Ya en la calle el nº 1052

La barbarie necesaria. Por Pascual García

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Hace mucho tiempo que dejé atrás ciertos complejos y asumí que mi naturaleza humana alberga un buen porcentaje de animalidad y de contradicciones, que en la vieja batalla entre la cultura y la barbarie, yo todavía no tengo claro por donde voy, pues aunque mi lugar fuera la cultura y la sociedad, de vez en cuando la cabra tira al monte   y a algunos de nosotros nos gusta desmandarnos sin hacer demasiado daño y disfrutar de la vida, porque  si ya hemos abandonado el riesgo y vamos a buen paso camino de la luz y de la verdad, alguna vez nos metemos en un túnel oscuro, nos perdemos y abrazamos la mentira, pues torcerse  de cuando en cuando es un acto sanitario; por esta razón me apasionan las fiestas de los toros por muy crueles que parezcan, eso que hoy llaman tauromaquia y que consiste en dominar al toro con un pedazo de tela y hacer arte de todo esto, es decir, mover muy despacio la muleta o el capote e intentar mover al animal al tiempo con ese mismo ritmo, siguiendo un viejo protocolo con el que el hombre acaba por dominar a la bestia hasta el instante sagrado del sacrifico en el que el torero se para frente al toro, monta su arma, señala en el morrillo como si fuera una diana imaginaria y se va detrás de la espada para matar al morlaco y acertar en la diana.

Los que no tenemos la suerte, el valor o la prebenda de torear así, nos conformamos, que no es poco, con ver una manada de animales bravos, conducidos por la nobleza del caballo y la mansedumbre de una parada de bueyes desde la ganadería originaria por la vereda natural de siempre y en dirección al pueblo donde las esperan para divertirse con ellas, sentir el miedo de su cercanía, correr delante y detrás y burlar su peligro al cabo, estos festejos de animales bravos en las calles de los pueblos son para mí el sustitutivo de la verdadera emoción que genera la cercanía de la muerte, el juego con el peligro y esa es también la clave de su éxito. Por eso en Moratalla nos atrae tanto a muchachos, hombres y ancianos la cercanía de la fiera, esa emoción física que provoca la chillariza de la gente, el movimiento constante en las calles y la visión de los animales armados de pitones y de un instinto homicida y acometedor, ineludiblemente somos humanos y tenemos miedo, pero a veces el miedo si está controlado, resulta muy placentero. Las fiestas del Santísimo Cristo del Rayo satisfacen esa misión extraordinaria.

Correr las vacas y los toros cumple con una función decisiva, la de proveernos de esa cuota de brutalidad necesaria para vivir en sociedad y desempeñar nuestras funciones humanas con absoluta normalidad en un mundo en el que hay demasiada corrección política, demasiado progreso y demasiada civilización, al menos de boquilla, porque tampoco nos viene mal un poco de marcha, de animalidad y adrenalina.

La barbarie necesaria. Por Pascual García
La barbarie necesaria. Por Pascual García

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