COPLA IS NOT DEAD

Mari Francis Sáez Escámez/Pianista

La copla, que se nutre del pueblo como expresa su máximo poeta Rafael de León, también se hizo eco de pandemias que azotaron a España como fue el caso de la viruela.

Concha Piquer

Picadita de viruela (canción romance) de 1957 con letra de Rafael de León y música de Manuel López-Quiroga fue popularizada por Conchita Piquer y la analizaremos a continuación.

Presentamos aquí a nuestra protagonista:

Se llamaba Dolorcita, / y era talmente una flor / pero nadie a la mocita, / le dijo cosas de amor. / Sevilla madrugadora / la ve en encierro coser, / desde el filo de la aurora, / al morado atardecer.

Dolorcita es aquí presentada como una muchacha pura y entera, como una flor sin ser deshojada que dedica sus días a hilvanar y pespuntear. Podemos establecer un nexo en este verso entre Rafael de León y Federico García Lorca (ambos poetas de la Generación del 27 y muy amigos) con el de “hilo y aguja para las hembras y látigo y mula para el varón”, como decía Bernarda Alba.

Por tanto, presentamos a un estereotipo de mujer que entra en los cánones del decoro de la época: en casa y cosiendo.

Continuamos conociéndola:

Y al través del encaje de los visillos, / esta copla la llega como un cuchillo.

“Picadita, picadita, / picadita de viruela / con la cara morenita / del color de la pajuela.

Nadie le dice bonita, / nadie de amor la camela, / como un lirio se marchita / sentadita en su cancela.”

Y el aquel de su penita / por Sevilla corre y vuela: / “no se casa esta mocita / porque tiene la carita / picadita de viruela.”

Entra el personaje colectivo del pueblo, encargado de difundir habladurías y comentar los bagajes amorosos de sus vecinas.

Dolorcita tiene la cara señalada con las marcas de haber pasado la viruela, enfermedad infecciosa oficialmente erradicada en 1980. Debido a esto ningún hombre se le acerca.

El uso del lirio contiene una simbología digna de destacar pues es símbolo de feminidad, la mitología griega narra que esta flor se creó a raíz de las gotas de leche que a la Diosa Hera dejó caer cuando amamantaba a Hércules. Así el pueblo comenta que su fertilidad se está marchitando.

Comienzan a entrar en escena algunos pretendientes que desconocen la enfermedad que ha pasado nuestra protagonista:

Oculta en la celosía, / Dolores lo vio llegar, / le dijo: «entraña mía, / quisiera contigo hablar». / Y hablaron hasta de amores, / mas siempre al anochecer, / pensando siempre Dolores, / ¡Ay, Dios mío! si me ve.

Y una noche que hablando salió la luna, / se cayeron las torres de su fortuna.

Picadita, picadita, / picadita de viruela, / qué dolor de Dolorcita, / si un amor no la consuela. / Uno la dijo: ¡bonita! / por él la niña se cuela, / y al verla señaladita,

no ha vuelto por la plazuela. Y el aquel de su penita, / por Sevilla corre y vuela: / «No se casa esta mocita, / porque tiene la carita, / picadita de viruela».

Se nos muestra a una Dolorcita conversadora y agradable pero también con el complejo de sus marcas, pues entre el suyo propio y las coplillas del pueblo que han llegado a sus oídos, conversa con su pretendiente, pero siempre oculta y con nocturnidad. De esta manera, una noche de raso, la luz de luna la ilumina. La imagen metafórica de las torres de su fortuna, hace alusión a la carta del tarot de la torre, la cual, contiene ventanas que son símbolo de las emociones, de las repulsiones, los amores y los odios. Y, por supuesto, la asociación de este arcano, relacionado generalmente con el caos, con la catástrofe y la ruina de nuestra Dolorcita.

No hay que pasar por alto el verso de “qué dolor de Dolorcita” pues el nombre de nuestra protagonista no es casual, pues Dolores significa “aquella que sufre de dolor”, por tanto, Dolorcita estaba ya destinada a esto. Es común en la literatura que el nombre vaticine ya el sino de un personaje. Encontramos también ejemplos en la anteriormente mencionada Bernarda Alba con su hija Martirio. Incluso, a veces se ha jugado al despiste nombrando de manera irónica a un personaje como es el caso de Fortunata de Benito Pérez Galdós.

Finalmente, la buena fortuna la espera:

Un hombre pasó una tarde, / cantando coplas de amor, / la niña cerró cobarde, / los vidrios del mirador. / Y el mozo que la cantara, / volvió otra vez a pasar: / «Los hoyitos de esa cara / yo los tengo que besar». (…) Se ha casado Dolorcita / y al año, ¡vaya canela!

nació la flor más bonita / de toda la callejuela. / Y Sevilla a la miguita / puso fin a la novela: / Ha nacido una rosita / de una madre picadita, / picadita de viruela.

Este “final feliz” se corresponde también con el final de A la lima y al limón, que según Manuel Román a Conchita le gustó mucho esta copla, pero le replicó a Rafael de León: “¡A mí me tienes que casar a esta pobre chica!”. Rafael llamó a los cinco días a Conchita y le dijo: “Asunto resuelto. Te la he casado con un hombre de bien. Un magistrado”.

Con una perspectiva actual y de género podemos observar cuál era nuestro mejor destino: casarnos con un hombre de bien y ser madres.

Ahora, Dolorcita podría ser magistrada y no necesitaría la validación para ser feliz a través de tener pareja o de ser madre.