VÍCTOR MARTÍNEZ-CARRASCO GUZMÁN/Diputado Partido Popular en la Asamblea Regional

Quién sabe cuántas cosas van a cambiar. Estamos sumidos en la incertidumbre del qué pasará mañana y difícilmente podemos anticipar cómo será el futuro más presente.

Sectores como la hostelería, el turismo, el ocio, el transporte colectivo y tantísimos otros deben iniciar rápido un proceso difícil de rediseño de lo que ha sido su actividad hasta hace bien poco.

En medio de este panorama, la educación ha podido sostenerse gracias al esfuerzo y sacrificio de todos, desde la administración hasta los padres, los docentes y los alumnos. Pero qué duda cabe que tendremos que reflexionar también sobre cómo debiéramos seguir impartiendo clases a partir de ahora. Mis hijos siguen yendo a clase cada día, teniendo recreo a la misma hora, manteniendo una rutina que nos recuerde la rutina pasada y nos habitúe a la rutina futura, que por futura, es desconocida. Y todo ello, como todos, en casa.

Si en tan solo 6 horas se cambia el criterio para dejar salir de casa a los menores, qué cambios no habrá cuando nos lancemos a introducir de nuevo en reducidas aulas a tanto alumno.

Hace unos meses, debatíamos en la Asamblea a iniciativa de quien les escribe la necesidad de repensar los espacios que utilizamos en los colegios. Decía entonces, que el futuro pasa por aulas flexibles que permitan agrupaciones múltiples, distintos usos y metodologías variadas, por lo que se hacía indispensable un debate y reflexión sobre la arquitectura educativa futura en nuestra Región. El modo en que hoy se relacionan el alumno y el docente requiere de nuevos espacios adaptados a estas nuevas circunstancias. Pero quién iba a decirnos entonces, que esas circunstancias a las que hacía referencia, hoy iban a verse tan desbordadas.

Los arquitectos ya estamos proponiendo cambios en los modos de habitar a raíz del confinamiento, pues nada indica que no pueda surgir un nuevo brote vírico en otoño o más tarde, pero desde luego, lo que debemos hacer de modo inmediato es adaptar nuestros centros educativos y a toda la comunidad educativa para poder afrontar nuevos acontecimientos del modo más eficaz. Ya sea por una DANA, un maldito virus o una larga enfermedad.

Ahí, sin duda, las nuevas tecnologías se han demostrado el instrumento útil al que todos debiéramos adaptarnos. La realidad es que no toda la población tiene los medios ni los conocimientos, pero lo que no podemos permitirnos es que existan aún docentes, como hemos detectado, con dificultades en el manejo de una tecnología que existe desde mucho antes que apareciese el Covid19 en nuestras vidas. Y desde la administración se tienen que poner todos los medios a su alcance para facilitar el camino a quien aún tiene que recorrerlo.

Es por ello que hace unas semanas registré en la Asamblea (nosotros también trabajamos desde casa) una iniciativa para impulsar la realización de un Marco Común específico en Competencia Digital Docente, que sirva para establecer diversas áreas de competencia y niveles de logro de las mismas, con el fin de mejorar la capacidad profesional de los docentes empleando las TIC’s, así como la calidad del proceso de enseñanza- aprendizaje mediante el uso de las mismas.

Sin duda alguna, estos días hemos visto la trascendencia fundamental que tiene y tendrá a partir de ahora la “Competencia digital docente”, y dado que estos itinerarios formativos se establecen actualmente con carácter voluntario a elección del propio docente o a propuesta del equipo directivo del centro educativo, desde el Partido Popular estimamos conveniente una reflexión y adaptación a la realidad social existente tras esta crisis y que previsiblemente condicionará el futuro.