JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Una de las expresiones piadosas de manifestación colectiva existentes en Caravaca durante el ecuador y parte de la segunda mitad del S. XX fue la denominada Adoración Nocturna, en la que un grupo de personas, un día al mes, generalmente el sábado, pasaba la noche en vela, en vigilia de adoración al sacramento de la Eucaristía, en el interior de la iglesia del Salvador los hombres y en la de la Purísima Concepción las mujeres.
Adoración NocturnaLa práctica de la Adoración Nocturna tienes sus orígenes en el S. XIX, según unos en Roma en 1809, y según otros en París en 1848. Lo cierto es que en España comenzó a celebrarse en noviembre de 1877, en la iglesia de los Capuchinos de Madrid, habiendo sido introducida por Luís de Trelles Noguerol.

Nada sabemos de los inicios en Caravaca, y sí en cambio de su restauración en 1956 tras un largo período de inactividad durante los años de la II República, la Guerra Civil y la posguerra. En el citado año se restauró la sección de hombres y dos años después la de mujeres, bajo la dirección espiritual de los reverendos José Barquero Cascales y Antonio Ortiz Martínez respectivamente y la presidencia en el primer caso del farmacéutico Luís Sánchez Caparrós y de Presentación de Haro en el segundo.

Las reuniones se denominaban vigilias y tenían lugar una vez al mes durante la noche del sábado al domingo. En El Salvador funcionaron dos grupos con los nombres de El Salvador y San Pascual Bailón, mientras que en La Concepción una sola: La Purísima. Aquellos, como he dicho comenzaron su actividad la noche del 23 al 24 de junio de 1956, y éstas la del 17 al 18 de mayo de 1958.

Entre los adoradores se recuerda aún, además del ya mencionado Sánchez Caparrós, a Francisco Capitán España, Alfonso Sáez Sánchez, Pedro Martínez Romero, Gustavo Melgares Cuevas, Félix Martínez-Carrasco Ródenas, Tomás Marín Martínez; los médicos Alfonso Zamora Samper, Cesar León y Faustino Picazo Soriano. Miguel Sánchez Guerrero (Michi), su hermano Pepe, Jesús el de los Baúles, el farmacéutico Orencio Bravo Martínez-Iglesias. Juan Olivares, José Martínez Izquierdo, Juanito Fantasía, Liberato Díaz, Alfonso Jiménez, Fernando Álvarez; Antonio el de las Notarias, Mariano García-Esteller Guerrero. El procurador Juan Navarro, Pedro y Demetrio Espallardo, los maestros Enrique Richard, Ezequiel Moreno, Pepequín, José Anonio Ruzafa y Francisco de Haro. Santos Raigal, Juan Álvarez Moreno, Martín Navarro el de Tienda, Paco Dimas, los hermanos Genaro y Martín y muchos más cuyos nombres es imposible relacionar en un texto de extensión limitada como este.

Por su parte, entre las mujeres las había activas y honorarias, según asistieran, o no, a las vigilias por razones diversas. Entre las primeras, además de la presidenta mencionada, era la vicepresidenta Ascensión Rosell, secretaria Maravillas Marín Fuentes, vicesecretaria Elisa López Bolt, tesorera Luz López Gonzalo, vicesecretaria Mercedes Martínez Valdivieso y vocales María Torres, Ángeles Reinón Ortiz, Gloria López, Carmen Melgares y Dolores Blanc. A ellas se unían 18 más como activas y 31 honorarias, que asistían, o no, según sus ocupaciones domésticas o familiares.

Había vigilias ordinarias un sábado al mes, y extraordinarias en Nochevieja, Jueves Santo, Corpus Cristi y Día de Difuntos. En la primera de ellas los adoradores despedían el año viejo y recibían el nuevo postrados sus cuerpos en tierra, en señal de humildad mientras sonaban las doce campanadas. Durante la del Jueves Santo se distribuían por los templos donde había instalados monumentos eucarísticos y en la del Corpus Cristi celebraban procesión en el interior del templo y participaban corporativamente en la vespertina callejera, por la carrera tradicional que aún recorre en esa fecha cada año.

En la celebración de las vigilias el protagonista indiscutible era el Santísimo Sacramento, pero tenía un papel destacado la bandera corporativa. Los adoradores comenzaban cada vigilia a las diez de la noche del sábado en la sacristía, donde el secretario establecía los turnos según los asistentes. Luego se organizaba una procesión desde aquella estancia, siguiendo a la bandera, por las naves del templo y vía sacra del mismo, ocupando los sitios en los bancos de la nave central. Tras la exposición mayor del Sacramento se llevaban a cabo oraciones colectivas y comenzaban los turnos de adoración hasta las cuatro de la mañana. Quienes no tenían turno permanecían en la sacristía o marchaban al lugar dispuesto con hamacas de madera y lona adquiridas por la propia Asociación, para descansar hasta que eran avisados del comienzo de su turno. Otros, más jóvenes, empleaban las horas de inactividad preparando sus temas de oposiciones en el archivo del templo. El sacerdote asistía sólo al comienzo de la vigilia para exponer el Santísimo, y al final de la misma para celebrar la misa. Un rato antes, un par de adoradores se encargaban de despertarlo en su casa de las Esquinas del Vicario.

Había entre los adoradores un jefe de noche que cuidaba del cumplimiento del ritual y de la supervisión y orden del oracional. Quienes estaban de vela empleaban el tiempo en el rezo del Oficio Divino y del Rosario. Antífonas, lecturas piadosas y actos de desagravio de acuerdo con cada época litúrgica, alternando dos grupos y no estando inactivo nadie en ningún momento. Todo el oracional y desarrollo de la noche estaba reflejado en un estricto ritual publicado en 1960 por el Consejo Supremo de la Adoración Nocturna Española.

Tras los turnos de vela se reunían de nuevo todos los adoradores en oración comunitaria a partir de la cuatro de la mañana, rezando el Via-Crucis en época de Cuaresma, el Ángelus y otras oraciones, y participando posteriormente en la misa, tras la que se rezaba un responso por los fieles difuntos, retirándose a continuación la bandera hasta la sacristía, con lo que concluía la vigilia sobre las siete de la mañana. Práctica individual a lo largo de la noche era la denominada Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado, que era un tiempo de oración mental, muy aconsejado en otros tiempos por diversas asociaciones religiosas.

La Adoración Nocturna Femenina sólo tuvo actividad en Caravaca hasta 1961, mientras que la masculina se prolongó en el tiempo, suavizándose las vigilias y reduciéndose el horario de las mismas, hasta fecha indeterminada en la que languideció, a la vez que otras instituciones religiosas, a la par que caía en descrédito el denominado nacional-catolicismo. Así mismo intervino en la desaparición de ésta y otras instituciones de carácter devocional, la interpretación aldeana, por parte de algunos sectores de la sociedad y del propio clero, de la normativa emanada del Concilio Ecuménico Vaticano II que concluyó, como se sabe, ahora hace cincuenta años.

La Adoración Nocturna sigue celebrándose en otros lugares de la Región y de España, e incluso existe en la actualidad la práctica de la Adoración Nocturna en el hogar, de manera individual e íntima.