PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Maestro de la trompeta, lleno de ilusión, colmado de proyectos y con ganas de realzar lo que más le gustaba: la música, en general, y el jazz, en particular. Virtuoso, trabajador incansable, dedicado al máximo y músico que llenó las estanterías de los establecimientos del ramo de discos y más discos que publicaba con inusitada frecuencia desde 1988 hasta nuestros días, existiendo periodos anuales en los que brindaba hasta media docena de trabajos. Prolífico creativo, animado siempre a darle al jazz todos sus conocimientos y deseoso de impulsar, cada día, la categoría del género al que sirvió siempre.

Hablamos de Roy Anthony Hargrove (16-10-1969, Waco-Texas-EE.UU/02-11-2018, Nueva York-EE.UU.), quien era artísticamente conocido como Roy Hargrove y al que, una inesperada dolencia cardiaca, se lo ha llevado al otro mundo con solamente 49 años y en plena etapa de creatividad artística, compromisos de trabajo y triunfo desmedido en su género, habiéndose producido muchas de sus actuaciones en tierra española a lo largo y ancho de su intensa, pero, lamentablemente, escasa carrera, aunque, eso sí, plagada de éxitos. Fusionó el jazz con numerosos géneros, pero siempre con el predominio del primero y tratando conseguir, para él, el mayor volumen de seguidores vinculados y “enganchados” a esa disciplina musical. Padecía dolencias de riñón y fueron, las mismas, las que le generaron el fallo cardiaco, ya que el músico venía sometiéndose a un severo tratamiento de diálisis desde una temporada que ya se hacía larga, cansina y hasta desesperante para él.

Padrino.-Tan cierto y constatado es lo que decimos que tuvo como padrino artístico nada más y nada menos que al mismísimo Wynton Marsalis, ese músico que acapara todo el impacto mundial, desde hace algunas décadas, por su versatilidad, maestría y espejo en el que se miran muchos jazzistas, músico que ha pasado por el escenario del auditorio del “Parque Almansa”, de San Javier, en diversas ocasiones y que nos ha deleitado siempre con su magisterio musical.

 

Intensa formación.-Hargrove cursó estudios en la prestigiosa escuela denominada “Dallas’s Booker T. Washington High School for the Performing and Visual Arts”, donde pudo acercarse a la música de David “Fathead” Newman, quien prestaba servicios para la “Ray Charles Band”, valor que le sirvió al músico para convertirse en el referente de Hargrove, resultando ser el que más y mejor le influyó en su forma de concebir el jazz. También estudió en el “Boston’s Berklee College of Music”, aunque le resultaba más placentero integrarse, con marcada frecuencia, en las “Jam Sessions”, de Nueva York, lo que le animó a trasladase a la “The New School” de la ciudad de los rascacielos, donde tuvo lugar la grabación de su primer “plástico” acompañado por el saxofonista Bobby Watson. Y fue con Kenny Washington, Superblue, Mulgrew Millery Watson, muy poquito tiempo después y con su carrera perfectamente encauzada, cuando participó en una nueva grabación con los citados “monstruos” de la partitura jazzística.

Bendición y gloria.-Pero, su primer lanzamiento discográfico en solitario se registró en 1990, bajo el título de “Diamond in the rough”, en las instalaciones de la discográfica “Novus/RCA”, firma con la que realizaría sus cuatro lanzamientos siguientes, ya que, posteriormente, se comprometió con un contrato firmado ante “Verve Records”, ocasión que le posibilitó trabajar junto a determinados saxofonistas tenores con los que le hacía verdadera ilusión colaborar por su destaca profesionalidad y prestigio: Stanley Turrentine, Joe Henderson, Branford Marsalis, Joshua Redman y Johnny Griffin, todos ellos a las órdenes de la formación denominada “With The Tenors of Our Time”. En 1993, por encargo de la “Lincoln Center Jazz Orchestra”, escribió “The Love Suite: In Mahogany”, lo que pone de manifiesto que ni perdía el tiempo ni se entretenía con cosas “domésticas”, sino que buscaba la bendición y la gloria para sus trabajos.

Mundo recorrido.-Joven, moderno y avanzado, no podía disimular lo clásico que le hizo el estilo en el que se embarcó, combinando, entonces, un espíritu jovial con un clasicismo serio y riguroso. Fue en 1987 cuando encontró a su mentor, Wynton Marsalis. Y vino a ser en la visita que el de Nueva Orleans giró a su centro de enseñanza cuando quedó impresionado del talento, proyección y madera que atesoraba Roy Hargrove, por lo que no dudó en “quedárselo” e iniciar, inmediatamente, un compromiso de clases particulares. Pero no se conformó con eso solamente, sino que desplegó sus influencias en “el reino de la música” y se lo aconsejó al manager y productor Larry Clothier, cuyas decididas gestiones dieron como resultado que el tejano gozara de la ocasión de trasladarse a Nueva York, Japón o Europa y, prácticamente, recorrerse el mundo entero en poco tiempo, cosechando éxitos, reconocimientos y consideración mundial como jazzista de lujo.​

“RH Factor”.-Hizo uso de sus siglas personales para crear una banda con grandes músicos que, además del jazz, practicaban el funk, soul, hip-hop o góspel, entre otros géneros próximos al imperio musical de Nueva Orleans. Adoptaron el nombre artístico de “RH Factor” para potenciar su notoriedad en la formación. El músico también sintió las influencias de otros “grandes maestros”, tales como Miles Davis, Clifford Brown, Lee Morgan, Fats Navarro o Freddie Hubbard.

Vida intensa.-Estuvo en el “Festival de Jazz de La Habana”, donde conoció y se relacionó con Chucho Valdés y otros grandes de Cuba, cuya vida musical le apasionó. Ganó un “Premio Grammy”, en 1998. La publicación del disco titulado “Ear Food” le valió para consolidar su prestigio como excelente trompetista. Ha colaborado con multitud de artistas y, narrar su intensa vida, precisa de amplísimo espacio. Descanse en paz un defensor del jazz, género para el que se dejó su tiempo, su familia, sus amigos y hasta su vida. Buenos días.