José Antonio Melgares Guerrero/ Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

Tras la conclusión de la Guerra Civil, el Gobierno del general Franco dictó una norma según la cual en todos los pueblos y ciudades de España debía erigirse un monumento  a los Caídoso víctimas de la contienda. Un monumento que, en teoría, debía recordar a todos cuantos dieron su vida por España, independientemente de su ideología y por tanto del bando en que hubieron militado. La idea no fue mala, pero los vencidos nunca se vieron identificados en el monumento, que más bien recordó a los fallecidos del denominado Bando Nacional, y no por el monumento en sí sino por la leyenda: «Caídos por Dios y Por España. Presentes» que figuraba al pié del mismo. En la región de Murcia, sólo en Águilas dejó de erigirse, y de acuerdo con las posibilidades económicas de cada ayuntamiento, fue de más o menos envergadura monumental, destacándose entre todos los de la región el erigido en Cieza, obra debida al escultor José Planes. El monumento vendría a ser una evocación del que a escala nacional se erigió en el paraje de Cuelgamuros, en la madrileña Sierra del Guadarrama, con el nombre de Valle de los Caídos, erigido con la pretensión de ser un cementerio donde enterrar los restos de quienes sus familiares decidiesen trasladarlos a aquel lugar. Como se sabe, en Cuelgamuros están, entre otros muchos, los restos mortales del fundador de la Falange José Antonio Primo de Rivera y el del propio general Franco quien, como buen dictador, mandó levantar aquel imponente edificio como sepultura propia, a donde se trasladó su cuerpo el 25 de noviembre de 1975.

El alcalde Antonio Guerrero en la inauguración

El alcalde Antonio Guerrero en la inauguración

Caravaca erigió su propio monumento, su Cruz de los Caídos en 1942, emulando la construida en la plaza de Santo Domingo de Murcia. El ayuntamiento presidido por Antonio Guerrero Martínez, quien había iniciado su mandato ese mismo año, decidió hacerlo en un extremo de la Glorieta (lugar al que en abril de 1939 se puso el nombre de Paseo de los Mártires), enfrentado al Templete.

La remodelación urbanística del espacio fue la de un catafalco o gran túmulo funerario, cuyo proyecto se encargó al arquitecto murciano Guillermo Martínez Albadalejo. Una plataforma cuadrada, ligeramente elevada, a la que se accedía por cuatro peldaños en su lado enfrentado a la Glorieta, con gran cruz de mármol gris sobre plinto rectangular, a cuyo pie se situaron el Yugo y las Flechas,símbolos que el régimen franquista tomó de la iconografía de la época de los reyes Católicos y estilo artístico denominado en España Gótico Isabelino. Tras el plinto que forma el pie de la Cruz, una pequeña piscina rectangular con agua, así como otras dos cuadrangulares en los frentes delanteros de la plataforma. Un estrecho parterre recorría perimetralmente toda la superficie, sirviendo de muro de contención a la citada plataforma. En los cuatro ángulos de la misma otras tantas columnas de hormigón rematadas por bombas de luz eléctrica, que semejaban cuatro cirios permanentemente encendidos, fabricadas por la empresa Butsems y Cia. de Barcelona, que trasladó hasta Caravaca desde la Ciudad Condal José Cantó García.

La Cruz de los Caídos caravaqueña se construyó mediante suscripción popular, para lo que se abrió una cuenta en el Banco Español de Crédito local, donde voluntariamente se hicieron aportaciones que oscilaron entre 21.000  y 6 ptas., a partir del 2 de junio del citado año 1942 y hasta el 22 de mayo de 1943, ascendiendo lo recaudado a 194.141´35 ptas., cantidad que dio no sólo para la construcción del monumento sino para otras obras como enseguida veremos.

El proyecto inicial, como he dicho, fue del arquitecto murciano Guillermo Martínez Albadalejo, adjudicándose la obra por el procedimiento de subasta a la baja, al constructor Bautista Morenilla Segarra. El contratista fue inicialmente Manuel López Ruiz, y en los trabajos de ejecución de la obra participaron un buen número de profesionales y empresas, como la de Consuelo Sánchez Lorencio, de Alcantarilla, quien facilitó la piedra de mármol gris. En diciembre de 1942 se rescindió el contrato a Manuel López Ruiz, adjudicándose el resto de la obra a su colega Emilio Coll Martínez, quien contó con la ayuda del maestro de obras Juan Garcés Sánchez, del cementista Ginés Torres Litrán (que hizo el bordillo de cemento), del estuquista Joaquín Alcaraz García, del electricista Antonio Torrecilla Asturiano, de los escultores José Nogueras y José María Coll (ambos de Murcia, quienes labraron el escudo de España, el yugo y las flechas como elementos decorativos), del albañil Joaquín Alcaraz García (cuyo trabajo consistió en la confección de los zócalos y repaso del muro perimetral), del jardinero Manuel Martínez y de la empresa Viuda de Fulgencio Senac(de Murcia), que fue la encargada de fabricar, en metal, la inscripción o leyenda anteriormente aludida.

Con motivo de la erección de la Cruz y la consiguiente remodelación del espacio urbano donde ésta se ubicó, se llevaron a cabo otras obras complementarias en el entorno inmediato, de envergadura menor. Así, por ejemplo, se encargó al herrero José María Martínez Abarca el arreglo de la verja perimetral que entonces cerraba la Glorieta, así como la fabricación y colocación de tres astas de hierro para su disposición sobre los tres pilares monolíticos fabricados en el acceso al citado paseo, donde se colocaron las banderas de España, y de la Falange que flanqueaban aquella, las cuales fueron suministradas por Enrique Gibanel, de Barcelona, y costaron 1.402 ptas. También se encargaron al maestro de obras José López ciertas reparaciones en el Paseo de los Mártires y al pintor Diego Jiménez Ibáñez ciertos trabajos de pintura cuya envergadura desconoce el Cronista.

Ginés Torres realizó trabajos de enchapado en el pedestal de la Cruz y José María Soriano se encargó de traer, de Granada,  árboles para reponer los huecos vegetales que había en los márgenes ajardinados de la Glorieta. Finalmente, Pedro Antonio Orrico cobró 643´25 pts. por materiales aportados a la obra cuya naturaleza también desconozco. Finalmente, el monumento fue inaugurado, con toda solemnidad, el 18 de julio de 1943.

La Glorieta antes de ubicarse la Cruz de los Caídos

La Glorieta antes de ubicarse la Cruz de los Caídos

Como he dicho antes, con cargo a la cuenta de construcción de la Cruz de los Caídos, y con los fondos económicos sobrantes, se encargó al arquitecto Luís Matarredana Perol un proyecto para la construcción de un bloque de casas baratas, que debió ser el inicial que sirvió de base al proyecto ejecutivo acometido con posterioridad en el Camino del Huerto. Se hizo una fuente de agua potable en Archivel y se dedicaron 2000 ptas. a la confección de ropa con destino a niños pobres, por iniciativa de la Sección Femenina de Falange y de las JONS.

Tras la llegada de la Democracia, la Cruz de los Caídos tenía sus días contados y no sólo en Caravaca sino en todas las ciudades y pueblos de España. Durante los últimos años del mandato como alcalde de Mariano Rigabert Girón, ya sufrió desperfectos en el transcurso de un anónimo intento de destrucción. Los arreglos corrieron por cuenta del Ayuntamiento. En tiempos de su sucesor Pedro García-Esteller Guerrero se remodeló el espacio urbano, desapareciendo el aspecto de túmulo funerario que tenía el lugar y colocándose la escultura de San Juan de la Cruz original de Rafael Pi Belda que conmemora el cuatrocientos aniversario de la Fundación del Convento del Carmen. Sin embargo sería durante el mandato como alcalde de Antonio García Martínez-Reina, y concretamente en el mes de diciembre de 1991, cuando se acometió definitivamente la remodelación de aquel espacio, desmontándose la Cruz y situando en su lugar la estatua en bronce del santo carmelita de Fontiveros, tal como se puede apreciar en la actualidad.