JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

El 11 de noviembre de 1918, ahora hace un siglo, se firmó el armisticio con el que concluyó la primera Guerra Mundial, a la que durante el período de tiempo transcurrido entre este momento y el comienzo de la segunda, en 1945 se la denominó popularmente como “la Gran Guerra”. Por el Tratado de Versalles, los aliados vencedores impusieron serios castigos a los integrantes de la denominada “Triple Alianza”, que como se sabe encabezó Alemania. Atrás quedaban 1560 días de conflicto armado en el que se contabilizaron diez millones de soldados y trece de civiles muertos, además de veintiún millones de heridos en una guerra que comenzó el 28 de junio de 1914, en la que España se declaró neutral.

El fin de la Gran Guerra en prensa

El fin de la Gran Guerra en prensa

Las consecuencias no se hicieron esperar. A la gran epidemia de gripe que asolaba Europa durante aquel otoño, ahora hace cien años (que acabó con la vida de otro importante número de personas) se unió un período de desabastecimiento de productos básicos, que perjudicó seriamente la industria comarcal de la fabricación de alparatas. En Caravaca, el diario regional “El Liberal” da cuenta de la considerable baja de casi todos los artículos de primera necesidad, de los que subió considerablemente el precio o dejaron de venderse. La docena de huevos subió a 3 pts. y a 3´25 el kilo de la carne de ave, por ejemplo. (Los precios en la Lonja de Murcia, a 18 de diciembre eran los siguientes: sardinas entre 1 y 1´40 pts kg. El boquerón  0´80 pts. kg.  Los calamares 3 pts. kg. Las patatas 2´50 pts. el saco de 50 kg. Los tomates 10´50 pts Kg. y las alcachofas 28 pts. kg.). “La industria alpargatera, medio importantísimo de vida en este pueblo, está casi paralizada. Los fabricantes no pueden servir pedidos por falta de existencias. Si la guerra ha beneficiado a España (¿), este pueblo y sus limítrofes sufren muchos perjuicios. Los patronos no fabrican por falta de materiales, ya que el cáñamo, la soga y otros productos no se venden, y los obreros pasan hambre por no tener trabajo…” El anónimo corresponsal del citado diario concluye su información diciendo: “escuchen las autoridades estas quejas”.

Los días inmediatamente posteriores a la conclusión de la contienda fueron de celebración. Donde primeramente se celebró el final de la Guerra fue en Cartagena. Allí, los buques mercantes extranjeros anunciaron a quienes deambulaban por el Muelle de Alfonso XII y la Muralla del Mar, el fin de la Guerra haciendo sonar las sirenas, bocinas y pitos de los mismos. Los barcos ingleses amanecieron al día siguiente engalanados con banderas y gallardetes.

Curiosamente, la celebración del fin de la guerra la capitalizó la izquierda política regional, cuyos partidos convocaron enseguida a sus afiliados y simpatizantes a diferentes banquetes que comenzaron a celebrarse inmediatamente en Jumilla, Cartagena y Murcia, con presencia de los cónsules de los países vencedores y excombatientes presentes en las dos últimas ciudades.

Mientras tanto, en la Comarca Noroeste se comenzó a hablar de la ansiada línea de ferrocarril entre Murcia y Caravaca (con pretensiones de seguir su trazado hasta Baza y así unir nuestras tierras con Andalucía), y de la urgente adecuación de la carretera desde Caravaca a la Estación de Calasparra. Una visita a la ciudad del exdiputado a Cortes por Daroca Luís Díez Guerao de Revenga, afincado en Murcia y colaborador de “El Liberal”, despertó las adormecidas conciencias de los dirigentes de la sociedad local, provocando el interés por los temas mencionados. La suspendida subasta para la necesaria reparación de la carretera a la ya citada estación, por la que salían necesariamente los productos de la industria alpargatera de Cehegín y Caravaca, excitó los ánimos de las autoridades locales, quienes culparon al ingeniero jefe de Obras Públicas de la Provincia, a la sazón Ricardo Egea quien, enfermo, recibió en su casa de Murcia a una delegación a la que se dio explicaciones al respecto, y prometió el pronto arreglo de las “barrancadas” y de las cunetas “medio deshechas” de aquella vía, en la que en diciembre iban invertidas 22. 000 pesetas y estaba previsto invertir 60.000 más hasta marzo próximo.

La atención a la enseñanza pública no estaba en lo mejor de su historia La falta de liquidez del Ayuntamiento Caravaqueño para pagar los alquileres de los locales donde se impartían las clases a los escolaras, amenazaba con dejar a los niños en la calle. En la ciudad esto era ya un hecho en noviembre, y en Archivel se estaba en vísperas de hacerlo. Todo concluyó cuando desde el Gobierno Civil se enviaron al alcalde Felipe Martínez-Iglesias los medios necesarios para evitar los desahucios.

Para terminar diré que, salvados los problemas del incremento de precio y desabastecimiento de los productos básicos para la industria y la alimentación del vecindario, el infatigable entusiasmo del alcalde Martínez-Iglesias y la colaboración del diario murciano “El Liberal” (con su director Pedro Jara Carrillo a la cabeza), pusieron a Caravaca en el punto de mira de la entonces provincia y hoy región de Murcia, pues comenzaron a ponerse en valor proyectos olvidados como los ya citados, y el de la construcción de una cárcel modelo, por encontrarse la existente incapaz y en muy mal estado. Para allegar fondos con que llevar a cabo este último proyecto, el Juez de Instrucción Luís Bernardo reunió a las fuerzas vivas locales, para lograr un acuerdo entre ellas, logrando implicar al Ayuntamiento. Seguramente se consiguió una adecuación superficial del edificio de la Plaza del Arco, pero no la construcción de uno de nueva planta, como es sabido.

Lo verdaderamente admirable de aquella sociedad local de la posguerra, a juicio del cronista que esto escribe, fue la unión de todos los estamentos y particulares en un proyecto de futuro que, aunque no se desarrolló en toda su plenitud, si que dio grandes pasos para la modernización de una sociedad anclada en el pasado, que decidió con descaro montarse en el tren de la modernidad. Todo ello se planificó en el banquete convocado por las fuerzas políticas radicales caravaqueñas, en la Noche Buena siguiente, en el Casino de la C. Mayor, tras la “Misa del Gallo”, para celebrar el triunfo aliado en la guerra y trazar las líneas a seguir en adelante inmediato de Caravaca. En ello estuvieron, entre otros, además del Alcalde y el Juez de Instrucción, D. Manuel Martínez Alcayna, D. Leoncio Celdrán, D. Cristóbal Rodríguez.; D. Miguel Gutiérrez, D. Diego Hernández, D. Gabriel Alcayna, D. Rafael Pérez, D. José María Rodríguez, D. Pedro José Caparrós y D. Juan Picón, nombres todos ellos que poco o nada nos dicen a los caravaqueños que vivimos cien años después, pero que en aquellos momentos controlaban el comercio, la industria y la sociedad local.