GLORIA LÓPEZ

Han pasado más de cien años desde que Nettie Honeyball, una activista de los derechos de la mujer, decidiese fundar el primer club deportivo femenino denominado British Ladies Football Club. Por aquel entonces el fútbol no solo era cosa de hombres, también era cosa de ricos.Toda la historia de esa lucha de clases y porterías la sabemos ahora gracias a Netflix, que nos la ha contado en “Juego de Caballeros”, una miniserie en la que no han estado acertados. La han despachado con seis capítulos, mientras que si les hubiesen dado por contar (para variar) los orígenes del fútbol femenino les hubiesen salido, lo menos, cinco temporadas, las etapas en que este ha evolucionado y hubiesen tenido para dejar el final abierto, puesto que hasta hoy, esa historia sigue sin estar cerrada.

Poniendole el brazalete de capitana

Además la miniserie les hubiese salido mucho, pero que mucho más entretenida. Porque mientras que los hombres solo han tenido que luchar contra ellos, desde ellos y para ellos, las mujeres han tenido que luchar contra ellos, contra ellas, contra el sistema, contra las faldas largas y hasta contra los médicos. Luego vendría la guerra y las consecuencias de una Europa devastada, donde las mismas mujeres que llenaron las fábricas que los hombres habían dejado vacías al irse al frente, organizaron partidos para recolectar fondos a favor de los combatientes. En 1920 se formó el primer y más famoso equipo, las llamadas Dick Kerr en honor a la fábrica donde trabajaban. Consiguieron darle unas cuantas patadas a los convencionalismos de la época, pero como el fútbol, aquello solo fueron los primeros minutos de este gran partido y pronto los “rivales” marcaron un penalti que las dejaría fuera de juego durante casi 50 años. En 1921, la FA, entidad reguladora del fútbol inglés, ese al que la serie denomina “caballeros”, prohibió que sus clubes permitieran el fútbol femenino en los estadios.Lo prohíbe alegando «estudios médicos que aseguraban que el fútbol era un deporte nocivo para las mujeres». Entiendo que los estudiosos que llegaron a esas conclusiones serían también caballeros, médicos, ricos y hombres. El deporte del pueblo, pero sin la mitad del pueblo.

Lo que no contaban los del FA y que bien habría podido contar netflix, es que las mujeres siguieron jugando al fútbol, en privado, en sus jardines, en los campos de los ricos trabajados por las pobres, en las fábricas de los hombres y minuto a minuto, jugada a jugada fueron remontando un partido que tenían perdido. Se creó la rama femenina de la FA en 1969 y se organiza en 1970 el primer mundial extraoficial, primero en Italia y luego en México. La FIFA no reconoció ninguno. España, que contaba con una recién estrenada selección, no puedo asistir a ninguno de esos… ni a otros hasta 10 años después. La prohibición de la RFEF(seguramente directos descendientes de aquellos caballeros ingleses, tan preocupados por la pureza de ese deporte tan noble y masculino), presidida entonces por José Luis Pérez-Paya, no reconocería el fútbol femenino hasta 1983.

El “boom” que hoy ha explotado no es sino la consecuencia de la mecha que en 1894 encendiera Nettie cuando decidió que las mujeres también podían y querían jugar al fútbol. Pero si bien es cierto que ahora las cosas son distintas, este medio sector del juego del pueblo se encuentra con las mismas restricciones de toda la vida: las económicas y las sociales. El poco apoyo financiero que reciben porque no mueven tanto dinero como los grandes clubes, hacen que se siga viendo como la variante marginal del masculino. Pero cuando se apuesta por él, nos encontramos con la siguiente barrera; la forma en que la sociedad entiende el fútbol femenino: un producto de consumo masculino.Todavía no he escuchado decir a un presidente de la FIFA que si hay pocos espectadores viendo un Granada Osasuna, estos salgan con los pantalones más cortos. Sin embargo, si dijo en 2004 al entonces presidente de la FIFA Joseph Blatter, que para aumentar el interés hacia el fútbol femenino se podía hacer que las mujeres llevasen los pantalones más cortos. Y he llegado a leer en la prensa refiriéndose a Lilly Parr (1905-1978), primera mujer en el Salón de la Fama del Museo del Fútbol inglésa no como delantera ni central, sino como “abiertamente lesbiana”. Jamás he leído en un Marca contar los goles de un Sergio Ramos “abiertamente heterosexual”.

Shankly decía que el fútbol es mucho más que una cuestión de vida o muerte y llevaba razón. Desde que nació, el fútbol femenino está ligado a la lucha de las mujeres por ganar un partido en el que ellas han empezado tarde, con varios jugadores menos y encima el árbitro nunca ha estado de su parte. Pero aún no ha terminado y equipos como el que hoy surge en Caravaca nos hace pensar que no siempre será así. Y que el fútbol dejará de ser “cosa de hombres” para ser “Cosa de tod@s”.

“Tuve que dejar de jugar y ponerme a entrenar si quería seguir en el fútbol porque no hay categorías para mi”. Estela, jugadora

La historia no siempre está escrita, pero a veces se repite para recordarnos de dónde venimos, cómo conseguimos los derechos de los que hoy presumimos o los terrenos que ganamos. Seguramente ninguna de las componentes del AC Caravaca sabe quién era Nettie Honeyball y sin embargo su historia tiene tantas cosas en común con la de aquella jugadora como valentía para llevarlas a cabo. Seguramente tampoco sabrán que Nettie puso un anuncio en la prensa de la época para reclutar mujeres que quisieran formar el primer equipo femenino de la historia. Que las que se presentaron no se conocían y que tampoco conocían el juego. Este equipo se creó de la misma manera.

El AC Caravaca juega en primera autonómica femenina y cuenta con Juan Rubio como entrenador, Alfredo Peña y Narciso Córdoba de ayudantes y veintitrés chicas, veintidós caravaqueñas y una ceheginera, una estudiante de derecho y otras estudiantes, con edades comprendidas entre 12 y 31 años. Ana, Merce, Aroa, Jessica, Patricia, Esperanza, Ruth, Alba, Estela, Sonia, Noemi, Carmen, Blanca, Merche, Isabel, Alicia M, Elena, Marina, Alicia L, Claudia, Janina, Micaela y Teresa.

Cuenta como patrocinadores con el Ayuntamiento de Caravaca, Grupo Reina, Maestro de Bestias, Publiserr, Rocai y Neumaticos Caravaca

Las 23 chicas que hoy conforman, en palabras de las propias jugadoras “más que un equipo, una familia”, no se conocían de nada, no conocían el juego, pero un llamamiento en la prensa de nuestra época, redes sociales y demás, las juntó a todas una noche en un campo donde jugaban solo chicos. Un campo que, salvo Estela, la mayor y la más veterana, no habían pisado en su vida.

Mientras ellas veían el fútbol de lejos, tocando la pelota con amigos y hermanos, Juan Rubio forjaba la idea tan lejos del césped de Caravaca como de ellas. Madrileño de nacimiento y de Benablon por decisión, había sido jugador y entrenador de equipos masculinos en otras vidas, pero jamás había pensado que acabaría de entrenador femenino en aquel pueblo de los familiares donde iban de vez en cuando. La idea surgió después de realizar un máster dedicado al fútbol femenino y poco antes del covid, que le dificulta tanto, tanto, las gestiones que pensaron que tenían que abandonar el proyecto. Pero a pesar de todas las dificultades y probablemente gracias a ellas, aquí están.

Han pasado 15 jornadas, ni una sola victoria, pero aquí están. Ninguna falta a los entrenamientos semanales que, desde que empezó la competición, les ha impuesto el míster “el mejor”, dicen. Tienen que entrenar mucho y más que otras, porque mientras los otros doce equipos contra los que juegan provienen de categorías inferiores que les ha ido forjando una educación competitiva y deportiva, ellas han tenido que aprenderla a base de goles encajados, partidos perdidos y jornadas peleadas. Han aprendido a correr, a diseñar jugadas, a controlar el balón y los nervios. Por aprender, han tenido que aprenderse hasta sus nombres.

Me cuentan que la federación comenzó la competición una semana después de iniciar los entrenamientos. Un partido que además les tocó jugar fuera, contra las primeras del grupo… y sin saberse casi los nombre de las compañeras. Y aquel día ni el árbitro ni dios estuvo de su parte, porque justo antes de entrar al partido la más veterana se lesionó calentando. Hoy me lo cuentan riendo, como si eso no fuese una hazaña que muchas antes no han podido conseguir, como si aquel primer partido, de su primera jornada como autonómicas no fuese ya casi un milagro, como lo fue aquel primer partido de Nettie cien años antes.

Y es que a la falta de categorías inferiores donde poder jugar, a las restricciones sanitarias, se une la diferencia de edad entre las jugadoras, la diferencia con otros equipos regionales (en los que al menos las jugadoras se conocen de antes) y la falta de medios económicos que tiene el fútbol femenino. Diferencias que no les molestan tanto como otras impuestas por los que han tenido más suerte que ellas y han podido jugar y desarrollar un deporte donde no solo no faltan, sino que sobran jugadores. Mientras el comentario es general “los chicos no se portan muy bien con nosotras”, Esperanza me lo explica: “el problema está en que ellos piensan que nosotras tenemos que sobresalir el doble para ser igual que ellos y a mi no me parece justo. Yo soy igual que ellos, ni mejor ni peor. No tengo que ser el doble de buena para estar a su altura”.

El míster está orgulloso de ellas y se le nota. Orgulloso de ver como no fallan a los entrenamientos, “es difícil tener a 23 chicas un martes por la noche entrenando, cuando van las últimas de la tabla, cuando les han metido tantos goles, cuando están jugando contra equipos mucho mejor preparados que ellas. Pero míralas, aquí están. Y eso dice mucho de ellas, no solo deportivamente, sino también personalmente”.

Van creciendo y forjando una personalidad de jugadoras que no tenían en la jornada 1. “Se van creyendo que son futbolistas, que pueden pensar jugadas y salirles. Esto no es el trabajo de un mes, ni de un año. Este es un proyecto que nació pensando en la idea de crear una cultura de fútbol femenino en Caravaca, un equipo y un proyecto con continuidad en el tiempo y en la sociedad”.

Y es esa capacidad de sufrimiento ante las adversidades, las ganas de aprender, la tenacidad, la constancia de no perderse ni un solo entrenamiento a pesar de perder todos los partidos lo que hace de ellas unas ganadoras. Dice Juan que pronto se verán los resultados de ese trabajo en equipo y ese saber perder, porque han aprendido antes a pasar por lo malo y las victorias vendrán con más alegría y sabiendo que se las han ganado punto a punto en una tabla tan reñida como la vida misma.

Ellas serían hoy las elegidas por Nettie para disputar esos partidos que no se ganan por goleada ni en la primera parte… las jugadoras de los partidos que hacen historia, que son mucho más que de vida o muerte, serían protagonistas de una serie de Netflix de cinco temporadas que se llamase “Juego de Damas”.