Ya en la calle el nº 1039

La despensa de La Batanera

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Laura Sánchez Domenech | En el año que dio comienzo la guerra civil nació mi abuela Cruz, era la pequeña de dos hermanas, hija de Pedro Antonio “El Pío” y la mama Gloria, pues así era como conocí a mi bisabuela, la del mechón blanco. Una familia humilde del Barrio Nuevo.

Unos años antes, el mismo año que sucedió el robo de la Cruz, nació mi abuelo Antonio, era el penúltimo de siete hermanos, hijo de María y Blas más conocido como Juan Pedro ‘El Batanero’, el encargado del antiguo batán que se ubicaba en el barrio de San Vicente. Una familia grande que siempre vivió en la calle Aranjuez.

La despensa de La Batanera
La despensa de La Batanera

En 1957, mi abuela Cruz, hasta entonces ‘La Pía’, se casó con Antonio “El Batanero”, por lo que desde ese momento pasó a ser, Cruz “La Batanera”. Su primera vivienda la tenían junto a la parroquia de San Francisco, en ella, almacenaban roza de pino, que mi abuelo junto con dos burros que adquirió al poco de casarse, se bajaba todas las mañanas del monte, y que mi abuela, comercializaba a los hornos de ciudad. Además, esos mismos burros que por la mañana habían ido al monte, por la tarde limpiaban corrales de basura, que de igual manera se almacenaba en donde hoy se ubica la casa parroquial de San Francisco, y que mi abuelo posteriormente vendía como abono para la huerta de Caravaca.

La despensa de La Batanera
La despensa de La Batanera

Fue a mediados de los 60, cuando se trasladaron a vivir a la calle Larga y en el número 54, en una parte de lo que ahora es el comedor de la vivienda, nació ‘Comestibles Domenech’, el primer ultramarino del barrio. En la parte inferior de la casa, en el barranco del Secano, echaron unos cuantos cerdos, unas cuantas ovejas, un puñado de conejos y unas gallinas. Comestibles Domenech, comercializaba las matanzas propias, que se realizaban en la casa de Juan Pedro “El Batanero”, en la calle Aranjuez, los huevos de las gallinas, los conejos y los corderos que le daban las ovejas.

La despensa de La Batanera
La despensa de La Batanera

En los años 70, cuando el comercio empezó a crecer y el comedor era más que necesario para el uso personal, pues por aquellos entonces, mis abuelos, tenían una familia numerosa, a la que aún le faltaban algunos miembros por incorporarse, compraron un local justo en el centro de la calle Larga y ahí nació el segundo ultramarino. Cierro los ojos y aún veo ese mostrador rojo y a mi abuela con su delantal blanco diciéndome: “cobra aquí, que voy a servir dentro”. Ahí crecí, en la esencia más pura de “La Batanera”, aunque no nací ahí, sino en la calle de Las Monjas.

La despensa de La Batanera
La despensa de La Batanera

En los 80, mis abuelos compraron un local muy grande en la calle de Las Monjas, junto al Ayuntamiento, ahí ubicaron hasta entonces uno de los supermercados más grandes de Caravaca, que era gestionado por mi tía Maruja y mi madre, Gloria. Las mayores de los once hermanos.

En este año 2024, queremos homenajear a nuestra abuela, una mujer humilde, que supo transmitirnos la pasión por el trabajo, la constancia y el sacrificio, por ella abrimos el cuarto comercio. Un comercio adaptado a las necesidades actuales pero con la esencia de aquel que ella inició hace más de 60 años en la calle Larga. Este mes de marzo, junto con mi hermana, Gloria, la bisnieta de la mama Gloria ‘La Pía’ y que aunque hayan pasado cuatro generaciones, lleva su mismo nombre y continúa teniendo el mismo mechón blanco, lanzamos ‘La Batanera’, una tienda online en la que vamos a agrupar a los agricultores, ganaderos y apicultores de la zona, para comercializar nuestra gastronomía.

La despensa de La Batanera
La despensa de La Batanera

Con el objetivo de trasportar a los clientes a la despensa de sus abuelos, de recordar momentos de nuestra infancia mediante el paladar, que el sabor nos evoque a una merienda en la casa de los abuelos, a jugar en la calles con los primos o a los veranos de días largos en el campo caravaqueño. Todos los productos que encontráis en la despensa de La Batanera, están elaborados por manos artesanas, en pequeños obrador del municipio, los productos que encontraréis en nuestra tienda, no poseen colorantes, conservantes, ni aditivos; son productos típicos de recetas sencillas que alimenta el alma, productos de primera clase que nos hacen conectar con los de siempre, que nos llevan alrededor de una mesa o junto al fuego.

Abrimos con una pequeña muestra de la gastronomía patrimonial que nuestros antepasados nos han dejado, pero iremos ampliado la despensa, incorporando nuevos productos y diferentes formatos, con el objetivo de cumplir los sueños de todo aquel que mediante nuestros aromas quiera volver a vivir junto al fuego.

Hoy, nace la tercera generación de La Batanera, con aroma a pueblo y sabor a tradición.

Cuida las tradiciones, cuida las costumbres, cuida lo que comes y cuida tu cuerpo; come aquello que tus abuelos comerían. Hazlo por ti, hazlo por ellos, por honor a tus raíces, por respecto a tu pueblo, por ser parte de él.

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