ORENCIO CAPARRÓS BRAVO

Hace unas semanas versioné “Los Fusilamientos de la Moncloa” o “Fusilamientos del tres de Mayo”, como es archiconocido de Goya, cambiando sólo el lugar donde se llevaba a cabo la acción. En mi interpretación el lugar era la Plaza del Arco de Caravaca, lo que, por supuesto, variaba la lectura de la obra, algunos amigos tienen bocetos de la misma. Quizá, ahora lo pienso, era excesivamente obvio mi propósito de denuncia. De hecho hasta los más despistados hicieron una lectura inmediata.

   Quizá, no sea menos obvia la lectura de la obra que me propongo comentar ahora, pero, en este caso no hay nada que versionar por su valor, creo, atemporal y directo que permite dejarla tal cual.

     “La calumnia de Apeles” es una obra de Sandro Botticelli,  está en Los Uffizi de Florencia, realizada en 1495, al temple al huevo, sobre madera, y con unas medidas no muy grandes, 62 x 91 cm., sobre todo si la comparamos con las proporciones del “Nacimiento de Venus” o con “La Primavera”, ambas de casi dos metros en sus lados cortos, tampoco comparte con esas dos obras el equilibrio que ambas trasmiten, al contrario el movimiento y la impronta convulsa de la obra nos pone en relación con el alma humana.  La obra se basa en una descripción, de L. Samosata, sobre una obra del pintor griego Apeles, de ahí el título de la obra. Como es sabido pinturas de la época clásica griega, es decir, de autores como Parrasio, Zeusis, o Apeles, sólo nos quedan referencias escritas y la suposición de su influencia en la pintura romana, como las de Pompeya o Herculano, o en algún mosaico como el famoso de la batalla de Issos, en el que aparece Alejandro y Dario III, o en la cerámica ática.

     Basándose en la descripción de Luciano de Samosata, Botticelli pintó un extraño a la par de extraordinario cuadro. Nada tiene que ver con sus obras más arriba citadas, y, sin duda, las más conocidas popularmente de su producción. Ni el tamaño, ni la composición, ni su visión Neoplatónica anterior, parecen reflejarse en esta obra. Los diez años que separan las unas de la otra, marcan una diferencia evolutiva, conceptualmente hablando, considerable.

    La obra, aquí comentada, requiere un cierto conocimiento conceptual de la pretensión de Botticelli.  En el extremo derecho, más abigarrado y convulso, aparece la figura del Rey-Juez Midas con orejas de burro, asesorado por las figuras femeninas,  la sospecha y la ignorancia, que apasionadamente tratan de convencerlo, ahora veremos de qué; la figura vestida de oscuro con la cabeza cubierta, y que parece increpar y presionar al rey-juez, es el rencor ; detrás de él aparece la calumnia que, con una antorcha que todo lo llena de humo, arrastra un pobre hombre desnudo que ruega clemencia; a un lado y a otro de la calumnia aparecen otras dos figuras femeninas que alientan a la calumnia y que representan, según la descripción de Samosata, a la envidia y al fraude. Todos estos personajes pretenden convencer al Juez de la culpa del calumniado.

     A la izquierda dos figuras solitarias, y que sólo establecen un contacto visual unilateral; la figura vestida de negro, con harapos, es la penitencia, es decir, el calumniado que andrajosamente ha llevado ante la sociedad su condición de sospechoso por la maquinación de las siete figuras culpables de la pérdida de su reputación; la figura desnuda, que recuerda a la Venus del “Nacimiento de Venus”, representa a  la Verdad, que al final, siempre prevalece, o debiera prevalecer,  y que cierra la imagen por la izquierda.

     Toda la acción se desarrolla en lo que parecen las estancias de un palacio clásico donde se dan cita, entremezclados, elementos y personajes clásicos (Apolo, Hércules…) con otros cristianos ( David,, San Pablo…).

    El por qué de esta obra, no parece estar muy claro. Es posible que Apeles la realizara tras ser injustamente acusado. Que casi dos mil años después la rehiciera Botticelli se ha puesto en relación con la polémica que Savonarola, entonces líder de la Florencia postmédicis,  mantenía con el papa español Alejandro VI.

    Ahora,creo que interesa más la razón por la cual he elegido esta obra y no otra, después de más de quinientos años de su hechura. En repetidas ocasiones me he referido a esta obra, no sólo en clase sino también en artículos y verbalmente.

     No deja de sorprenderme lo atemporal del Arte con mayúsculas. Sospecha, ignorancia, calumnia, rencor, envia, fraude, palmeros como Dn. Miguel Sánchez, diputado…Y víctimas, siempre víctimas de todas las pasiones y fracasos representados desde la sospecha al fraude, pasando por todas las demás. La calumnia de Apeles se representó, nuevamente en Caravaca, personas inocentes fueron víctimas de los traumas, obsesiones, y fracasos personales que generaron todos los odios habidos y por haber.

    Sé, perfectamente, que los lectores de este artículo tienen puestos los nombres y apellidos, actualizados y ubicados en Caravaca o Murcia, de cada uno de los vicios y defectos mencionados, por lo tanto no voy a nombrarlos personalmente, sólo, eso sí, recordar que de aquí no se salva ni el que zumbaba a otros, aportando calumnias, ni el que se dedicaba hacer escraches, pancarta en manos, cuando el “tema del Roblecillo”. ! Dios qué vergúenza!. Entiendo que estén silentes, no al modo de los dioses, sino al de aquellos que saben lo injustos que fueron. Ni la supuesta política, ni la frustración de las derrotas sucesivas justifican tanto odio y encono. Todo, incluso el ridículo del fracaso, se podría haber olvidado, pero con tal de dejar tuerto al adversario os habéis quedado, más de uno, ciegos. En eso consiste el odio.  Muchos pensaréis que ya basta, y es cierto, pero hay que dejar tiempo para que cicatricen las heridas, si es que cicatrizan. Y, sobre todo pedir perdón; hay quien aún está a tiempo. Me moriré repitiéndolo.

      Termino, espero que se haya quedado claro que obras con cientos de años tienen siempre actualidad. El arte siempre está vivo y actualizado. Prometí al periódico El Noroeste que hablaría de arte y, si me lo permiten, seguiré haciéndolo.