JUANA Mª MARÍN

El pasado martes 25 de Febrero nos despertábamos con la triste noticia del fallecimiento de Juan Aznar, nuestro vecino ilustre, al que homenajeamos en Julio de 2018, justo el año en que cumplía un siglo de vida.

Juan, aunque no pude cumplir mi promesa de visitare en París, no podía dejar de dedicarte unas últimas palabras para darte las gracias por esa bonita lección que nos diste cuando visitaste Caravaca. Sí tengo clara una cosa, y es que nada ocurre por casualidad, hay una bonita fuerza que hace que la vida, las personas, los pensamientos o el sentir se entremezclan de forma mágica, por eso me gusta aludir a la leyenda japonesa del hilo rojo, ¡qué bonito color!

Corría el año 1997 y un día comentando con una amiga me dice que  no ha podido terminar de leer un libro, le pregunto que cuál es ese libro y me dice que “Holocausto” de Gerald Green. La curiosidad hace que se lo pida y lo intente. Yo sí pude, tendré más estómago. Pero a partir de ese momento y a pesar de la dureza, una y otra vez caían en mis manos libros sobre campos de concentración, donde los protagonistas eran gente como Juan Aznar, personas que vivieron el peor de los infiernos. Se convirtió para mí en casi una obsesión el poder entender qué mentes podían ser capaces de idear semejante barbaridad y descubrí qué fuerza oscura y extraña podía tener una ideología, la nazi. Ideología que no podemos perder de vista, ideología de propaganda que puede cambiar las voluntades de los hombres. Esta es la primera casualidad, un libro.

Muchos años después, veo en redes sociales que se homenajea a un grupo de personas de Calasparra que estuvieron presas en Mauthausen y una tarde de primavera asisto a ese acto. Pregunto, indago y llego a Victor Peñalver, Ceheginero e historiador que se ha empeñado en dar a conocer a todos los murcianos que pasaron por el infierno de Mauthausen. Otra bonita casualidad conocer a Victor.

Me pongo en contacto con él y aunque está en Mexico,  enseguida nos hacemos cómplices de ésta bonita historia.

En 2015, el Ayuntamiento de Caravaca recibe la información de que tenemos cuatro vecinos que también estuvieron en Mauthausen y que uno de ellos está vivo, ¡No me lo podía creer!

Parte de mi vida leyendo historias de gentes que habían vivido ese infierno y había un Caravaqueño de carne y hueso y nadie se había preocupado de contar su historia. ¡No podía ser!, a partir de ese momento todo fueron alegrías y bonitas casualidades.

Homenaje, envío de una placa, su reconocimiento, Benito Bermejo, Calos Hernández, Memoria histórica, Víctor, la familia Aznar… todo ello para terminar con su visita el día de su 100 cumpleaños.

Juan, ese día lloré de emoción al tenerte delante, porque había leído, con mucho dolor, lo que os hacían en los campos. No me podía creer que hubieses soportado 5 años allí.

Después del homenaje visitaste la librería, otro honor, y ese día me invitaste a comer.

Las pocas horas de tranquilidad en las que pudimos hablar, nos sorprendió tu sabiduría, tu paz, tu dignidad, tu honor y que en tus palabras no hubiese una sombra de rencor.  ¡Qué grandeza de persona!, después de la paliza que te dieron por regalar a un soldado tu reloj, después de soportar los duros trabajos en la cantera, los golpes, ese hambre atroz y cosas que seguro nunca salieron de tus labios. Después de soñar durante años y despertarte sobresaltado pensando que estabas allí… Después de que te robaron la juventud y esos años de tu familia… sólo nos encomendaste una cosa: ¡ESTO NO SE PUEDE OLVIDAR!

Sin rencor porque eras un hombre bueno, esa frase la has dejado grabada a sangre y fuego en la cabeza de muchos que no vamos a permitir el olvido y que siempre vamos a llevar la Memoria por bandera.

Sé que te emocionó el homenaje y que decías que ¿por qué a ti?.. Pues porque como dice un poema de Miguel Hernández

“ Tú eres uno de aquellos..

un alma sin frontera.”

No te olvidaremos, y gracias por ser protagonista de uno de los momentos más emocionantes que he vivido.

Hasta siempre Juan.