El próximo curso escolar 2015-16, la implantación de la LOMCE, ley educativa del partido popular sin acuerdo alguno por parte de la comunidad educativa, será completa en primaria y formación profesional básica y se inicia en los cursos impares de secundaria y bachillerato.

Los cambios que propone esta nueva normativa son de cierto calado para determinados aspecto de la educación, sobre todo lo que hace referencia a la autonomía y participación en los centros, al uso indiscriminado de las pruebas externas o reválidas o el adelanto de la elección de itinerarios, por mencionar algunos de sus cambios más destacados.

Pero sigue siendo cierto que la Tierra gira alrededor del Sol, y que la mayor parte de los libros de texto utilizados en el curso escolar anterior siguen siendo válidos para su uso como otro más de los muchos recursos educativos al alcance de los docentes en la sociedad de la información.

La asociación de libreros de texto no pueden ni deben imponer sus intereses empresariales privados a la profesionalidad y sensibilidad de los equipos docentes de nuestra región, máxime cuando la Consejería de Educación en la resolución de 5 de mayo en la que se dictan instrucciones para la organización del curso escolar 2015-16 en centros que imparten ESO y bachillerato, en el apartado 25 sobre libros de texto y demás materiales curriculares que corresponde a los docentes adoptar los libros de texto en virtud de su autonomía pedagógica y que una vez seleccionado un libro éste no podrá ser sustituido en los próximos 5 años, salvo que se haya dejado de editar (trampa de las editoriales). Si ocurre esto último, los centros favorecerán el uso de ambas ediciones hasta que se cumplan los cinco años de su adopción. Y dice más, «teniendo en cuenta que en el curso 2015-2016 entrará en vigor el nuevo currículo de los cursos primero y tercero de Educación Secundaria Obligatoria y primero de Bachillerato, no parece oportuno adoptar nuevos libros de texto en estas etapas hasta que se conozcan los nuevos contenidos definitivos de las mismas».

Si a todo lo anterior le sumamos la petición generalizada por parte de los partidos políticos de paralización de la LOMCE, llegamos a la conclusión de que el criterio más adecuado en este contexto es el de no cambiar los libros de texto hasta que no se despejen las incertidumbre generadas.