ANTONIO FERNÁNDEZ

La Juani de la Radio nos lleva a Marcos García y a mí al Bar Hernández, que nadie conoce. Nadie lo conoce si lo llamo Bar Hernández. Si hubiera dicho desde el principio que Juani nos lleva al Muelas, la cosa cambia. El Muelas. Este bar de pueblo que huele a aperitivo y conserva al camarero más antiguo del país. ¡Sí, señor! ¡Cuántas cañas, dos, tres, Juani Sánchezcuatro! De estos hombres que parecen haber estado toda la vida con nosotros. ¡Pos píndoles! Pues eso, nos lleva la Juani de la radio a Marcos García y a mí a tomar algo después de grabar las cuñas para la Navidad. ¿Dónde vas, guapa? A comprar el pan y el aguinaldo. Pues te recomiendo tal sitio. Y así. Qué cosas esto de grabar cuñas publicitarias. Lleva su tiempo y luego ni se agradece. Bueno, Juani, nosotros nos bebemos luego la cerveza en El Muelas y ellos no.

Empezamos a retocar los diálogos atardeciendo y los grabamos de noche. La radio, de noche, tiene ese aire de transición, esa cosa periodística nocturna, esa sintonía calurosa de la noche, la voz tranquila y acariciada, como olas sin oleaje, la radio, aquel transistor con el que se dormía mi tío, misterio de voz y lugar, la radio, fiel acompañante de los camioneros, baúl eterno de palabras y melodías que emergen con la fuerza de un barco hundido en el océano incansable de las ondas. La nocturnidad de la radio da para mucho. Pero tenemos que grabar las cuñas. A veces, sin que Juani me vea, palpo la esponjilla del micrófono, esa cosa que quería hacer de niño cuando veía la alcachofa en la televisión. Ahora la palpo, aprieto el lenguaje blando que tiene toda esponjilla de micrófono. Toda modulación de la voz, toda dramatización y sentimiento parlante está ahí metido. ¿Desde cuántos años , Juani? Buff.

Los veranos suelo ver a Juani casi todas las semanas. Tengo la valiosa oportunidad de verla tras el cristal del estudio de radio. Le habla al micrófono con profesionalidad y lozanía: Tres minutos nos separan de las doceSiempre acompañados de buena música… Bueno, yo gozo también mucho con estas cosas. Su voz ya es ella. Ella es su propio estilo. Presentadora de galas, extravertida, risueña, divertidas las cuñas que escribe. Buena conversadora para tomarnos unas cañas y unas tapas en El Muelas. Que sí, muchachos, que sí. Que os lo digo yo, oye, no os dejo hablar a vosotros, ¡madre mía que no paro! Muelas, ¡qué!, ponte tres cañas más, ¡sí, señor, tres cañas! Oye, chicos, éste sí sería un pedazo de personaje si lo llevásemos a la radio, ¿verdad? Pero cuesta imaginar al Muelas en el estudio de radio. Me cuesta sacarlo de detrás de la barra. Igual que a Juani me cuesta sacarla de la radio. La radio ya está dentro de Juani. Así que no sé si la radio será lo mismo cuando ella, algún día, espero que yo ya tenga muchas canas, dejé de ser la radio de Bullas. Hasta entonces, su voz tiene que seguir llegando a más generaciones y habrán sido muchísimas las cervezas en El Muelas después de grabar las cuñas de Navidad. ¡Sí, señor!