MICAELA FERNÁNDEZ

Juan González Castaño es doctor en Historia Moderna, director de la Academia Alfonso X El Sabio, cronista oficial e Hijo Predilecto de la ciudad de Mula pero, ante todo, es muleño y un gran ilusionista de su pueblo y sus costumbres.

El pasado viernes, en el Refectorio del Convento de San Francisco se presentaba su última publicación, ‘Cien años de la Ciudad de Mula (1860-1960)’.

¿Es la primera vez que edita un libro en el que la imagen es la parte protagonista?, ¿qué ha significado este libro para usted?

Sí, aunque con matizaciones. Es la primera obra embellecida con imágenes fotográficas, documentales y periodísticas. Mas es necesario aclarar que las imágenes no son las protagonistas del volumen, sino el complemento perfecto para entender lo escrito en él, puesto que se trata de un libro de historia que se aprovecha de los adelantos existentes en el momento del estudio, como son la consolidación del arte fotográfico y la eclosión de la prensa por todo el país, incluso en pequeñas localidades, en particular lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y los primeros treinta años del siguiente. Aprovecho para recordarle que hace tres años publicamos Ginés Martín-Consuegra y yo la obra El grabado en Murcia, siglos XVII-XIX. En ella aparecen docenas de estampas de esas centurias, tanto calcográficas como litográficas, que son fundamentales para explicar la evolución del grabado en nuestra tierra durante ese tiempo. En cuanto a la segunda parte de su pregunta, le digo que he aprendido y disfrutado mucho escribiéndolo y buscando los materiales que, analizados, me han servido para darle forma.

¿Qué va a encontrar el lector entre sus páginas?

Va a hallar mucha información de cómo era la sociedad muleña a lo largo de las tres generaciones que abarca el volumen, apuntalada por curiosas ilustraciones que, en número de 333, le ayudarán a entender mejor la vida de los vecinos de la ciudad durante centuria tan importante para la historia mundial como es la que va de 1860 a 1960. Sin olvidar el apartado dedicado a estudiar la pequeña historia de la fotografía en la localidad.

¿Cómo ha sido la labor de recopilar e investigar sobre las más de 300 imágenes que se recogen en el libro?

Ha sido un trabajo al que he dedicado casi medio siglo, por ausencia de archivos fotográficos que merecieran ese nombre en la ciudad de Mula. Tan negativas circunstancias para la investigación me han obligado a dedicar tiempo y esfuerzo para buscarlas, tanto entre particulares como en instituciones, sin dejar de lado el desembolso que he debido hacer para ir adquiriendo las que iban apareciendo en el comercio. Pese a todo, el esfuerzo ha merecido la pena, pues el libro ha quedado muy bien.

Sobre la fotografía de portada destacaba durante la presentación que era “una auténtica obra de arte”, ¿qué significado tiene esta imagen?

Fechable en torno al año 1885 y de autor anónimo, la he puesto en lugar tan principal porque es una verdadera obra de arte fotográfico. En las dos mujeres retratadas, de las que nada se sabe, he querido representar a todos los vecinos de Mula. Sería, salvando todo lo que usted quiera, el equivalente en Francia al monumento al Soldado Desconocido que no falta en pueblos y ciudades del país por pequeños que sean.

¿Podría destacarnos alguna/as imágenes que tengan un sentido especial para la historia de Mula?

Es difícil, ya que las hay muy buenas. Pero sin desdecir de las demás, mencionaría las dos de la corrida de toros en la Plaza del Ayuntamiento, en un coso provisional levantado a base de troncos, fechadas entre 1899 y 1900; la pareja de arcos de arquitectura efímera construidos para la inauguración del ferrocarril Murcia-Caravaca, en junio de 1920, en determinadas calles,para honrar a las autoridades asistentes; la del fondo de la presa del pantano de la Cierva en 1935 y las tres de la mencionada Plaza del Ayuntamiento hacia 1898-1899, en las cuales se ve la pobreza y desaseo existentes entre la gente que mira al fotógrafo y el deplorable estado de su pavimento y de los edificios que la enmarcan.

Siempre ha reivindicado que se esté destruyendo nuestra historia por desconocimiento del valor de las cosas, de hecho durante la presentación hacía mención a dos archivos fotográficos con un gran valor histórico que habían desaparecido, ¿Cuál es su posición al respecto?

Creo honradamente que, si antes, se malvendieron o destruyeron los archivos de familias hidalgas tras la Revolución Liberal habida luego de la muerte de Fernando VII y durante toda la centuria del ochocientos, al perder sus documentos el valor que poseyeron en tiempos pasados para conseguir puestos en la administración, la enseñanza o el ejército, ahora les ha llegado el turno a los fotográficos, especialmente a los que contienen instantáneas del siglo XIX. Sólo hay que ver la cantidad de fotos sueltas vendidas en internet o por la nombradía de sus autores o por las personas y paisajes representados en ellas, perdiéndose, así, la idea de conjunto, es decir la memoria de archivo fotográfico, guardada durante muchas décadas en los bonitos álbumes familiares de procedencia francesa e inglesa.

¿Cuál ha sido la mayor dificultad en este recopilatorio?

Encontrar las ilustraciones y decidir cuáles explicarían mejor el texto histórico al que sirven de apoyo visual.

¿Después de este libro, ¿en qué nuevo proyecto está inmerso?

En descansar un tiempo y dar forma a varias ideas que me rondan por la cabeza.