La arqueología en Caravaca

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José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la Región de Murcia.

En los últimos años del S. XIX, el arqueólogo belga Luís Siret, afincado en Almería, a donde llegó como ingeniero de minas, afirmaba con rotundidad que “al Sureste Español solo faltaba una gran bóveda, para constituir todo él un inmenso museo de Prehistoria”. No le faltaba razón al belga, uno de los pioneros de la excavación sistemática y científica, en una época en que abundaba la práctica del coleccionismo y la actividad clandestina era, a todas luces, una realidad por diversos motivos, siendo el principal el posible hallazgo de “grandes tesoros”.

Portada de Caravaca Inédita

La Historiografía Arqueológica en Caravaca estuvo muy poco desarrollada hasta 1974. Sólo capítulos concretos en los libros de los historiadores locales hacían mención a yacimientos concretos, sobre todo a los del Estrecho de la Encarnación, a los que también se refirieron el arqueólogo Gratiniano Nieto y otros, en artículos publicados en revistas científicas de difícil acceso. En ninguno de los casos (Robles Corbalán en 1615, Cuenca Fernández-Piñero en 1722, Marín Espinosa en 1856 y Bas y Martínez en 1905, y otros que copiaron a éstos), mencionaron otros yacimientos arqueológicos que los ya citados, o muy de pasada aquellos en los que se habían descubierto algún  objeto valioso desde el puntote vista histórico como el célebre “Centauro” del Cerro del Carro en Los Royos, o la “Diadema” de oro argárica de “La Placica”, en La Encarnación.

En 1974 y bajo la dirección de mi maestro Manuel Jorge Aragoneses, realicé mi tesis de licenciatura titulada “Carta Arqueológíca del termino municipal de Caravaca”, que obra inédita en la Universidad de Murcia; en la que tuve oportunidad de registrar casi un centenar de  estaciones de las que en su mayoría no había constancia documental, valiéndome de la tradición oral, en la que los conocimientos y recuerdos de “los mayores” tuvieron gran importancia. Aquella tesis de licenciatura muy pronto quedó obsoleta al comenzar a incorporarse a mi relación de dicho año 1974 otros muchos yacimientos que hoy figuran en la actualizada Carta Arqueológica del Servicio de Patrimonio Histórico de la Dirección General de Cultura de la consejería actualmente denominada de Presidencia, Cultura y Turismo, de la que es titular el yeclano Marcos Ortuño Palao.

Con la llegada de la actual Democracia al panorama político español, y también a los ayuntamientos, y su consiguiente dotación económica a los concejos, se fundó el “Instituto Municipal de Cultura” bajo el mandato del primer ayuntamiento democrático local que presidió Pedro García-Esteller Guerrero, en el que fue concejal de Cultura el profesor y escultor Rafael Pí Belda. En el seno de aquella institución local, con sede en precario en “La Soledad” surgió el “Centro de Estudios Caravaqueños”, cuya dirección se encargó al entones muy joven pero competente arqueólogo, Miguel San Nicolás del Toro, perteneciente a la incipiente Escuela de Arqueología Murciana que inició y dirigió durante años la catedrática de esta especialidad en la UMU Ana María Muños Amilibia.

Fue en el seno del “Centro de Estudios Caravaqueños” donde el citado Miguel San Nicolás del Toro escribió el opúsculo de setenta páginas titulado “La Investigación Arqueológica en Caravaca (Síntesis)”, constituyendo éste el primer texto escrito publicado, con introducción del alcalde García-Esteller, con motivo del XVI Congreso Nacional de Arqueología celebrado en Murcia a comienzos de 1982. El autor, con buen criterio conservacionista, ya se lamentaba entonces de uno de los principales problemas de los yacimientos que paulatinamente se iban excavando, con pocos medios pero con pasión vocacional por parte de sus excavadores, controlados en todos los casos de por la UMU y por el Museo Arqueológico Provincial; competencia que muy pronto asumió el Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la extinta Diputación Provincial, creada a instancias de la ya mencionada Ana María Muñoz Amilibia.

Entre aquellos problemas, el principal y más importante no era la escasez de medios, que lo era, sino el abandono a que se sometían los yacimientos tras las campañas de excavación llevadas a cabo, en temporadas oportunas para ello, por los excavadores. Aquellas ruinas estudiadas ya con metodología científica, quedaban a merced de las inclemencias del tiempo y  del uso de furtivos “buscadores de tesoros” que, con detectores de metales o la simple intuición reventaban las estaciones excavadas bajo la dirección de técnicos cualificados para ello. A estos “rebuscadores” que tanto daño hicieron a la investigación arqueológica sólo les motivaba el lucro personal del coleccionismo o el comercio de objetos, presumiendo públicamente, en ocasiones, de tener entre sus colecciones mejores piezas que las expuestas en los museos.

A la búsqueda indiscriminada de piezas arqueológicas (sobre todo monedas), que eran vendidas en el “Rastro” de Madrid y en rastrillos locales a particulares conocidos por los “cacos”, colaboró una actividad divulgativa en los primeros años de la televisión, titulada “Operación Rescate”, que bien  ejercida, y dirigida por maestros y profesores de colegios e institutos, tenía la misión de concienciar a los jóvenes de la importancia para nuestra historia reciente, de la existencia de otras culturas anteriores a la nuestra. Sin embargo, aquello abrió la puerta a expoliadores y rebuscadores con los fines ya expuestos, sin que al principio, los servicios de vigilancia y actuación inmediata, sobre todo de la Guardia Civil, tuvieran armas legales para combatir la delincuencia en este sentido. A ello puso coto la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985, y posteriormente la Ley de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia (Ley 4.2007), aprobada por la Asamblea Regional en el mes de marzo de aquel año (BOE nº 274, de 13 de noviembre de 2018).

Todo ello colaboró en beneficio de la investigación arqueológica en Caravaca, en la Comarca Noroeste y e toda la Región de Murcia.

Pasado el tiempo, se abriría el Museo de la Soledad en la antigua iglesia del mismo nombre, se crearía y dotaría la plaza de arqueólogo municipal, asociada a la dirección del museo, hoy ocupada por el técnico Francisco Brotons Yagüe, y se comenzaron y prosiguieron campañas de excavaciones en todo el termino municipal, que aportan continuamente conocimientos más que importantes al pasado histórico de la ciudad y del municipio.

Así las cosas, en breve se va a presentar el libro “Caravaca Inédita. Un viaje desde la Prehistoria a nuestros días”, que recoge un compendio de textos de prestigiosos arqueólogos, todos ellos coordinados por el mencionado Francisco Brotons, que pone al día el estado de la cuestión y sirve de plataforma científica al trabajo arqueológico en Caravaca y su término municipal a partir de ahora.

 

 

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