MARÍA MARÍN

Ahora sí, Caravaca se quita el traje de gala para regresar a sus costumbres. A una rutina en la que los caravaqueños trabajamos sin detenernos. Para mejorar o para enmendar aquello que este año no nos convenció o agradó como esperábamos.

Peña Calimocho, ganadora de la Carrera en 2019

Peña Calimocho, ganadora de la Carrera en 2019

Con nuevas ilusiones y esperanzas puestas en el próximo año, podemos decir, que no está en la naturaleza de un festero, estancarse.

Esos hermosos días de mayo en los que nuestra ciudad se viste de rojo y pasión ya han volado. Al igual que lo hicieron nuestros Caballos del Vino. Hermosos y relucientes, subían hacia la cuesta de la victoria, donde esperaban con inquietud ser llamados. Impaciencia, propia de un 2 de mayo en Caravaca de la Cruz. Luciendo a tu caballo, espléndido y radiante como siempre, con un precioso manto que refleja la luz de su nobleza. Ya se ha pasado la mañana y llega el momento de anhelo de todo un año.

Sin perder despiste, suena la señal del triunfo. Es momento de no pensar, solo engancharse y correr. Tu caballo, tus caballistas y tú.

A vuestro paso, se abren una multitud de pañuelos rojos que os animan exaltados. Pero, tranquilos, en el transcurso de unos pocos segundos ya estaréis en la cima.

¡Dad gracias! Sí, dadle gracias a nuestra Santísima Cruz, por haber velado para que los cuatro lleguéis hasta arriba, y pedidle con el mayor de los empeños que nadie os supere, pues este año vuestro sueño se cumplirá.

En un pequeño abrir y cerrar de ojos ya ha terminado todo. Han concluido los nervios, y las energías cada vez son menores. Comienza a afectar el cansancio y la espera de todo un año. El corazón, ya no late con tanta firmeza como lo hacía hace unas horas.

Rostros de contundencia y seriedad inundan las calles que rodean el castillo. Besos de consuelo, y amores que derrochan lágrimas por sus caballistas. Abrazos que, colmados de sentimientos, sumergen la cuesta y nos empantanan a todos en una enorme melancolía. Melancolía que nos recorre todo el cuerpo con tan solo un escalofrío.

Aunque haya facciones repletas de alegría y felicidad viviendo el sueño de ser campeones, siempre quedará en el resto, la eterna sensación de poder conseguirlo otro año. Solo ellos, con sus rostros, nos pueden llegar a transmitir lo que sienten. En esos momentos en los que, la cara, es el reflejo del alma, será cuando el gentío los levante nuevamente y les de esa resistencia y esa fuerza que parece ser perdida en los duros momentos. En cambio, para los demás, el premio que más nos enorgullece es poder contemplar la entereza de esos cuatro triunfadores que, con serenidad y temple, bajan la cima de la victoria con su caballo.

La unión ocasiona la fuerza, al igual que nuestro animal nos propicia el impulso necesario para no perder las ganas y las esperanzas para el nuevo año.

Sin importar el color de tu pañuelo, el traje que portes, o la marcha que bailes, unimos fuerzas para que Caravaca brille con más fuerza que nunca en nuestros días.

Así, al transcurrir las Fiestas en Honor a la Santísima y Vera Cruz, ponemos fin a un sinnúmero de sensaciones. Pero tranquilos caravaqueños, podemos quedar más que orgullosos del trabajo llevado a cabo, ya que cada mínimo elemento y componente del festejo, realza aún más la luz de nuestra querida patrona.

Un año mas, debemos mirarla con lealtad, con honra y sobre todo, con humildad. Agradecidos de su lucha constante por caballistas, moros y cristianos. Ha demostrado, una vez mas, que está a nuestro lado, acompañándonos en todo momento y derrochando satisfacción al vernos. Y ahí vuelve a estar, al final de esa cuesta que aumenta y desvanece los sueños, en su lugar.