JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

En el número 603 de EL NOROESTE (19 marzo 2015) me ocupé del recorrido doméstico de la imagen de la Virgen de Fátima pasados los años centrales del S. XX. En aquel texto también me referí a las dos peregrinaciones ocasionales de la imagen de Fátima por los pueblos y ciudades de la entonces provincia de Murcia, previas al recorrido doméstico que los de mi generación aun recordamos y del que hay abundantes fotografías que invito a mis lectores a desempolvar.

El centenario de las apariciones de Fátima en 1917, y la reciente visita del papa Francisco al lugar de las mismas, me sugiere recordar que hubo una muy antigua cofradía del Rosario, ubicada en la iglesia mayor del Salvador, fundada en 1599, con nave en el citado templo a ella dedicada, y retablo (en la cabecera de la misma, que es la del Evangelio), donde trabajó el escultor Francisco Chamorro Gil, aún se encuentra una imagen de Sto. Domingo de Guzmán y en su ático el anagrama del rosario. Aquella cofradía, que fue filial de otra radicada en Lorca, desapareció tras la Desamortización de 1835, y lo que quedó de ella se lo llevó la guerra civil, incluida la imagen primitiva de su titular, de la que ningún recuerdo queda.

La semilla mariana, sin embargo, no sucumbió y muchos años después, gracias a la ilusión incontenida de un grupo de jóvenes, se renovó la cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, bajo la advocación de Fátima, heredera de aquella otra cofradía histórica con raíces en los últimos años del S. XVI. Su presidenta fue Águeda Marín (la popular “Terrona”), y en su junta de gobierno, a partir de los primeros años noventa pasados, figuraron, entre otros, Pedro Antonio López Sánchez (como mayordomo), Joaquín Amor (secretario) y Juan Carlos Ortiz, junto a mujeres como Cruz, Filo y Carmen entre otras muchas.

La cofradía sacaba la imagen de la Virgen de Fátima por las casas de la ciudad, y las limosnas que en esta actividad se recaudaban, se invertían en un discreto ajuar para la imagen, en el que se incluyen un trono, la ráfaga, un estandarte y la corona de plata que para Ella fabricó Martín, en su taller de orfebrería entonces situado frente al Salvador, en el número 5 de la C. Mayor.

Durante el verano de 1992, con motivo de cumplirse el 75 aniversario de las apariciones de Fátima, se organizó otra peregrinación doméstica en el transcurso de la cual la imagen recorrió muchos domicilios entre junio y octubre. Se celebraron rosarios de la aurora los domingos de octubre (presididos por el sacerdote del Salvador D. Luís Molina) y finalmente se celebró un triduo durante los días 7, 8 y 9, que concluyó con la coronación solemne de la imagen, en ceremonia vespertina celebrada el diez siguiente, siendo el encargado de colocar la corona en las sienes de la Virgen el párroco-arcipreste del Salvador D. Antonio Martínez Ruiz; ceremonia seguida por una multitudinaria procesión que recorrió la carrera “del Corpus” (tradicional recorrido de los desfiles procesionales caravaqueños, excepción hecha de los de la Stma. Cruz que tenía y tiene los suyos propios, coincidentes en algunos tramos con aquel).

El cronista conserva documentación de los cultos celebrados por la cofradía del Rosario de Fátima en años sucesivos, en los que se invitó a predicar a padres dominicos, jesuitas y carmelitas. Se llevaron a cabo ofrendas de flores y se nombraron “doncellas de la Virgen”. Se compuso un himno por la compositora local Elena Martínez Rivero y se produjeron lluvias de flores en los regresos de la imagen a su casa en El Salvador, entre otras actividades.

La cofradía sigue viva en la actualidad, celebrando cultos en mayo y octubre, como los rosarios de la aurora que tienen lugar a lo largo de los primeros domingos del otoño, y las visitas a los diversos templos de la ciudad. El último de los cultos tuvo lugar el pasado día 13, fiesta principal de la cofradía, fecha en que, a la vez que el Papa celebraba la solemnidad en lo que antaño fue la Cova de Iría, en la localidad portuguesa de Fátima, los miembros de la cofradía caravaqueña subieron en procesión a su imagen titular a la Real Basílica de la Vera Cruz, sumándose al “jubileo caravaqueño de 2017”, iluminados por la “luz jubilar” que incesantemente alumbra, desde lo alto de una de las almenas del Castillo, a los peregrinos que hasta allí se acercan. De esta manera, los entusiastas componentes de la institución religiosa mencionada, se han unido a los miles de peregrinos que, con imágenes o sin ellas; a pie, en coche u otras maneras, hacen el camino que conduce al pie de la Cruz. La “vía lactea” del Noroeste Murciano. La “vía sacra” que se inicia en cualquier sitio y siempre termina en el vértice del triángulo imaginario en que se inscribe Caravaca en el espacio: el templo de la Stma. y Vera Cruz, en el castillo roquero de Caravaca.