solicitar a la reina y al gobierno el traslado de fecha quedando finalmente fijada por Real Orden entre los días 26 de septiembre a 3 de octubre. En 1856 Agustín Marín Espinosa en sus «Memorias para la historia de la ciudad de Caravaca» la describe así: «Son especialmente concurridas las ferias, especialmente la de septiembre, por la abundancia de platerias, quincalla, sombrererias, zapaterias, comerciantes de diferentes generos, y otra multitud de articulos de lujo que se espenden con profusion como tambien mucho ganado mular, caballar y vacuno»
En 1883 se produjo un nuevo cambio de ubicación destinando «para el ganado Caballar la calle de Corredera y sus afluencias hasta el Obalo y casa del Junquico, sin que se permita su estancia en las de Libertad, Don Fernando y Herrerias, a cuyo fin debera colocarse una balla de madera bastante a indicar la prohivicion en cada una de las tres mencionadas calles; para el de Cerda, desde la casa del Junquico hacia el camino y traviesa hasta la Carretera y para el Vacuno, las afueras del Egido o sea desde el final de las calles de este nombre y de Torrentera ocupando los eriales a espaldas del huerto de San Francisco y caidas al barranco de las Cantarerias; disponiendo tambien que la venta de frutas y verduras que hoy se celebra en la Plaza de la Constitucion, pase durante los dias de Feria a la Plazuela del santo, y los vidriados de todas clases a la Plaza del Progreso». En otras ocasiones la venta de verduras también se ubicó durante estos días en la Plaza del Hoyo.
La feria de ganados continuó celebrándose en estos lugares hasta finales de los años 60 del pasado siglo en los que la mecanización del campo y la cada vez menor utilización de animales en las faenas agrícolas hizo que desapareciera recuperándose algún tiempo después convertida primero en agropecuaria e industrial y finalmente en feria del caballo.