FRANCISCO SANDOVAL

Era una tarde de finales de verano, hace casi 10 años. Sentado en la terraza miraba hacia el
castillo con la atención que mi memoria fotográfica me ha brindado siempre. Hay quien dice
que no se me pasa un detalle, puede que sea así. El caso es que me llamó la curiosidad no ver
la icónica Cruz que sobre su pedestal en forma de pirámide se levantaba en la torre del reloj.
Varios días más tarde volvió a aparecer la cruz, pero era la misma.

Como ya he escrito alguna otra vez, vemos la imagen actual de nuestros monumentos, pero
 esta imagen ha ido cambiando con el tiempo. Gracias a Paco Fernández pude comprobar que
la Cruz sobre la torre del reloj lleva ahí desde 1929 aproximadamente, y no siempre ha sido la
 misma: de madera, de hierro, la polémica con luces de neón, y de piedra.

La primera foto en la que se aprecia su presencia está hecha desde la Gran Vía, por entonces
recientemente abierta, lo que me llevó a una reflexión particular. Cuando a un conjunto
 histórico se le añade un elemento de nueva creación, por lo general, suele responder a las
 nuevas tendencias o necesidades del momento. Si usted camina por el primer tramo de la 
actual Gran Vía, verá que al fondo de la fuga se levanta la Cruz de Caravaca sobre las murallas.

Los edificios residenciales que se elevan hasta las 9 alturas impiden la vista completa del
 castillo y de su basílica.

Desde la puerta del templo se ve la cruz en escorzo (no de frente, sino ligeramente ladeada, de
 forma que se puede apreciar su espesor). Esto implica que no está colocada para mirarla solo
 desde dentro del recinto amurallado, sino desde la ciudad.

Puede, quizá, que esto fuese tomado en cuenta por la Dirección General de Cultura tras instar
 a la retirada de la Cruz de metacrilato y luces de neón en 1990, pues tanto el artículo de la Ley 
de Patrimonio al que hace referencia en su resolución como la forma de puntualizar que ya 
existía una Cruz en la hornacina principal de la fachada dan pie a pensar que Cultura ponía en 
jaque una nueva construcción sobre la torre del reloj, aunque fuese en piedra y con una
 estética acorde.

Es por ello que finalmente debió tener en cuenta los valores que aportaba en 
el contexto de la ciudad contemporánea, es decir, que la Cruz sobre la torre del reloj poseía 
una presencia y una visual potente y estratégica.

Así pues, lo que yo vi hace 10 años fue la última intervención a dicho elemento. Además de 
incorporar la tablilla INRI, se eliminó la peana en forma de pirámide de forma que es visible el
 soporte metálico donde apoya la cruz y la viga que sostiene las campanas. Al igual que las 
barandillas metálicas que recorren el perímetro interior de muralla, es una forma de evidenciar
 que son elementos añadidos con bastante posterioridad al Monumento Histórico. Además, el
 soporte tiene una sección tan reducida que en la distancia apenas se percibe, y da la sensación 
de un elemento liviano, de una Cruz que levita ligeramente sobre la torre del reloj.

“La Cruz de la almena” como por muchos es llamada, tiene una vista privilegiada. Pero supone
además un hito en estas fechas tan especiales cuando Gran Vía hacia arriba, quienes vamos a
 desfilar, la vemos aparecer con el avance de nuestro paso entre los edificios, las luces y el
 ambiente festero