JAIME PARRA

Carlos Sánchez Mato, concejal de Hacienda en el gobierno del Ayuntamiento de Madrid durante el mandato de Manuela Carmena, presentó en Caravaca el pasado viernes el libro en el que, junto a Eduardo Garzón, narra su experiencia de gobierno y que lleva el título de `919 días ¡Sí se podía! Cómo el Ayuntamiento madrileño puso la economía al servicio de la gente´. El acto fue organizado por IU-Verdes Caravaca.

¿Por qué escribir sobre su experiencia en el Gobierno de Madrid?

Pretendemos desmontar el mantra tan extendido de que las gentes de la izquierda transformadora somos incapaces de gestionar de manera adecuada administraciones públicas. No solamente somos capaces de hacerlo bien, sino de mejorar bastante, no solo las expectativas, sino la gestión previa de la derecha. Aventuraban el caos, el apocalipsis, al igual que estamos viendo hoy con la llegada al Gobierno de compañeros míos de IU y Podemos cuando lanzan esos mensajes durísimos acerca del hundimiento de España. En el libro demostramos que nuestra gestión económica puede ser exquisita.

¿Qué destacaría de esa gestión?

Nos encontramos unas cuentas públicas arruinadas, Madrid era la ciudad más endeudada de Europa, y redujimos la deuda un 52%, casi tres mil millones de euros, además tuvimos 4.500 millones de superávit presupuestario. Para hacerlo no tuvimos que recortar en servicios y gasto público, al contrario, incrementamos el gasto social en un 73% y duplicamos la inversión. Y no fue milagro, fue la puesta en marcha de un plan económico que se demostró exitoso. Pero en el conjunto del Estado se publicitaban otras realidades de Madrid, como los trajes de los reyes magos.

¿Se puede replicar esta experiencia en ayuntamientos pequeños como el de Caravaca?

Las presentaciones en el conjunto del Estado son una excusa para que se sepa que sí, que la experiencia es trasladable tanto aguas arriba como aguas abajo. Y no precisamos de una modificación legislativa, no nos pongamos como excusa que tenemos una normativa hostil a los ayuntamientos. Queremos cambiar esa normativa, pero incluso con esa normativa ayuntamientos como el de Caravaca tendrían capacidad de ponerse al servicio de las personas.

Su experiencia en Madrid sin embargo no acabó bien.

Depende cómo se mire. Personalmente no acabó bien, porque Cristóbal Montoro utilizó todos los medios, legales y no legales, para acabar con la gestión. Que Manuela Carmena aceptara las presiones y me cesara, para mí no es un demérito, sino es un orgullo, porque la gestión económica que realizó el equipo del que yo formaba parte no tiene parangón. Fuimos señalados como un Ayuntamiento que causaba desequilibrio en las cuentas del Reino de España cuando obtuvimos superátiv, redujimos la deuda, e incrementamos el gasto social.

Hacienda ha intervenido pagos a Murcia por su morosidad. También aquí se habla de castigo por ser el Gobierno de otro color, en este caso popular.

No es el mismo caso que en Madrid. Lo que demuestra en todo caso que los paladines de la estabilidad presupuestaria son incapaces de pagar a tiempo a los proveedores, los que dicen defender a los autónomos y a pequeñas y medianas empresas pagan tarde y mal. Al igual que el PP de Madrid en 2015; pagaba las facturas a proveedores en 340 días de media, cuando salí yo pagábamos a 17 días de media. Nosotros estamos en contra de esta Ley de Estabilidad Presupuestaria, no porque estemos a favor de la inestabilidad, sino porque se ha utilizado para recortar servicios públicos. Pero no tiene sentido que quien generó esta legislación, el PP, aunque sea sostenido por Ciudadanos, se queje cuando le apliquen la medicina que ellos han recetado.

Dada la experiencia de Madrid, ¿qué consejos daría al Gobierno de España?

Hace falta audacia, no ceder a las presiones. Cuando el gobierno de Madrid fue atacado por tierra mar y aire, desgraciadamente Manuela claudicó. No quiero que claudique Pedro Sánchez ni mis compañeros Alberto Garzón y Yolanda Díaz. Deben poner en marcha las medidas programáticas que se han pactado; si aparcamos el programa por miedo, si cedemos a las presiones, gana la derecha, aunque gobernemos.

¿Tantas fueron las presiones que sufrieron?

No me estoy quejando de la crítica, es normal que la oposición critique, pero se han usado todo tipo de trapacerías, cada decisión que tomábamos para incrementar las inversiones sociales había recursos contencioso administrativos, todo acababa paralizado en los tribunales. En estas primeras semanas de Gobierno parece que esa táctica de judicializar la vida política se ha trasladado al ámbito nacional. Pero hay que sustraerse de esas presiones; nos debemos a la mayoría que ha apostado por un gobierno de coalición.

Usted ha venido a la región para explicar a sus compañeros de partido el acuerdo programático con el PSOE, ¿puede resumirlo?

Lo fundamental es mejorar las condiciones de vida de unas capas sociales que han sido dejadas de lado en el inicio de recuperación económica. Es absolutamente insostenible que en un país como España una cuarta parte de la población se encuentre en riesgo de exclusión social, que no lleguen a fin de mes o no puedan calentar la vivienda en invierno. Tenemos casi un 14% de la población en paro y más de 300.000 dependientes calificados como receptores de ayudas que no las reciben. Vamos a apostar por las políticas públicas, que son el salario indirecto de la gente, la inmensa mayoría de nuestra población lo necesita. Sin infraestructuras de transporte, sin colegios cerca o paritorios, cómo nos extrañamos que se vacíe España y la gente se vaya a las grandes ciudades, donde, por cierto, hay una emergencia habitacional que también hay que solucionar. Hemos comenzado por una subida del salario mínimo que queremos que llegue a 1.200 euros cuando acabe la legislatura. Habrá una demanda más sólida y un mayor consumo.