JOSÉ ANTONIO PÉREZ ACACIO

MAESTRO DE EDUCACIÓN PRIMARIA

Es lógico y natural que padres y madres busquen lo mejor para sus vástagos. Y en esa búsqueda, por supuesto, está la escuela. Una escuela que dé respuesta a las necesidades intelectuales, morales, físicas,… de los alumnos que están bajo su techo (y cielo).

La verdad sea dicha, es que los retos de la escuela actual son enormes, y más aún con la actual pandemia circulando por nuestras calles. Dicha pandemia, ha puesto a prueba un sistema educativo que ha respondido, a mi modo de ver, de una manera eficaz, aunque, por supuesto, mejorable. Y dicha eficacia ha sido posible porque los y las maestras han puesto todos sus recursos, físicos y materiales, en que la cosa saliera mínimamente bien. Y por supuesto no me olvido de las familias, que han sido y siguen siendo unas claras protagonistas en este camino.

Pues bien, mi reflexión es que la escuela que conozco es, con sus problemas, deficiencias, etc., un lugar donde se trabaja el plano intelectual, por supuesto. Pero también el plano humano. Donde se atiende a todo tipo de alumnado, como no puede ser de otra manera. Donde se trabajan las emociones, donde el o la maestra de turno, hace en muchas ocasiones, de padre, madre, psicólogo y hasta confidente. Donde se mira el interés y los ritmos del alumno y alumna. Donde, en definitiva, se trata de forma integral, con respeto y sensibilidad, a lo más preciado que tenemos los padres, que no es otra cosa que nuestros hijos.

Y la escuela también debe ser un lugar donde haya una disciplina (que parece que utilizar esa palabra es, como diría, ¿tradicional, anticuado, poco cool?),  que haga posible llevar a cabo la labor educativa. Y eso no es óbice para que haya libertad en los planteamientos educativos y flexibilidad en el funcionamiento diario de una escuela.

Igualmente cualquier movimiento de renovación que se produzca dentro de la escuela es necesario y hasta justo. Claro que es positivo que haya maestros y maestras dispuestas a visualizar otro horizonte, otro camino para abordar el saber y el ser (como he leído por ahí). Pero creo que es sumamente injusto tachar a nuestros colegios de Infantil y Primaria de lugares arcaicos que no han evolucionado, que etiquetan a sus discípulos, que solo se trabaja lo memorístico, que no empatizamos,… Simplemente porque no es cierto. Porque la escuela en la que trabajo y conozco no va por ese camino. Y decir otra cosa, es simplemente mentir.

Para finalizar, solo quiero hacer hincapié en que es cierto que hay muchas cosas que mejorar en nuestros colegios y en su funcionamiento. No cabe la menor duda. Ahora bien, nunca se debe olvidar de donde partimos y como actualmente se trabaja con el alumnado. De forma integral y humana.