MANUELA SEVILLA

Pocos calasparreños conocen esta ermita inconclusa y la historia que encierra, una historia que aúna dos motores de la fama de nuestro pueblo: el arquitecto Emilio Pérez Piñero y la Estación de Tren de Calasparra.
La Estación de Ferrocarril, en el tramo Agramón-Calasparra, fue abierta el 27 de abril de 1865, formando parte de la línea que pretendía prolongar la de Madrid-Alicante hasta Murcia y Cartagena. Desde el primer día ha tenido gran importancia en el desarrollo económico de Calasparra y de los pueblos de alrededor, tanto en el transporte de mercancías como de viajeros, ya que recogía todos los envíos de la comarca del Noroeste y de algunos pueblos de la provincia de Albacete (Letur y Socovos entre otros), teniendo dos muelles especiales, el minero y el dedicado al esparto, además de repartir nuestro arroz por toda España.
Desde el principio contó con un núcleo de casas construidas para que vivieran todo el personal ferroviario y una fonda donde podían hospedarse los pasajeros, debido a la lejanía de la Estación del núcleo urbano. Fue en la década de los años 60 cuando adquirió mayor auge, con 300 habitantes censados, convirtiéndose en una Aldea Ferroviaria que contaba con varias casas antes de cruzar las vías del tren, una pequeña tienda, un bar y posteriormente también una escuela, desarrollándose así la vida laboral, social y familiar de este poblado. Los sacerdotes de Calasparra se desplazaban a esta aldea a decir misa los domingos, pero no tenían local. También acudían a misa el propietario de la finca de Rotas, D. Antonio Bach Caballería, con su familia. D. Antonio Bach, de origen catalán, era contratista de obras públicas, entre las que se encontraban los trazados ferroviarios, motivo por el que se instaló en Calasparra. Al fallecer en 1962, sus tres hijos, Agustín, Antonio (casado con Juana Dolores Buendía, natural de Calasparra) y José María, encargaron a Emilio Pérez Piñero una Ermita para el núcleo de población de la Estación. Mencionar que esta familia fundó también la empresa OSEPSA, dedicada a obras públicas, que en la zona construyó los Pantanos del Argos y del Cenajo. La mayoría de las iglesias que se construyeron en los poblados ferroviarios fueron construidas por las propias empresas y algunas, como ésta, por los empresarios de esa zona en calidad de donación.
En estas fechas, Emilio Pérez Piñero ya era un arquitecto reconocido a nivel mundial, aunque ya se sabe que nadie es profeta en su tierra. Había recibido el Premio de la Unión Internacional de Arquitectos así como la Medalla de oro de la Bienal de Sao Paulo (Brasil) y la de la XI Exposición Internacional de Inventores de Bruselas. Curiosamente no es este el primer proyecto de ermita que realiza, pues como Proyecto Fin de Carrera presenta el de «Ermita dedicada a la Virgen de Belén en su huida a Egipto» (patrona de los Arquitectos).
Situada la ermita en la entrada del Camino del Bayo (en terreno forestal), Pérez Piñero la diseñó dentro de los parámetros de la Arquitectura Orgánica: estructuras interrelacionadas con el entorno, mimetizadas y en perfecta sintonía con la naturaleza. Los máximos representantes de este tipo de arquitectura serian Frank Lloyd Wright (Museo Guggenheim) y como exponente español su arquitecto inspirador es Antonio Gaudí (Casa Pedrera). Esta obra de planta irregular está cerrada con una cubierta en hipérbole (plano curvado) como una gran paloma que levanta sus alas (según me contaba Pedro «El gordo» que trabajó varios años con Emilio). Estas formas fueron utilizadas por Gaudí, Le Corbusier y Félix Candela, al que Pérez Piñero conoció en 1961, manteniendo desde entonces una gran amistad. El proyecto se abandonó, bien pudo ser por falta de presupuesto, bien porque Montes Forestales no diera el permiso, al ser los terrenos de su propiedad, o bien porque el Obispado de Cartagena no consagrara nuevas ermitas. En cualquier caso, de esta ermita sólo nos quedan estas cuatro paredes y la maqueta que hizo en yeso, que se encuentra en la Fundación Emilio Pérez Piñero en su sede en «El Molinico» de Calasparra.
Esta es la primera construcción que tenemos de Pérez Piñero en el pueblo, aunque inconclusa. Posteriormente, como único arquitecto de Calasparra, visó 77 proyectos, entre ellos la Cooperativa de Viviendas Argos en 1970, hoy calle Ramón y Cajal, pues aunque quisieron ponerle el nombre del arquitecto, no pudo ser. Fue promotor del primer edificio rascacielos de Calasparra, que aún sigue siendo el más alto de la localidad, con una altura considerable, siete plantas, encontrándose en la última su estudio. Todavía recuerdo como de pequeña, junto a mis amigas, nos asomábamos al zaguán para ver por primera vez un ascensor. Aunque mucha gente cree que es también una obra suya la cúpula colocada en la Plaza calasparreña que lleva su nombre, no es así. Su construcción fue dirigida, en 1982, por su hermano José María, Ingeniero Industrial, y su hijo Emilio Pérez Belda, arquitecto, y realizada por los operarios que trabajaron en su taller de Calasparra. El resto de la plaza fue dirigida por Vicente Martinez Gadea, se empleó ladrillo macizo, hecho en las tejeras artesanales de Calasparra, como único material de construcción. Por problemas económicos no pudo realizarse el busto que acompañaba la plaza y se realizo el año pasado. Este año se cumple el 150 Aniversario de la inauguración de la Estación Ferroviaria de Calasparra, con la espada de Damocles amenazando su cierre, tal vez tenga una revitalización temática de lo que fue y podría seguir siendo.