LAURA CABALLERO ESCÁMEZ/PSICÓLOGA

La ansiedad es un mecanismo adaptativo que nos pone en alerta ante situaciones que interpretamos como una amenaza. En condiciones normales, mejora nuestro rendimiento y adaptación al ambiente. Imagina que ante un peligro tuviésemos que evaluar conscientemente los estímulos y que dar una respuesta rápida y organizada: seguro sería errónea y acabaríamos extinguiéndonos como especie. Así que la ansiedad se pone en marcha de forma automática y organizada. Sin embargo, el problema viene cuando niveles elevados de ansiedad pueden interferir en nuestra vida cotidiana o cuando me enfrento de forma errónea a ella y sin saberlo, agravo el problema.

Dentro de la respuesta de ansiedad es importante distinguir tres planos: el fisiológico, el cognitivo y el conductual. El primero se refiere a lo que sentimos en el cuerpo, es decir a los síntomas fisiológicos que experimentamos: taquicardia, presión en el pecho, falta de aire, etc. e incluso problemas digestivos, dolores de cabeza, etc. En cuanto al plano cognitivo, nos referimos a los pensamientos asociados y las llamadas “rumiaciones”: “me voy a morir”, “esto no puedo superarlo”, etc. Por último, en el plano conductual tenemos acciones como bloqueos, inquietud motora, consumo de excitantes como el tabaco, el café e incluso psicofármacos.

Cuando sentimos ansiedad en una situación concreta, la tendencia es evitarla o escapar de ella. Lo cual puede ser una solución a corto plazo porque se ve disminuida o no aparece. Sin embargo, a largo plazo no solo estamos manteniendo el problema, sino que progresivamente se puede agravar. Además, es muy importante conocer la denominada “curva de ansiedad”. Durante una crisis, la ansiedad a lo largo del tiempo sube hasta un punto máximo y a partir de ahí, baja. Así que por mucho que pensemos que subirá de forma infinita y perderemos el control, siempre habrá un momento en que comenzará a disminuir.

 

 

A continuación, daremos algunas pautas para poder prevenir la ansiedad en esta situación que estamos viviendo, no obstante, si se escapa a nuestro control, lo mejor es contactar con un profesional.

 

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma (Carl Jung)

Esta frase del psiquiatra suizo y ensayista Carl Jung, debe ser nuestro punto de partida. Mensajes como “no tengas miedo” pueden provocar que precisamente la ansiedad se eleve. Pueden ayudarnos verbalizaciones como “es normal que tengas miedo, es una situación desconocida”, “todos estamos pasando por esto” y frases similares. Reconocer lo que nos pasa nos conduce al camino de la aceptación. Puede ser un buen momento para iniciarnos en la práctica de meditación Mindfulness, que también ayuda mucho, profundizaremos en ello posteriores publicaciones.

Ocuparme no es lo mismo que pre-ocuparme

A pesar de toda la incertidumbre que conlleva la situación, hay cosas que sí dependen de uno mismo. Seguir los protocolos para prevenir el contagio, mantenernos ocupados y distraídos, no estar continuamente expuestos a la información, consultar fuentes fiables y contrastar la información, etc. Si me quedo en internet hasta muy tarde o viendo series, al día siguiente trastocaré mis rutinas, estaré cansado, tenderé a dormir durante el día… así que estará en mi mano ponerme un horario para irme a la cama. Puedes comenzar haciendo una lista de todo aquello que está en tu mano. ¿Te animas?