ROMU LÓPEZ

Parece que fue ayer. Nosotros éramos unos chavales, ellos algo más mayores, pero solían brillar como niños cuando tramaban algún plan. Siempre ingeniosos y desinteresados, siempre juntos alrededor de la cultura. Paco y Mari Carmen.  

Si cierro los ojos, me puedo trasladar a su salón y ubicar con nitidez los discos, la luz tal cual entraba por la ventana, las películas de cine clásico en VHS, a Mari Carmen dibujando. Nosotros saciábamos nuestra curiosidad post adolescente con la libertad que nos daban para tocarlo todo. Paco siempre estaba ahí, tranquilo, fumando, compartiendo el espacio y la cerveza fresca con nosotros. Callado, pero nunca distante. Cuando hablaba, lo hacía con las palabras justas. Por discreción, supongo, algo de timidez, quizá, y porque la gente sabia acostumbra a sintetizar. Los halagos o agradecimientos los solía recibir con un leve balanceo de cabeza y una media sonrisa llena de nobleza.  

Allí, en ese salón, aprendimos unas cuantas cosas importantes sobre música y otras artes. Descubrimos fanzines, música y cómics underground, el Víbora, el Tótem, The Muffs, Barracudas, The Model Rockets, Los Nikis, Violent Femmes, mil cosas… También salíamos, claro, en Caravaca al Hoyo 18, en Moratalla al Zer-bizio y Anden Ground, conectábamos con la gente del Komando Leproso, referente underground y fanzinero de la época, con nuestro querido Cascales al frente. Sí, había underground en el Noroeste de Murcia en aquella época. A muchos de la zona les sonará a chino pero, creedme, os perdisteis a una gente excelente. Paco y Mari Carmen nos afinaron el enfoque con cariño y sin paternalismos. No sé si eran conscientes, pero los observábamos con admiración pura. Y algo importante, de alguna forma nos hicieron sentir admirados, un chute de autoestima para nuestras personalidades aún puliéndose. 

La Caravaca de mediados de los 90 no se caracterizaba por su actividad musical. Algo había, pero está claro que el M.I.C.R.O. Festival que sacaron de su inagotable chistera nació prácticamente de la nada: grupos, grafismo, carteles, pegatinas, incluso la pancarta del fondo del escenario. Una plataforma, basada en el “hazlo tú mismo” para que cualquier joven del pueblo con una mínima inquietud musical pudiera presentar su proyecto al margen de lo académico. Y eso es precisamente lo que hubo, jóvenes del pueblo convocando a centenares de personas para verlos tocar sobre un gran escenario en las Fuentes del Marqués, nada menos. Un entretenimiento más para algunos, quizá, pero un acogedor punto de inflexión para muchos de nosotros.

Ahí quedó bien sentado un ejemplo de cómo se motiva a una generación inquieta. Víctor Sánchez, entonces batería, recuerda en las redes sociales, a modo de despedida de Paco: “cuando nos grabaron a Octubre la primera maqueta, de manera artesanal, en el edificio que ahora es el museo de los Caballos del Vino (que existe gracias a su gran esfuerzo)”. Sospecho y seguro que acierto, que no tenían ni idea de cómo hacer una grabación. ¿Y eso qué más daba?

Con el paso de los años, el destello que ellos nos intuyeron, se ha convertido en una vinculación con la creatividad y las artes para la mayoría de los que los rodeábamos. En distintas disciplinas, desde lo musical a lo gráfico, pasando por la formación y la tecnología. Ese tipo de gente catalizadora es la que realmente importa.

Ayer abrimos un grupo de whatsapp, con el nombre de ‘Paco’. En él, unos cuantos amigos cercanos intercambiamos bellos recuerdos. Juanfran recordaba sus ojos que bailaban al hablar y cómo abría mucho las piernas cuando charlabas con él, “siempre pensé que era para estar más cerca de Mari Carmen”, añade. Era muy alto, con un perfil elegante y bien peinado, como de actor de cine negro. Siempre iba junto a Carmen, bajita y con la dispersión caleidoscópica de un duende. Menudo equipo hacían, indestructible. Luigi recuerda una noche en que “tomamos champán, igual no teníamos ni 18, y nos hicimos una foto en el banco de la puerta de su casa. Creo que fue una época muy guapa de descubrir música con el rollo de empezar a tocar, esa primera etapa de Playmovil estuvo muy ligada a ellos”. Benditas fotos, que nos abren ventanas a momentos felices.

Hace varias semanas que lo vi por última vez, con Mari Carmen, como siempre. Pude hacer algo que llevaba tiempo en mi cabeza, regalarles la trabajada edición en vinilo del disco que acababa de sacar con mi banda actual, mirarles a la cara y decirles que con ellos habían empezado muchas de estas cosas. Eso ahora me reconforta.

Estamos viviendo días raros, Paco, te has pirado sin hacer ruido, a tu estilo, aprovechando que el mundo mira hacia otro lado. Te queremos y nunca te vamos a olvidar. Cuando nos volvamos a encontrar brindaremos con un “vaquerito” por ti. Nos jode tu marcha y lo comentamos entre nosotros mientras nos preguntamos unos a otros sobre nuestra situación. Samuel está en Atenas, ya sabes, su carácter nómada parece que ha encontrado cierta paz allí, desde donde te escribe este párrafo que a mí me parece ideal para despedirte con una media sonrisa, imitando la tuya: 

“Me vienen demasiados recuerdos especiales y entrañables vividos con Paco y Mari, con ellos fueron unos años de aprendizaje incalculables, un verdadero privilegio encontrarles y tenerlos cerca. Paco era un ser extremadamente especial, eso lo sabemos las personas que lo tratamos, con un valor humano extraordinario. Pero si tengo que evocar una imagen suya, la que me quedo, es la inmensa serenidad que transmitía su mirada, la paciente escucha de sus ojos de arcilla musgada y su rumiante soslayo. Dentro de mí siempre, amigo”.