Salvador Gómez (Secretario General Ejecutivo Calzia – Yute de Caravaca Industrias de calzado y afines Región de Murcia)

Acababa yo de terminar la carrera cuando uno de mis compañeros de piso en Murcia me dijo que se lanzaba a la aventura emprendedora de crear, junto a un grupo de amigos, el primer periódico de la historia de nuestra comarca. He vivido, por tanto y de cerca, su nacimiento, niñez, pubertad y esa estable madurez que ha logrado en los últimos tiempos. Sin duda un caso excepcional entre la decreciente prensa de papel. Es la demostración de que lo local vende y la cercanía es un grado.

Me pide el director, Jaime Parra que escriba sobre la economía de la comarca en estas dos décadas y es lo que voy a intentar hacer de forma amena en las siguientes líneas.

En primer lugar diré que me siento orgulloso de pertenecer a la primera generación de caravaqueños que mayoritariamente y tras acabar los estudios universitarios en Murcia pudo regresar a nuestro pueblo, a hacer familia y a trabajar. En las décadas de los 70, 80 y primeros 90’s lo habitual era montarse en la Alsina con 18 años para solo volver en las fiestas, en la cena de Navidad y algunos días en verano. El declive poblacional era patente y las estadísticas lo confirman. Era aquel Noroeste más campesino, lejano y, algo romántico a los ojos de los murcianos de la capital, que obligaba a sus habitantes a marchar en oleadas a Barcelona, Mallorca o Benidorm.

Estas situaciones son difíciles de revertir, pero esta comarca lo logró, y en el periodo 2000-2010 fue capaz de incrementar su población en casi un 20%, motivado en las nuevas oportunidades laborales que surgían en los distintos municipios que elevaron las cifras de empleo y actividad económica.

¿Qué fue capaz de dar tal vuelco positivo a esta comarca secularmente deprimida y alejada? Sin duda lo que cambió las reglas del juego fue la Autovía del Noroeste. Una inversión que nos ponía en el mapa y nos acercaba a las oportunidades laborales del entorno de Murcia y Alicante sin tener que cambiar de domicilio. Las cifras no mienten, y el Noroeste-Río Mula pasó del estancamiento en torno a los ochenta mil habitantes a acercarse a los cien mil en solo una década. Este dinamismo poblacional ayudó también a atraer inversiones y a que nuestras empresas tuvieran mejores condiciones para competir. También por cierto, a evitar la terrible siniestralidad que tenía la vieja carretera de Murcia.

Esto demuestra que las inversiones bien planificadas y ejecutadas tienen un efecto directo en el crecimiento económico de la misma forma que la ausencia de las mismas lleva al estancamiento y la emigración obligada. Precisamente desde 2014 esta zona vuelve a perder población y reaparecen las sensaciones de antaño. El Noroeste necesita un nuevo impulso y sin embargo, lo que recibe es la pérdida de su última conexión ferroviaria en Calasparra, sin lograr compensación alguna y mientras sigue atascada la gran inversión que consolidaría la posición logística de la comarca. Me estoy refiriendo a la Autovía Lorca – Caravaca – Venta del Olivo – Jumilla cuyos planos y proyectos se hacen viejos sin que parezca que preocupe a casi nadie. Es costosa, como todas, pero su rentabilidad social y económica está fuera de toda duda. De hecho, no faltan quienes defiendan esta vital infraestructura como solución definitiva para desviar el transporte pesado y de larga distancia de la colapsada A7 entre Lorca y Elche, en lugar de los parches planteados en el entorno de Murcia capital.

Esta comarca perdió el tren (con Murcia) y tuvo que esperar 30 años para ganar una autovía. Ahora el progreso nos hace perder otro tren (con Madrid) y ojalá no tengamos que esperar tanto. Infraestructuras y transporte son las más eficientes soluciones al despoblamiento y aquí andamos muy necesitados de ambas. Con buenas redes de comunicación y sistemas de transporte adecuados, las inversiones y los empleos vendrán solos, dada nuestra estratégica ubicación.

Mientras tanto, los sectores económicos viven una profunda transformación derivada de la globalización y la nueva economía digital. Vemos en estos veinte años como Reina nos sigue dando alegrías, la conserva ha sufrido mucho, el calzado languidecía por la competencia asiática y resucitaba con fuerzas renovadas por su apelación a la artesanía y el diseño. El mármol intenta con dificultades recuperar actividad tras la crisis de la construcción y el turismo (¡ay!, el turismo) da la sensación que no llega a cumplir nunca las expectativas planteadas. Tal vez para ello esta comarca tendría que tomarse en serio de una vez dejar de promocionar Galicia cuando vamos a una feria nacional o internacional. No podemos seguir teniendo una marca tan confusa y poco evocadora como “El Noroeste” del sureste. Estamos al noroeste si nos miran desde Cartagena, pero también al oeste desde Murcia, al suroeste desde Valencia o al norte desde Almería. Para eso, mejor “Tierra de nadie”.

Escribir esto en un periódico que se llama “El Noroeste” celebrando su cumpleaños puede parecer atrevido y en realidad lo es, pero este debate lo seguimos posponiendo mientras otras comarcas se van posicionando en el mercado turístico y, con menos atractivos, nos llevan mucha delantera.