José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la Región de Murcia

La más antigua instalación farmaceútica de las existentes actualmente en Caravaca es la que hoy regenta, en la C. del Colegio, la licenciada Rosario López Salueña, quien la heredó de su padre Pascual Adolfo López Moya y éste del suyo Pedro Antonio López López quien, a su vez, en 1918 la compró a Ricardo Torres Escriña, farmacéutico militar quien le dio la configuración y aspecto que, con ligeras modificaciones exigidas por el paso del tiempo, ha llegado hasta hoy.

Energina. Interior del estuche

Energina. Interior del estuche

Don Pedro Antonio había nacido en La Almudema en 1895, en el seno del matrimonio formado por Pedro Antonio López y Clara López, fruto del cual nacieron también Pura, Dolores y Dionisio. Propietarios acomodados, dieron carrera a ambos varones, de Farmacia y Medicina respectivamente, en una y otra facultad de la Universidad de Granada.

El primero, como he dicho, al concluir sus estudios con 24 años, en 1920, comenzó a regentar la farmacia adquirida en abril de 1918 al farmacéutico Torres Escriña, contratando como primer mancebo a Perico Elum, a quien sucedieron Pedro Guerrero y Javier López a quienes nuestra generación llegó a conocer.

Contrajo matrimonio con Dolores Moya Martínez-Carrasco, en ceremonia oficiada en casa de la novia (Mayor 12), como era relativamente frecuente en la época, fijando el domicilio familiar en la C. del Colegio 5, sobre la botica, donde vinieron al mundo sus cuatro hijos: Pedro Antonio, Lola, Pascual Adolfo y María Rosa.

En la farmacia de los años previos a la Guerra Civil no sólo se vendían medicamentos fabricados por laboratorios, como en la actualidad, sino que, de acuerdo con fórmulas magistrales, también los había de elaboración propia. D. Pedro Antonio fabricó, e incluso registró la denominada Energina,(remineralizador arseno ferruginoso en sellos) y vendió, además de medicinas, chocolate, azúcar y café, contando en la rebotica con una máquina para moler esta última sustancia.

Entre los medicamentos más vendidos durante aquella primera época, se recuerda el laxanteLaxembusto, servido en cajitas metálicas de color rojo; bicarbonato y el analgésico Okal, además de purgantes, cataplasmas y parches de diversa naturaleza.

Durante la Guerra Civil D. Pedro Antonio no cerró la farmacia. Mientras hubo medicamentos los suministró a quienes los demandaban. Cuando escasearon hubo de poner a prueba su ingenio para fabricarlos a base de materias primas cuando éstas podían conseguirse. Las fórmulas las obtenía de un libro facilitado por un médico de Moratalla que pasaba consulta en la rebotica.

Con la familia

Con la familia

Durante muchos años fue el único boticario que hacía los análisis de sangre y orina prescritos por los médicos locales D. Alfonso el de Las Lomas, D. Alfonso Caparrós y, más tarde, D. Alfonso Zamora. Para ayudarle en ello inició a su hija Lola, pero enseguida llegó Javier, quien se encargaba de dicho cometido, contando con autoclave para la oportuna esterilización. La analítica no sólo se facilitaba a las gentes de la ciudad, sino que hasta la farmacia llegaban muestras de sangre y orina de gentes del campo y pueblos de alrededor, a través de la Guardia Civil y de los cobradores de los coches de línea, entre los que se recuerdan a  un tal César y a Teófilo Moya, cobrador en el Correo de Nerpio.

D. Pedro Antonio fue uno de los primeros socios de la Hermandad Farmaceútica y del Centro Farmacéutico. Hasta la existencia de uno y otro distribuidor, los medicamentos de los que no había existencia se encargaban a Murcia y los traía, cada noche, la Agencia Rubio, por lo que la mayor afluencia de público se registraba en la farmacia tras la llegada de la agencia, en el tren que cada noche venía de la capital.

Como se ha dicho, la botica se adquirió en 1918 con su propio botamen, mobiliario y aparatos diversos que han llegado a nuestros días como decoración del establecimiento. El espacio dedicado a la atención al público conserva hasta hoy un hermoso techo pintado, con alusiones a la farmacopea, por el pintor murciano Pedro Sánchez Picazo hacia 1910, y se encuentra separada del almacén, despacho y laboratorio. Gran parte de la decoración parietal, se debe, sin embargo, al hijo de aquel, Pascual Adolfo quien, como se sabe, además de la Farmacia cultivó la pintura y el resto de las artes plásticas.

Las guardias eran de una semana completa, y durante las mismas era frecuente la reunión de colegas y amigos en la rebotica, con asistencia de sus compañeros de profesión D. Dionisio López, D. Cayetano Laborda y D. Luís Sánchez Caparrós, el abogado D. Luís Martínez Carrasco y el médico D. Alfonso Zamora, entre otros.

La farmacia se limpiaba por las noches, o muy de mañana, antes de que comenzaran a llegar los clientes. De ello se encargaban las criadas de la casa: Teresa Fernández (a quien la familia llamaba la chacha Teresa), Pilar y Rosario; la tía Juana, la tía Anica, Bárbara y Quica según la época.

Familia la suya de formas y hábitos tradicionales, practicaba la costumbre de la visita domiciliaria. D. Pedro Antonio y Dª Lola eran poco dados a salir, en una época en que apenas se salía sino para lo imprescindible. Asiduas al domicilio de Dª. Lola fueron Dª. Dolores la Michelena, las de Olmo, Dª. Lola Jiménez y una hermana de D. Cayetano Laborda. Se salía por motivos sanitarios, para compras diarias y, sobre todo por motivos religiosos a misa por la mañana, a rosarios y novenas por la tarde y a velatorios, que también tenían lugar en los domicilios hasta la apertura de los tanatorios. D. Pedro Fue presidente de los Hombres de Acción Católica, perteneció a la Adoración Nocturna y formó parte de la cofradía pasional de Ntro. P. Jesús. También fueron terciarios franciscanos.

En lo festero solía D. Pedro dejar, siempre que se lo pedían, un pecho pretal de propiedad familiar, procedente de la finca paterna de La Almudema, para ataviar algún que otro caballo del vino. Le honraban llevándole el caballo a la farmacia en la mañana del dos de mayo, y se lo agradecían con una pequeña garrafa con vino de la Cruz.

  1. Pedro vendió mucho al fiaoy ayudó mucho más a quienes carecían de medios para adquirir los medicamentos que precisaban. El gancho donde se colgaban, en su despacho, las recetas impagadas, siempre estuvo muy abultado.

Antes de jubilarse, cuando una disposición gubernamental obligó a diferenciar la actividad analítica de la venta de medicamentos, D. Pedro se quedó con la primera, dejando en manos de su hijo Pascual Adolfo la segunda, siendo ya éste farmacéutico.

Falleció víctima de una trombosis, el 22 de febrero de 1969, tras unos años con poca calidad de vida, debido a una afección respiratoria crónica. Sin embargo, su recuerdo permanece en el cuadro de honor de la memoria colectiva, donde se sitúan tantas y tan grandes personas que pusieron los cimientos de la Caravaca actual.