Pedro Antonio Hurtado García

Un hombre repleto de valores, artista por todos los poros de su cuerpo, culto como pocos: compositor, escritor, poeta, actor, director cinematográfico, pintor, escultor, músico, cantautor y, sobre todo y por encima de todo, querido, valorado y admirado por toda la sociedad española, así como por la de otros muchos países en los que cosechó triunfos verdaderamente apabullantes. Dominador de lenguas como el español, italiano, francés, inglés, catalán y tagalo. Le hemos visto, complacida y muy agradablemente, en numerosas actuaciones, pero todavía recordamos aquella inicial ocasión, en la primera mitad de la década de los ’80, en Cartagena, en el coso de esa plaza de toros que se construyó, en 1854, bajo el que, luego, sería descubierto el monumental “Teatro Romano” que existió, siglos atrás, en la ciudad departamental. Aquella noche iba acompañado por los excepcionales músicos de “Suburbano”, la banda de Vallecas, compositores de “La Puerta de Alcalá” y “Arde París”, así como bandas sonoras de la categoría de “Maki Navaja” o “París Tombuctú”. Fue memorable y un gran comienzo para verle, posteriormente, con la inconfundible voz de Olga Román, su corista favorita, y con otros grandes músicos a sus órdenes. También, aquel 24 de septiembre de 1993, cuando, en la madrileña “Plaza de Toros de las Ventas”, grababa, en directo, su doble disco titulado “Mano a mano”, junto al cubano Silvio Rodríguez, extraordinario amigo del filipino. O, hablando de Silvio, ese concierto celebrado aquel miércoles, día 11 de agosto de 1999, noche de eclipse lunar, en un abarrotado campo de fútbol de Ceutí (Murcia), que servía para inaugurar la gira española de Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute, dentro de un “tour” mundial que se había iniciado en Cuba, tierra de Rodríguez, 15 días antes, y que finalizaría en Filipinas, lugar de nacimiento de Aute. Aquello fue glorioso, como lo fue siempre que vimos a este sensacional artista en muy diferentes lugares y espacios escénicos.

Emblemáticas canciones.- Luis Eduardo Aute Gutiérrez (13-09-1943, Manila-Filipinas/04-04-2020, Madrid-España) fue cariñosa y merecidamente considerado como “patrimonio de la canción de autor española”, “cantautor estrella de nuestra cultura pop” o ese artista que proclamaba “quiero que escuchen mis canciones, pero, a mí, que me olviden”, porque su sinceridad y su humildad eran su mejor elemento de identidad, pese a que, enfadado, se volvía bastante raro, como nos ocurre a todos. Sus emblemáticas canciones, como “Rosas en el mar”, que tanta popularidad le otorgó a Massiel, además de “Aleluya”, sin olvidarnos de “Las cuatro y diez”, “Una de dos”, “La belleza” o “Al alba”, interpretadas, por él, en cientos de ocasiones, tantas como conciertos ofrecidos a lo largo de su vida, porque esos títulos no podían faltar nunca, ya que conformaron la banda sonora de varias generaciones que los han escuchado y disfrutado, tanto en la voz del filipino, nacionalizado español, como de otros muchos artistas que también las han versionado, aprendiendo mucho del generoso maestro que siempre quiso apoyar a los jóvenes valores que empujaban con fuerza y esperanza en la difícil profesión artística, como su amiga Rosa León, dificultades que también se hicieron patentes en su vida cuando sufrió un infarto cerebral, en el año 2016, que pudo afrontar y superar, no sin padecer un estado de coma durante casi medio centenar de días que le obligó a retirarse de los escenarios.

La memoria del infarto.- Pero, ahora, con 76 años cumplidos, ha fallecido a causa de un nuevo infarto, dejando muchas canciones escritas, textos repletos de contenido, pintura atractiva, escultura peculiar y arte de todo tipo y naturaleza, porque Luis Eduardo era artista de convicción, devoción, sentimiento y acción. Y, por añadidura, era persona sencilla, cercana y especialmente comunicativa que se llevaba bien con todo el mundo y que solamente tenía como enemigo al tabaco, ese “veneno” que no sabía abandonar y que estaba permanentemente presente en su vida, incluso durante los recitales, extremo que le hemos criticado siempre, especialmente cuando las actuaciones se celebraban en recintos cerrados, porque al aire libre se puede ver de otra forma, pero en espacios interiores era bastante difícil de “justificar”.

Múltiples valores.- Podríamos hablar de su primer disco, su retirada y regreso, sus otras dotes artísticas, su decisivo trabajo para otros cantantes, capacidad de producción, nivel intelectual para crear canciones con enorme mensaje y mucho contenido “entre líneas”, largas giras, programación intercontinental, sus muchos amigos, su respetada presencia en los escenarios, ante la prensa y en todos los ámbitos, porque Aute era “algo nuestro”, pero necesitaríamos una edición especial completa de “El Noroeste” para detenernos en toda esa vida llena de detalles, constancia, trabajo, éxito y gloria de un hombre que nunca abandonó su sencillez. Pero tendremos que conformarnos con el espacio habitual disponible y llegar solamente hasta donde nos alcance.

“Entre amigos”.- El 4 de marzo de 1983 grababa, en directo, en las tablas del madrileño “Teatro Salamanca”, su doble álbum denominado “Entre amigos”, título oportunamente elegido, porque, entre el público, figuraban invitados de honor, amigos de Luis Eduardo, que cantaron y grabaron con él, tales como Pablo Milanés (“Anda”), Silvio Rodríguez (“Dentro”), Teddy Bautista (“Anda suelto Satanás”), Joan Manuel Serrat (“De alguna manera”), además de interpretar sus más bellas canciones en una velada verdaderamente memorable, un disco que se vendió de forma masiva y con un altísimo nivel de aceptación internacional. Pero existen otros muchos álbumes de estudio e, igualmente, grandes colaboraciones, trilogías y discos de homenaje, con sus canciones grabadas por otros artistas. Era un símbolo especial, convertido en historia, para la España democrática de la transición.

Comprometido.- Nacido en Manila, en plena contienda de la Segunda Guerra Mundial, disputa que dejó devastada la ciudad como consecuencia de los combates mantenidos entre las tropas filipinas y los invasores japoneses, quienes produjeron las más variadas y espeluznantes masacres. Era hijo de padre catalán y madre filipina, también hija de españoles. Comenzó sus actuaciones artísticas con solamente 16 años, cuando, entonces, era más notable su pintura, pero sería la música la que, con mayor intensidad, ocuparía su vida profesional, tocando su guitarra acústica en formaciones del colegio para interpretar, preferentemente, canciones de Elvis Presley. Prestó servicio militar en Cataluña y, seguidamente, se enamoró de la “chanson” francesa, lo que le embarcó en la costumbre de explicar sus canciones de forma amplia, pausada y pormenorizada, hasta el último detalle, siendo muy especial la historia de “Al alba”, dedicada a las víctimas de ese dramático infortunio que supusieron los refugiados en Europa. Nostálgico, sensible, comprometido, claro de ideas, intenso de sentimientos y mirando de frente, iba siempre este inolvidable personaje que vivirá permanentemente entre nosotros y al que recordaremos con cariño a través de sus letras, sus canciones, su música y su bagaje artístico que nos deja llenos de emociones y grandes momentos vividos como espectadores de su maestría escénica. Descansa en paz, Luis Eduardo. Has sido grande, has trabajado mucho y te mereces ese descanso eterno. Nunca te olvidaremos. Buenos días.