CARLOS MARTÍNEZ SOLER

Dentro del mundo del cine y la televisión hay un subgénero que a mí me gusta denominarle deportivo, y que es aquel en el que la trama principal gira en torno a un determinado deporte, ya sea éste boxeo, fútbol americano, baloncesto, etc. En realidad, la gran mayoría de las obras que se incluyen en la definición anteriormente dada son en realidad dramas, pero esta etiqueta es tan amplia que considero que la otra le viene mucho mejor, pues el gran público las identifica de forma más sencilla.
Sobre el mundo del deporte se han hecho obras memorables, desde Toro Salvaje, pasado por Un domingo cualquiera, hasta llegar a Friday Night Light, relato adolescente del que ya hemos hablado y que es unauténtico hito en los EE.UU.
El deporte es el caldo de cultivo perfecto para mostrar las grandezas y miserias del espíritu humano: sacrificio, esfuerzo, superación, éxito, fracaso, etc. Todos ellos sentimientos experimentados por el gran público y que provocan que la identificación con el espectador sea inmediata.
La serie que hoy nos ocupa, Kingdom, es otro de estos relatos. Historia ambientada en la lucha extrema donde un excampeón superado por su éxito acaba en la cárcel, saliendo años después como un ser humano totalmente reformado, alguien alejado de la violencia, drogas, alcohol, etc., que rodean este mundillo. Sin embargo, el que era su entrenadory mejor amigo, el cual por cierto le ha robado a su prometida, pretende que se suba de nuevo al cuadrilátero con el fin de sacar a flote un gimnasio que se viene abajo.
Si esta historia ya de por sí es dura, a esto tenemos que unirle los hijos del entrenador, dos luchadores que entienden el deporte de forma totalmente opuesta, uno como escenario para sacar su ira y rabia contenida y, el otro para ganarse la aprobación de quienes le rodean.
Kingdom, como era de esperar, no gira en torno al mundo del deporte extremo, sino que éste es utilizado como excusa para mostrarnos la verdadera lucha a la que se enfrentan sus personajes: sus demonios interiores. El ring no es más que el espacio en el que ellos se sienten totalmente libres y seguros y en el que por momentos su vida cobra sentido. Fuera de él la tragedia se abre camino (consumo de drogas, alcohol…, coqueteos con la mafia, problemas financieros, etc.) y les hace tambalearse, demostrándonos que aquello que nos tira a la lona no son los golpes del contrario, sino una vida que a cada paso se hace más y más complicada.
Si al drama familiar y al deporte les unimos además una banda sonora musical muy recurrente y una filmación de las escenas de acción realmente acertada, lo que conseguimos es una obra que si bien no pasará a los anales de la historia, sí que captará la atención de ese público que busca alejarse de los relatos policiales, los dramas hospitalarios…, que pueblan nuestra televisión.